Emiliano tapia original

Entre barrios y exclusión

Emiliano Tapia
Del barrio, de narcotráfico, de instituciones y mucho más...

¡Qué difícil nos lo ponemos!

Abrir caminos para una sociedad nueva y distinta, hoy parece una utopía. Hemos avanzado en muchas cosas, pero en esta apuesta parece que no. Hacer que el derecho a lo más humano se convierta en realidad para todas las personas nos parece imposible y una meta inalcanzable. Que todos y todas tengamos el acceso a los bienes más elementales y necesarios para vivir con dignidad no estamos dispuestos. Que la vida sea el motivo fundamental de nuestro trabajo y quehacer diario no parece nuestro objetivo. ¡Qué difícil nos lo ponemos!
Sin embargo, ¿porqué no nos acabamos de creer que tenemos a nuestro alcance, mejor que nunca, los medios y recursos necesarios para vencer lo más difícil? Pongamos la realidad de la crisis en su verdadero lugar. En quien la ha creado interesadamente, se le ha escapado de las manos, y aparecemos todos como culpables. No es así. La crean, la disfrutan y otros la sufren y la padecen hasta términos inhumanos y escandalosamente dolorosos.

Tenemos riqueza para los más de 7000 millones de personas en el mundo de hoy. Tenemos sabiduría y conocimientos para saber valorar esta riqueza. Tenemos organizaciones suficientes y preparadas para saber gestionar la riqueza y los conocimientos. Tenemos la valentía humana suficiente para poner la voluntad necesaria. Tenemos los retos más provocadores para enriquecernos con los sentimientos más profundos de nuestra condición de personas. Tenemos la suficiente capacidad para no dejarnos embaucar por un sistema que pervierte el sentido de los valores de manera interesada.

Pero... pensamos y actuamos llevados por el individualismo más atroz y competitivo. ¡Maldito el día que nos dijeron que sólo compitiendo seríamos algo! ¿Tanto nos cuesta apostar por las únicas salidas válidas a las situaciones más difíciles, y que son todas aquellas que nacen de lo comunitario y de la comunidad?

La exclusión, la pobreza, la soledad... aquellas situaciones que más duelen a muchas personas y colectivos necesitan del apoyo de lo público, de lo comunitario, y somos muchos los que no nos cansaremos de repetirlo y provocarlo, probablemente porque nos hacemos muy duros para no quererlo entender.

El sistema socioeconómico que vivimos y quienes lo defienden nos repiten que hay que consumir, que hay que hacer crecer el gasto, que es la mejor manera de mantener esta tan cacareada sociedad del bienestar. Hay muchas personas y colectivos que nunca la han disfrutado y les hemos robado lo que también a ellos les pertenece; pues, es verdad que por muchos lugares se ha malgastado y se continúa haciéndolo sin vergüenza y conciencia alguna.

Para unos y para otros solamente decrecer como apuesta de vida comunitaria o forma de utilizar y gestionar los recursos que tenemos seremos capaces de vivir en una sociedad distinta.

Pero, ¿y qué hacemos con el problema del hambre, o la falta de vivienda en muchas personas y familias, o la falta de oportunidades y la ausencia de derechos sociales elementales en una parte importante de la humanidad?.¿Será decreciendo como podrá haber bienes para todos y para todas las generaciones sabiendo que este planeta no es infinito? Seguro que sí, siempre que unamos a nuestro estilo de vivir y relacionarnos la redistribución de los bienes como único camino.

Algunos, los de casi siempre, casi nos han convencido de que el único camino es el del empleo; casi es de lo único de lo que oímos hablar como solución a los grandes problemas del presente; parece que no existe otro camino de acceso a los bienes. No. Hemos de ir más allá si queremos poner todo mucho más fácil para todos. La redistribución es el camino. Y esto no excluye esfuerzo, genera humanidad, y con valores profundamente humanos todo es más fácil.


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