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Entre barrios y exclusión

Emiliano Tapia
Del barrio, de narcotráfico, de instituciones y mucho más...

La asociación de vecinos de mi barrio

Muchos de los colectivos sociales y asociaciones; muchas ongs y entidades vecinales, están viviendo momentos difíciles.

La Asociación de Vecinos y Vecinas de mi barrio, también lo está pasando mal después de veinticinco años de existencia y muchas luchas y preocupaciones afrontadas a lo largo de estos años. Y no creo ver detrás de estas dificultades, problemas económicos, como causa mayor; creo descubrir otras causas de las que participan otros muchos colectivos y quisiera analizar en alguno de sus términos.

 

Me sugieren estas situaciones preocupantes, en primer lugar, que hemos de hacer un esfuerzo por volver a recuperar el verdadero papel de acción política que corresponde a los movimientos y colectivos sociales en la sociedad; y en segundo lugar, a aligerar el lastre que estos últimos treinta años ha dejado en casi todas estas asociaciones y entidades la utilización interesada y perversa que se ha hecho de ellas.

 

Aquel papel que en los años 60, 70 y 80, jugaron los movimientos sociales, de manera general, hoy nos producen envidia y cuando no, nostalgia. Les echamos de menos porque cuando hablamos y dialogamos de aquellas situaciones, y cómo los ciudadanos y ciudadanas nos fuimos incorporando a ellos; la misión que cumplieron entonces, hoy la quisiéramos recuperar.

 

Cuanto más hemos ido avanzando en el ejercicio y el tiempo de la democracia; más hemos ido perdiendo en la acción ciudadana y en el protagonismo de los movimientos sociales. Y esto es un contrasentido si entendemos que la práctica democrática no capitalista debe servir para poder participar todas las personas en la construcción de una sociedad más justa y más humana.

 

La ciudadanía, es necesario reconocer, que hemos perdido la confianza en que podamos tener algún papel protagonista que jugar en el hacer colectivo. Y esto es preocupante, cuando menos.

 

Un reducido número de grupos y colectivos permanecen en la lucha más comprometida y transformadora de la sociedad; aquellos que se han mantenido fieles a la gente y sus problemas, sin perder el protagonismo de ellos mismos; quienes se han mantenido fieles a permanecer en los espacios sociales más marginales y empobrecidos, lejos de dejarse llevar por resultados de falsa eficacia y espectacularidad, pero jugando siempre con las herramientas del ESTAR, del PERMANECER, del RESISTIR y del TRANSFORMAR tanto las personas y sus derechos de vivir, como los propios espacios.

 

Los años finales de los 80 y los 90 fueron un hervidero de asociacionismo, de ongs, de entidades sin ánimo de lucro vecinales o sectoriales; pero, al igual que surgieron atraídas por el relativo y fácil acceso a ayudas económicas; ahora, cuando todo vuelve a hacerse difícil, y sobre todo, desaparece el tiempo de subvenciones, así como el tiempo del fracaso en entretener con muchos programas inútiles a la población; muchas de estas entidades van quedando en la inactividad más absoluta no sabiendo encontrar el lugar más adecuado en el presente y sobre todo cuál va a ser el espacio futuro para ocupar.

 

Quisiera, con todo esto, y teniendo sobre mí, en positivo y en negativo, la participación en distintos colectivos y movimientos sociales del medio rural y del medio urbano; que las asociaciones de mi barrio, y en especial la de vecinos, no sólo que nos empeñemos para no dejarla desaparecer, sino que necesitamos apoyarnos más que nunca en tres pilares fundamentales para continuar haciendo red y tejido con el resto de colectivos del propio barrio.

 

En primer lugar, LA MILITANCIA. No puede haber pasado de moda, y si así fuese, hay que recuperarla y cuidarla. Supone poner los pies y las manos en el barro del empobrecimiento que sufren muchas personas de nuestro entorno, pues ningún ser humano se lo merece. Supone permanecer junto a las personas, sin  venderse, defendiendo los valores de la humanización más humana.

 

En segundo lugar, LA COMUNITARIEDAD. Potenciar lo comunitario sobre lo individual y posibilitar con urgencia que la salida del empobrecimiento  solamente esté en lo comunitario. La apuesta está en crear redes y tejido social con otras personas y colectivos; en cuidar las relaciones humanas en horizontalidad; en apoyar un estilo de coordinación asamblearia, participativa y de concejo abierto.

 

En tercer lugar, DESOBEDIENCIA. Con un único objetivo, defender siempre los derechos fundamentales de los vecinos y vecinas más empobrecidas, incluso frente a las leyes, así como el espacio de barrio que nada cuenta para participar y poder disfrutar de los bienes de todos y de todas, como son la comida, la vivienda, la salud o la educación.

 

Está siendo el momento más adecuado para estudiar todas las posibilidades y apostar por la realidad de las Rentas Básicas, en general, y de la RBis en particular. Será una herramienta necesaria y definitiva. Los vecinos y vecinas debemos ir con los dos pies subidos en este tren que no se nos puede escapar por muy aprisa que vaya.

 

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