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Entre barrios y exclusión

Emiliano Tapia
Del barrio, de narcotráfico, de instituciones y mucho más...

Ricos, políticos y derechos humanos

Cada vez hay más pobres, más pobreza y más empobrecimiento, porque cada vez los ricos acumulan más.Cada vez, muchos de nuestros políticos hacen más inaguantable e insostenible el actual Sistema socio-económico, porque cada vez están más implicados y dependientes de él.
Cada vez los derechos humanos son menos respetados en algunos colectivos, porque quienes acumulan la gran parte de la riqueza y los elegidos para que decidan desde el poder están muy activos en protegerse ellos mismos y escandalosamente ausentes cuando se trata de defender a las víctimas más empobrecidas.

Raúl Zibechi, periodista y escritor, lo dice muy acertadamente de esta manera; “para la mayoría de las personas el combate de la pobreza es una cuestión de índole moral que nace de un justificado sentimiento de rechazo a los sufrimientos de sus semejantes. Para las élites es un modo de garantizar la estabilidad y la gobernabilidad”.

Hubo un tiempo, no hace muchos años, en que el Sistema necesitaba crecer económicamente, y cuando las manos de obra locales, por diversos motivos, no daban para más, vinieron de otros lugares y países, siempre del sur y del este, para paliar el problema. De tal manera que solamente en el año 2002, la inmigración supuso una entrada en España de más de 800.000 extranjeros; pasamos del 3 ó 4% en los años 90 al 12% en los años 2000.

En este mismo tiempo las decisiones políticas fueron encaminadas, con permanentes cambios en la legislación, para favorecer esta mano de obra disponible.

En la misma proporción en la que se permitía entrar, en ese mismo porcentaje, a muchas personas extranjeras se les criminalizó hasta llegar a ocupar más del 30% de las personas que hay en las cárceles de todo el estado.

Como eran una “herramienta” necesaria para enriquecerse escandalosamente unos pocos, no importa las condiciones laborales, ni personales, de manera global, los derechos humanos pasaron a dejar de ser considerados como tales. ¡Qué más da! Y una parte de la sociedad nos hicimos cómplices. Y les señalamos. Y hasta muchos dijeron Inmigrante = a delincuente.

Acabó este tiempo. Han pasado diez años. Y en 2011, apenas si se han controlado la entrada en España de 4000 personas extranjeras. Ya no son necesarios aquí para el dichoso mercado. Y aún más, el “usar y tirar” de sus vidas y personas, de sus familias y pueblos, se lleva a extremos increíbles y vergonzosos creando CIES (Centro de Internamiento de Extranjeros); expulsando con unos costes escandalosos; endureciendo la ley de extranjería hasta extremos que se saltan todos los derechos humanos; o firmando convenios de “cooperación” con algunos de sus países de origen en condiciones inaceptables, en muchos casos inhumanas para la gran mayoría de las personas expulsadas.

No quiero entrar en la consideración de si tuvieron que venir o no; en las condiciones que lo hicieron u otras; por unos motivos u otros; pero sí quisiera dejar constancia de la denuncia hacia un mundo rico que no se sacia de ninguna manera; hacia una gran parte de la clase política que no solamente “bendice”, sino que legisla para que ASI SEA.

Los usaron mientras los necesitaron, les tiraron a la calle cuando no pudieron sacarle más rentabilidad. Y, ahora, una vez en sus países muchos de ellos, países llamados emergentes algunos, les continúan explotando y empobreciendo como dueños sin horizonte de empresas textiles que se implantan para continuar utilizando la mano de obra barata; o con empresas eléctricas, o de telefonía, o con grupos bancarios, o… y todo ¡por enriquecerse!

¿Para qué hacen falta los derechos humanos? Se preguntarán muchos de sus responsables. Primero, riqueza y empleo, pensarán, dirán y harán. Y, al final, también

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