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Entre barrios y exclusión

Emiliano Tapia
Del barrio, de narcotráfico, de instituciones y mucho más...

Seguir hablando de las cárceles

Quiero identificarme, una vez más, con esta reflexión con la que inicio y que recojo de alguien que ha vivido muy cerca de las personas presas. “La cárcel sólo sirve para empobrecer al ser humano, acrecentar la situación de indigencia que acompañan el devenir de la mayoría de los presos y cebar la miseria de una equivocación que marcará toda una existencia”.
Tendremos entre todos y todas, que buscar otras soluciones y caminos a tal desatino de deshumanización. No podemos seguir pensando que la solución a los conflictos en la sociedad tiene que continuar siendo las cárceles. Nada más lejos de la realidad. Estos conflictos, en las cárceles actuales, se acentúan agravando las raíces de cuantos problemas están en el origen.

Dicho esto, evidentemente, algo hay que hacer en este momento; y parece claro que debemos comenzar antes del ingreso en prisión; debemos continuar en búsqueda de salidas más humanas durante el proceso de privación de libertad, y cómo no, hemos de posibilitar salidas de apoyo personal y comunitario posteriormente a la cárcel.

No parece que la sociedad, de manera general, y sus Instituciones, de manera particular, estén haciendo esfuerzos definitivos en este sentido. No parece tampoco que el acompañamiento en la recuperación de las personas y sus derechos sea prioritario; sospecho, lamentablemente, que la ausencia y precariedad de recursos adecuados y ciertos mensajes, van mucho más en la línea de cuidar, antes, sobre todo y por encima de todo, la seguridad.

La seguridad no puede ser fruto de la represión y privación de derechos; debe ser consecuencia de decisiones, recursos y propuestas que nos hagan avanzar hacia una sociedad que se corresponda con las conquistas sociales y culturales del momento presente.

Estoy seguro que la víctima de cualquier delito se vería mejor compensada si a la persona o a las personas que lo cometieron se les ayudara de otra manera a reconocer su error, y sobre todo a posibilitarles todo cuanto sea necesario para abrir el diálogo que les ayude a sentirse parte de esta sociedad común llamada a construir y cambiar entre todos y todas, y de la que en tantos momentos, en demasiados casos, no se le hizo partícipe.

Hace diez días ha tenido lugar en Vitoria un Congreso sobre “Políticas sociales para abolir la prisión”. El coordinador de dicho congreso apuntaba de manera provocativa, “La privación de libertad es ineficaz desde un punto de vista rehabilitador y de prevención del delito puesto que ni resocializa, más bien des-socializa, ni disuade a los autores de delitos para no reincidir. La privación de libertad es inhumana y degradante tanto para quien lo sufre, como para su entorno familiar y social, por lo que genera victimización secundaria. La privación de libertad es injusta debido a su aplicación selectiva... y funciona como un dispositivo de criminalización de la pobreza y la marginalidad, y de manipulación para invisibilizar la delincuencia”.

Son muchas las reuniones y encuentros en los que oímos y compartimos esta realidad ante la cárcel. Es éste el momento para apostar definitivamente por dar un toque de atención a la clase política para que no caiga en la irresponsabilidad de legislar a golpe de alarma social, agravando delitos y alargando penas.

Si según Mercedes Gallizo como Directora General de Instituciones Penitenciarias, (y es verdad), “las prisiones españolas están llenas de pobres, enfermos y drogadictos”; luchemos por que la Renta Básica de las Iguales llegue a todas las personas para luchar contra la pobreza. Exijamos recursos para atender a los enfermos mentales desde el Sistema Público de Salud y con los recursos adecuados, sobre todo en enfermos mentales.

Pidamos afrontar el problema del narcotráfico con todo tipo de esfuerzos caminando hacia la legalización, con el control del consumo y de las realidades sociales; y sobre todo, posibilitando programas que minimicen el problema personal y social que se deriva del consumo, sirviendo bajo control estas drogas a enfermos que ya no es posible que salgan de esa situación y se ven obligados, con el deterioro de sus vidas, a todo tipo de vejaciones.

Si en el proceso penal, la víctima aparece en el momento actual, como “un testigo de lujo”, en una nueva apuesta de humanización, ésta debe ser escuchada y atendida en sus preocupaciones y necesidades.

Si la estancia en la cárcel prolonga la exclusión, estamos obligados a buscar aquellos modos y maneras que nos llevan a luchar contra las causas de los problemas que dieron origen a delitos que les llevaron a la cárcel. Un jurista trabajando en cárceles afirma: “La cárcel es la Institución (inhumana y deshumanizante), mediante la cual el Estado inflige a las personas un sufrimiento “legal”... privando a las personas de los derechos más inviolables, aquellos que nos hacen personas, en absoluta desproporción al daño que hayan podido causar a la colectividad.” Y José Luis Segovia, Abogado, afirma, “si el problema de los presos es un problema social, si queremos erradicar o al menos reducir notablemente la marginación tendremos que modificar los factores sociales que la favorecen: las desigualdades educativas, las carencias y desigualdades económicas, las carencias y desigualdades en la vivienda, en el equipamiento de los barrios...”.

Finalmente, los problemas en la salida de prisión, los identifica muy bien un expresidiario de esta manera; “Los problemas con los que se encuentra un hombre al salir de prisión son todos los que se encuentra una persona pobre, desclasada, sin apoyos familiares, sin vínculos sentimentales, acrecentados encima con que sales con antecedentes penales. Después está el miedo... Cuando sales no sabes que es lo que te vas a encontrar porque todo ha cambiado... Si encima sales con una adicción o una enfermedad incurable o socialmente reprobable... La salida nunca va a ser más dura que la estancia en prisión, porque lo que no se le va a quitar nunca a un preso es ese instante en que se abre la puerta de la cárcel...”.

Pero, mucho más que todo lo expresado aquí es lo que nos queda por pensar, por compartir, por decir y sobre todo por hacer.

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