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‘Entre hojas y huellas’

Javier Álvarez Fariña

Andar antes de correr

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La llamada de auxilio de la naturaleza se escucha habitualmente lejana, desde ángulos extraños o focos estigmatizados. Quizás escuchamos los mensajes de ruego sin ánimo ni consideración, tal vez con escrúpulos, y las problemáticas se nos antojan monumentales para ser acometidas. Puede incluso que ni nos interesen. Sin embargo, podemos encontrar la solución y la respuesta a la vuelta de la esquina, mirando con otros ojos.  

Durante un tiempo a esta parte cuando observo que aseveraciones de una voz tan prominente como el IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change) logran asomar la cabeza en una perdida, testimonial y diminuta columna de algún periódico sin ánimo de analizar y sí de rellenar, o cuando veo como los alarmantes y cotidianos informes de la IUCN (International Union for Conservation of Nature) aparecen representados en los mass media desde lúgubres, esporádicos y secundarios rincones entre los ingentes y repetitivos temas de relevancia, soy consciente de la peligrosa distancia que hemos interpuesto entre nosotros y la práctica sensitiva con el entorno. Mi preocupación no radica tanto en la evidente conveniencia del mensaje corporativo y su distorsión, sino en la indolencia colectiva frente a estas colosales problemáticas globales.

 

Aun así, lo cierto es que puedo comprender a muchos de ustedes. Y lo hago porque también acostumbro a recorrer el mismo cauce corriente, permítanme la sátira. También me esfuerzo por mantenerme a flote. Y también vivo en este vertiginoso flujo de intercambio de ideas, informaciones y opiniones diario que suponen una inmensa confusión general. Cada uno de estos detalles nos lleva a demorar nuestro interés por la degradada salud medio ambiental, la cual percibimos como un mal lejano y ajeno a nuestros intereses. Nada más lejos de la realidad. Las urgencias ambientales no entienden de lengua o frontera (aun a riesgo de sonar redundante me permito el lujo de expresar tal máxima que parece no incumbir a nadie). Ahora bien, si digo que les comprendo es porque estos llamamientos a salvaguardar el planeta y a sus habitantes, estas insuficientes apariciones en los medios de comunicación o en nuestros pensamientos, resultan tristemente normales ya que hemos desarrollado un desarraigo con la experiencia directa. Y me temo que para entender la naturaleza hay que vivirla.

 

Por tanto ahora, les propongo que se limiten a escuchar y a posicionarse como si nuestro cuerpo y nuestras vidas se desarrollasen desde el otro lado de la puerta, como si el paisaje que habitualmente vemos desde nuestras ventanas no nos fuera distante o extraño. Imaginen un lienzo de imposibles trazos, en perpetua transformación, de incesantes cambios que fluctúa al ritmo libre de infinidad de vidas propias que de él se proyectan. Imaginen líneas perennes, diversas, dibujadas capa sobre capa estimulando la individual fantasía de cada espectador, cautivando sus sentidos y enloqueciendo su creatividad. Imaginen que más allá de semejante pintura subyacen cosmos con lenguajes diversos, extraños en suma, capaces de, en su complejísima realidad, conectar unos con otros hasta configurar una perfecta comunión interdependiente que los mantiene unidos. Tal espectáculo sería un deleite para los sentidos. Quizás una suerte de exhibición que anhelamos conservar. Démonos cuenta, es real y está ahí fuera.

 

A menudo, cuando paseo entre árboles recuerdo una frase que escuché repetidas veces en mi juventud; “con las mujeres, no hagas esto ni lo otro”, acostumbraban a decirme quienes vivían en castidad. Fruto de la desobediencia y la comprobación no tardé mucho en convencerme de lo contrario. Me pregunté cómo podían opinar sin pararse a sentir. Hoy en día, de paseo a ruta se ha manifestado en mí la sensibilidad que me ha llevado a la empatía con el medio ambiente, a mostrar humildad y respeto por la labor indispensable e insustituible que cada ser vivo ejerce en un ecosistema, precisamente el único sistema de probada eficacia. Y poco a poco voy eliminando ese egoísmo humano que nos impide ver otro punto de vista más allá del personal. Es una suspicacia nacida de la observación del funcionamiento del bosque, el río o la montaña. No hablo de rebelión, sino de criterio, de entender para comprender, de experimentar para conectar. ¿O acaso existe otra forma de identificarse con asuntos mayores como el cambio climático o la pérdida de la biodiversidad? Fortalezcamos la raíz y creceremos incorruptibles.

 

Miren, existen infinidad de obstáculos en el buen funcionamiento natural y hoy en día la actividad antropogénica es la causa de la mayoría de estos óbices, y seguro que tendremos tiempo de detenernos en muchos de ellos, algunos silenciosos y sin voz y otros cercanos que por hablar lo hacen gritando, pero qué fútil e infructuoso serían este y otros textos si antes no les incitara a exteriorizar aquello que tratamos de proteger. ¿Cómo podemos despertar la conciencia ambiental sin antes familiarizarnos con el medio ambiente? No les pido que tomen en mayor consideración las evidencias que les propuse del IPCC o el IUCN y el enorme drama que anuncian, tampoco que discriminen otras voces, simplemente les exhorto a descubrir por sí mismos la esencialidad de la naturaleza, a escuchar su franqueza, y luego juzguen y critiquen lo que deseen. Yo ya he empezado a hacerlo.

 

 

@GatoManchado1

#EntreHojasYHuellas

Comentarios

T. Velasco 24/04/2015 19:21 #7
El futuro es desesperanzador. Después de 20 años no se ha conseguido idear una estrategia global, efectiva y vinculante para frenar el cambio climático. Y, por otro lado, los expertos pronostican que lo que se decida en la cumbre de París de diciembre de este año será clave, porque se está actuando tarde. Y es que la humanidad se enfrenta a uno de los retos más importantes de su historia, conservar y proteger su planeta. Y las armas para luchar es la información, el conocimiento y el compromiso. Por todo esto, gracias, ya es hora de darle a estos temas la importancia que merece.
César Cesar 24/04/2015 17:25 #6
Artículo con un estilo de redacción exquisito. Por desgracia, a pesar de su contenido lleno de importantes lecciones, no es tarea fácil, pero yo seré uno de los que no me quedare al margen.
Tuna yeah 21/04/2015 13:24 #5
escribes muy bien, y aún tienes mas razón. Creo que vivimos un grave problema de pérdida de raíces, de olvido de lo esencial, que afecta a la gente y a todo lo que nos rodea, como dice Fernando, la base está en la educacion y en dejar de ver la naturaleza y los animales como algo lejano, o sólo existente en loa documentales...
Elena 21/04/2015 01:00 #4
Totalmente de acuerdo. Reaprender desde el silencio, la sensibilidad y la escucha. Volver a la tierra, a la escuela, al origen. Los medios y la educación deberían apoyar más este tema. Y yo me pregunto: ¿de qué o quién estamos huyendo? ¿Por qué vamos tan rápido c
Borja 20/04/2015 12:05 #3
Da gusto leer artículos bien redactados y con estilo narrativo.
Héctor 20/04/2015 10:31 #2
Buen post y mejor reflexión, ¿Cómo podemos defender algo que no apreciamos? ¿Cuándo y por qué dejamos de hacerlo? Andar antes de correr… que gran verdad!
Fernando 20/04/2015 05:26 #1
Gran articulo lleno de razon y buenos mensajes. Yo añadiria, quiza a desarrollar en otro post, la importancia de la educacion desde pequeños para inculcar verdaderos valores a la hora del respeto, el entendimiento y el carinio por la naturaleza. Un saludo a todos.

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