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Entre barrios y exclusión

Emiliano Tapia
Del barrio, de narcotráfico, de instituciones y mucho más...

Ninguna persona es ilegal

¡Este es el grito! Cuántas veces podemos haber pronunciado, escuchado o defendido esta verdad sobre aquellos seres humanos que por distintas circunstancias la ley les considera ilegales por el hecho de carecer del permiso administrativo de residencia, pero que sin embargo no tenemos derecho a tratarlos como tales, si consideramos en ellos lo más importante, que son personas a quienes hemos de mirar de tú a tú, de igual a igual.
Los sistemas socioeconómicos más perversos actúan proclamando leyes que así tratan de considerar a un buen número de grupos y colectivos humanos que un día por circunstancias de pobreza y/o violencia tuvieron que salir en las peores de las condiciones de sus propios países.

Así está sucediendo en nuestro país y en otros países llamados desarrollados del mundo de hoy. Incluso, aún más, se lleva a extremos inhumanos la legislación creando y desarrollando “cárceles” para inmigrantes a través de los CIES (Centros de Internamiento de Extranjeros), que ante una falta administrativa como es el carecer de permiso de trabajo y/o residencia se les hace pasar, a muchos de ellos, por estos centros de estancia temporal, que son calificados por algunos informes de ONGs e Instituciones como “lugares donde los DD HH no son mínimamente respetados”.

Hacinamiento, condiciones infrahumanas, incumplimiento de normativas y otros constan como hechos denunciados sobre estos centros. Un manifiesto que ha llegado a mis manos en estos días lo denuncia de esta manera:”La retención de personas extranjeras sin papeles, prevista en la Ley de Extranjería y que tiene lugar en los Centros de Internamiento para Extranjeros, es una realidad que vulnera uno de los derechos fundamentales, al permitir la privación de libertad de quienes no han cometido ningún delito recogido en el código penal, simplemente por cometer una infracción administrativa: residir en nuestro país sin autorización.”

Una vez más la desinformación como sistema y el ocultismo con el que se actúa por parte de los gobiernos ante la sociedad, no nos deja ser conscientes de tanta arbitrariedad e injusticia; pero creo que sí debieran llevarnos estas situaciones a estar muy preocupados por cuantas actuaciones con este talante suceden de manera indiscriminada y con nuestro silencio e indiferencia estamos admitiendo.

Siempre la carga y la actuación de la ley cae sobre el más débil; llámese extranjero, discapacitado, enfermo crónico o mental, persona mayor sola, drogodependiente, o llámese en definitiva persona víctima de cualquier situación de empobrecimiento. Es momento de situarnos en el lado de los colectivos que no cuentan. Estar con ellos, situarnos con ellos en su defensa.

La verdadera ilegalidad e injusticia la comete solamente aquel que provoca víctimas con su forma de actuar; y por esta razón sobra toda actuación que produce dolor.

Muchas personas y grupos en barrios, pueblos y ciudades somos invitados a desarrollar acciones que denuncien estas leyes sin sentido y fuercen su derogación y sobre todo que puedan provocar en los movimientos sociales en particular y en la sociedad en general, otra manera de hacer, organizarse y actuar para afrontar los problemas y conflictos sociales.

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