Emiliano tapia original

Entre barrios y exclusión

Emiliano Tapia
Del barrio, de narcotráfico, de instituciones y mucho más...

No todo vale

Cuando alguien de nosotros pretende conseguir un fin concreto en la vida, Âżnos servimos de cualquier medio para conseguirlo? Seguro que no. No todos los medios que utilizamos o tenemos a nuestro alcance son los más adecuados desde el punto de vista ético.

Sospecho que esta afirmación o esta consideración, ni está de moda, ni tenemos intención alguna de ponerla en práctica a la hora de la acción personal, o en muchos casos, colectiva.

Cuantas veces, angustiados por el trabajo o por el desempleo, por el bienestar o la precariedad, cualquier estrategia nos vale para conseguir solucionar nuestra situación. Las condiciones laborales, las horas extraordinarias, los despidos, los €œeres€ para continuar aprovechando lo público para lo privado, no se cuida. No importa perder derechos conseguidos. Estamos viviendo un tiempo de perder lo de ayer y lo de mañana por ganar lo de hoy.

Vemos cómo se justifican decisiones políticas, (no importan que sean justas, no sólo legales, para todas las personas), desde el más sangrante populismo electoral.

Cuando hay alguien que gana una cantidad económica abusiva, absurda y desorbitada por encima de todo sentido común y de la justicia; hay otros que €se apuntan€ a ganar más, porque el puesto que ocupan o la responsabilidad que asumen es mayor, o porque existe una categoría superior... Âżjustificable?

Cuantos, al no tener posibilidades o no haber percibido de la sociedad aquello que entienden les pertenece; y viven y sufren la más dura marginación y exclusión; justifican cualquier actuación, delictiva o no, pero en muchos casos, generadora de dolor para terceras personas.

Dicen algunos que hay que consumir y consumir para poder gastar, invertir y, al final, generar empleo; y por ello no importa si la tierra y el mundo de hoy y su riqueza es infinita o no lo es, pues lo único importante parece ser que es lo inmediato. ÂżVale?

Como el sistema socioeconómico en el que vivimos exige para funcionar el acumular y cuanto más mejor; y más tarde €œmercadear€ a costa de€ lo que sea€, parece que no importan las €œvíctimas€, pues son consecuencia y exigencias de la competencia voraz. Y así, justificamos las diferencias sociales tan abismales €œsiempre ha sido y será as퀝. O privatizamos de manera escandalosa y repartimos los dividendos. ÂżAsí vale?

No importa si hay pan y comida para todas las personas de este mundo globalizado; pero si el mercado y el control de los precios exige invertir en industrias sin ética alguna, como las productoras de bío-etanol u otras, que consumen productos de alimentación básica tan necesaria para quien no tiene que comer, estas actuaciones se justifican con la intención evidente de almacenar jugosos dividendos. ÂżSiempre por lo mismo?

Ciertos negocios y la buena imagen de una ciudad exige permitir conscientemente, sí o sí, espacios físicos, barrios o urbanizaciones, como Buenos Aires, todos ellos construidos, vamos a creer, que con €œbuena intención€, pero que con el paso del tiempo interesa tapar, silenciar, cuanto en ellos sucede, o conviene descalificar y hasta criminalizar con todas las intenciones, pues se considera €œbeneficioso€ para el resto de los ciudadanos. !Vaya que si vale! !Que nos lo cuenten a nosotros!

Como las causas de la exclusión y de la pobreza están en el propio Sistema;... utilicemos de manera perversa aquellos valores que serían peligrosos si los utilizáramos con su auténtico sentido. Solidaridad y Justicia son un ejemplo vivo con el que nos topamos cada día, de tal manera que hasta los propios bancos hablan de solidaridad, la utilizan en sus perversos mensajes, o no dudan en servirse del valor de la Justicia, cuando se confunde con legalidad.

El saber popular ha sido descalificado reiteradamente desde el Sistema competitivo actual, pues para ser culto hay que saber y haber estudiado; hay que producir rentabilidad económica con inmediatez, hay que procurar riqueza en un pensamiento único y controlado, frente al pensamiento que favorece la diversidad, aunque procure más humanidad.

La construcción como actividad económica, negocio y empleo, se empeñó en el último tiempo en edificar viviendas y más viviendas, hasta llevarnos a tener cientos de ellas vacías;... pero, !qué más da que una vez construidas muchos ciudadanos y ciudadanas no tengan acceso a ellas!.

Como la delincuencia nos molesta y queremos verla muy lejos de nuestro contesto vital, sin ningún planteamiento, sin preguntarnos nada, sólo guiados por la alarma social, en muchos casos,.. !qué más da si a quien criminalizamos o señalamos es una persona enferma mental a la que la sociedad no da respuesta en su problema individual! (Hay más de 15.000 personas, enfermas mentales en las cárceles españolas).

Hemos sido testigos. !También sigue valiendo! Ya que lo único que importó fue su mano de obra barata para poder servir a una economía que sólo quiere crecer y crecer... !Qué más da que una vez que no les necesitamos, les expulsemos o les criminalicemos considerándoles ilegales entre nosotros!

Qué más da renunciar a principios fundamentales cuando ha interesado si hay que justificar formas de actuar para mantenerse en el poder.

El €œtodo vale€ ha sido y continúa siendo parte de la estrategia personal y colectiva de muchos grupos sociales, incluso grupos religiosos, para mantener el poder y el prestigio que da pertenecer a una sociedad que funciona desde los principios puramente economicistas e individuales; y por esta razón insolidarios e injustos con el ser humano y con la propia naturaleza.

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