Emiliano tapia original

Entre barrios y exclusión

Emiliano Tapia
Del barrio, de narcotráfico, de instituciones y mucho más...

Navidad en la humanidad entera

Navidad, para los cristianos y para todo hombre y mujer de buena voluntad, sentimos que es acoger en cada una de nuestras personas y entre todas las gentes, la plenitud de la vida. La  plenitud de la vida que ha irrumpido ya en la historia humana; y aunque parece oscurecida en muchos lugares,  de manera dolorosa y preocupante; muchas personas estamos seguras de que esperando activamente, la vida plena triunfará.

Este triunfo estamos obligados a proclamarlo la humanidad entera en medio de  situaciones difíciles y demasiado asumidas con silencio cómplice desde la sociedad. Algunas personas hemos de hacerlo en barrios excluidos y llenos de precariedad, en espacios rurales despoblados y envejecidos, en un mundo donde cada vez vivimos de manera más fuerte la contradicción de tener alimentos para todas las personas, pero sin embargo, miles de ellas, en la cercanía y en la lejanía, no tienen acceso fácil a este derecho fundamental.

 

Este grito de plenitud de vida ha de resonar de manera muy especial en uno de los espacios donde esta sociedad más la está negando; desde las prisiones y en ellas mismas. Si las contemplamos con detención, sin prejuicios, con la mirada puesta en las personas que las ocupan, descubrimos, que éstas se han convertido en un lugar lleno de situaciones oscuras, y, sobre todo, de personas pobres; y que muchas de ellas, ya entes de la prisión, sufrían la exclusión social, y que la estancia en la cárcel no ha hecho más que ahondar en sus situaciones de vulnerabilidad. Nos sentimos obligados a gritar aquí y desde aquí el triunfo de la vida plena.

 

Debemos gritar con renovado compromiso, creyentes y no creyentes, hombres y mujeres de buena voluntad, que el ser humano es el centro de la vida y de todas las vidas. Pero, de manera muy particular, la lucha por lograr el triunfo de la plenitud de la vida en el mundo de la criminalidad ejercida por el sistema socio económico y por la propia sociedad, debe llevarnos, entre otras muchas tareas, a que junto con todas las gentes de nuestro mundo más cercano, apoyemos estas situaciones más concretas.

 

  • La preocupación ante la reciente reforma penal, pues se continúa ahondando en el castigo.
  • El estar convencidos de que el encarcelamiento causa daños profundos en quienes lo sufren y en su entorno familiar, a la vez que se ve incrementada la desventaja  en su situación socio económica por la entrada en prisión.
  • El saber aplicar medidas alternativas a la prisión, sobre todo en personas drogodependientes, que son el 60% de la población privada de libertad, o en afectadas por enfermedad mental, que son el 40%.
  • El  denunciar la criminalización de la pobreza que en los últimos dos años ha crecido en un porcentaje del 2% en personas entre 16 y 64 años. Infracciones contra la propiedad y tráfico de drogas a pequeña escala supone más del 70% de las personas en las cárceles.
  • El estar preocupados por el aumento en más de 500 personas en los últimos cinco años de personas mayores de 70 años, 1941 en total de todas las cárceles del estado español
  • O por el estado de salud muy deteriorado con enfermedades graves de hepatitis C, tuberculosis o VIH –SIDA, en personas privadas de libertad, a las que se les podía haber aplicado alguna alternativa a la prisión.

 

Nos situamos con estos apoyos, en la obligación de trasladar a la sociedad nuestra creencia en el desarrollo de las capacidades de todas las personas; y, esta lección, bien acogida, nos empuja a hacer de nuestras vidas y de nuestras personas un ejercicio de responsabilidad colectiva mirando cara a cara y de otra manera, los rostros de la exclusión, de la marginación o del empobrecimiento que traen consigo los centros que acogen a las personas privadas de libertad.

 

Nos corresponde gritar, junto con la sociedad que tantas veces da la espalda a estas personas, que reviertan su actitud;

 

  • Denunciando la inutilidad de las cárceles
  • Oponiéndonos a un sistema penal exclusivamente punitivo.
  • Denunciando, juntos y juntas, la criminalización de la pobreza en barrios, en situaciones de precariedad o en personas extranjeras “sin papeles”…
  • Y oponiéndonos a la permanencia en la cárcel de enfermos mentales, enfermos graves o personas mayores.

 

Es Navidad; y se nos está recordando y pidiendo, a cristianos y no cristianos, a creyentes y no creyentes, la necesidad de trabajar, en estos tiempos, para crear espacios humanos de paz, de respeto, de tolerancia, de cercanía humana a los demás, o de confianza para saber encontrar la felicidad en lo más cercano y en lo que más quiero. No hay otra alternativa.

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