Emiliano tapia original

Entre barrios y exclusión

Emiliano Tapia
Del barrio, de narcotráfico, de instituciones y mucho más...

Es la hora de los pueblos pequeños

Los pueblos en general y el mundo campesino en particular han sido durante muchos años objeto de mercadeo de muchas formas y maneras. Los planes de desarrollo de los años 70; la funesta entrada, pero excelente regalo para el capital multinacional, en la entonces llamada CEE en los años 80; la nefasta PAC sobre todo pensando en los pequeños pueblos y campesinos, que son la mayoría en C. y L., a partir de los años 90 con sus desastrosas consecuencias; el progresivo desmantelamiento de las estructuras educativas, culturales y sanitarias que le eran propias;… estos y otros muchos hechos han proporcionado abandono de la tierra, desaparición permanente de servicios, envejecimiento de la población o pérdida de una manera de ser y de vivir,… hasta mirarlo, hoy, como uno de los espacios con mayor precariedad y empobrecimiento de la preocupante realidad española.
En el momento actual, el no va más. Esta pérdida de población, provocada, da carta libre para que desde el poder se actúe con total impunidad y desprecio hacia la gente y su inmensa y profunda historia; por supuesto, dicen, apoyados en la ley que ellos mismos han diseñado para sus “fechorías”.

Cierre de Centros escolares; reducción drástica de medios sanitarios; desaparición masiva de ayuntamientos y por lo tanto de la organización y gestión más cercana a las personas que allí viven; abandono casi total en las comunicaciones; reducción de cualquier asomo de derechos sociales; falta de rentabilidad en la actividad agrícola y ganadera actual; cambio del papel que se le supone al medio rural al ir desapareciendo su actividad fundamental que es producir para alimentar a la humanidad; envejecimiento y despoblación que hace que nos parezca inviable recuperar muchos de nuestros pequeños pueblos y comarcas…

Todo esto no es ingenuo. Ha habido y hay una intencionalidad programada. No han sido, por ejemplo, los pueblos pequeños y sus ayuntamientos, como se pretende hacer creer, con la gran mayoría de los alcaldes y concejales a la cabeza, quienes han endeudado a este país, ni en deuda privada, ni en deuda pública; no han sido pueblos como Los Santos o Monleras, por señalar dos ejemplos; pues el 80% de ese endeudamiento corresponde a grandes núcleos o ayuntamientos urbanos; pero, sin embargo, se quieren cargar los ayuntamientos rurales de los pequeños pueblos y todo aquello que puede ser resistencia para llevar a cabo sus perversas y escondidas intenciones bajo la apariencia de que no son rentables. ¿Por qué?

Porque necesitan tener la libertad necesaria y suficiente para hacer negocio con las tres grandes riquezas del medio rural: la tierra, el agua y las masas forestales públicas. Necesitan ser privatizadas como en otros momentos lo han sido empresas de acentuada raigambre social y económica en el Estado español. Para esta tarea hacen falta varias cosas que poco a poco van programando y llevando a cabo con el silencio y la connivencia de muchos y muchas, personas y organismos. Que vaya desapareciendo la población, (ya hace algún tiempo dijo y puso en práctica algún político aquello de “cuanto menos seamos a más tocamos”); que se concentre más el poder en las Diputaciones; crear y adornar de la mejor manera para poderlas” vender” socialmente las nuevas estructuras de poder que llaman Distritos; terminar con Mancomunidades y Ayuntamientos que pueden entorpecer lo pretendido…

No sé si la población , en general, queremos darnos cuenta del desprecio que supone esta manera de actuar. Alcaldes y Concejales de pueblos pequeños, Asociaciones, entidades arraigadas en la vida rural y toda la población debiéramos estar ya activos ante este saqueo de este tiempo nuevo que nos toca vivir en la segunda década de los años dos mil.

Cerca de nosotros están liderando, consintiendo y en muchos casos ejecutando estos planteamientos perversos y desalentadores algunos de los políticos que un día elegimos para servir al pueblo y a los pueblos. Y lo están haciendo o consintiendo con sabrosos salarios.

El pueblo de Los Santos, en Salamanca, sufre directamente, junto a su comarca y otras comarcas, este expolio rural desde el recorte en derechos educativos básicos. Desde hace muchos años hemos sido testigos de iniciativas ejemplares por parte de los vecinos y vecinas de este pueblo en desarrollo, en luchas por la defensa de lo rural, en proyectos importantes para el propio pueblo y su comarca. Por favor, Consejería de Educación, Dirección provincial o Inspección, ¡dejen de ser motivo de expolio para éste y tantos otros pueblos!

Posibilitemos con diálogo otras propuestas basadas en otros criterios; ¿solamente les interesa la rentabilidad económica? Me niego a creer que no seamos capaces de generar un futuro basado en otros valores mucho más importantes. Seguro que hay otras propuestas más razonables para que la educación rural, la sanidad rural o el desarrollo rural y campesino continúen siendo instrumentos claves de presente y de futuro para los pequeños pueblos; pero sólo lo serán con diálogo colectivo; y a los propios vecinos de los pueblos no se les está teniendo en cuenta para nada, salvo, ¡para que se vayan!

¿No queremos darnos cuenta que históricamente la riqueza de esta provincia ha ido unida al medio rural; a los pequeños pueblos tejidos y entrelazados en su manera de ser y de vivir por los pequeños y medianos campesinos? ¿No es esto lo que hoy estamos echando a perder, incluso despreciando, desde el más absoluto abandono?

Aunque el mundo globalmente ha cambiado, sin embargo, es momento de plantearnos que ninguna sociedad tendrá futuro si no trabajamos para mantener el papel fundamental de los pueblos y la tierra, y que consiste en alimentar sanamente a la humanidad. La alimentación saludable no está en Alcampo, ni en Carrefour, ni en Mercadona; está en los pueblos que creen en el futuro de planteamientos como los que pretende la Soberanía Alimentaria; y defender la educación rural, la sanidad rural, o defender lo producido localmente son instrumentos claves que no podemos dejarnos quitar. Desde las distintas zonas y comarcas, ¡resistamos!

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