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Entre barrios y exclusión

Emiliano Tapia
Del barrio, de narcotráfico, de instituciones y mucho más...

Bancos de Alimentos: ¡No! Derecho a la alimentación de todas las personas, ¡sí! (II)

Quienes crearon los Bancos de Alimentos los definen así: “son organizaciones sin ánimo de lucro basados en voluntarios, cuya función fundamental es conseguir y aprovechar excedentes de alimentos, que estando en buenas condiciones se van a tirar, y hacerlos llegar a personas necesitadas. 

Con ello se reduce el despilfarro de alimentos, se promociona el espíritu solidario y los valores humanos y culturales necesarios para resolver la humillante contradicción entre excedentes de alimentos y pobreza”.

 

Esta definición es otra perversión más del lenguaje que nos embauca, del lenguaje interesado con el que se nos intenta manejar; de tal manera que quisiera invitar a hacer objeción individual y colectiva ante el papel que juegan estas organizaciones en la relación sociedad y derecho a la alimentación.

 

El Banco de Alimentos se presenta “sin ánimo de lucro”; y probablemente es verdad cuando lo hace como organización social; pero, no es así cuando la situamos como mecanismo dentro del contexto en el que se crea para desarrollar la tarea  y fines que se le adjudican. Los Bancos de Alimentos son, sobre todo, correa de transmisión para hacer llegar alimentos procedentes de excedentes comunitarios que surgen del control que se realiza sobre la cantidad de alimentos, con el fin de tener controlado el precio en el mercado, y por lo tanto el suculento y abundante negocio que puede generar.

 

Si importara alimentar a la humanidad, no habría control mercantil en la producción y el mercado, sino reparto comunitario de la producción y el consumo. Si importara alimentar a la humanidad, no habría control interesado de la siembra  de tierras y explotaciones ganaderas para una producción alimentaria controlada.

 

Si importara alimentar a todas y cada una de las personas, no se habrían creado negocios fuera de la alimentación con productos que ellos consideran excedentarios, como son las Fábricas de Bío-etanol o similares; o no se habrían utilizado prácticas inconfesables desde la ética social como haber lanzado al mar toneladas de productos básicos para la alimentación antes que saciar el hambre de tantos seres humanos a los que les pertenece.

 

Estos excedentes comunitarios de alimentos y el juego que se ha realizado y se continúa realizando con ellos, ha perjudicado sobre todo a los pequeños campesinos con los bajos precios en sus productos, hasta, en muchos casos, verse obligados a abandonar el modo de vida en el que habían puesto su ilusión y trabajo. Un sistema que se va inclinando a favor de los grandes campesinos, ha hecho que poco a poco los pequeños, y en muchos casos los medianos, abandonen al habérsele negado el precio justo a sus producciones.

 

Y qué contradicción al hacer que, a través de los Bancos de Alimentos, se hagan llegar a personas necesitadas productos alimentarios que proceden de haber puesto en marcha unos mecanismos de lucro para unos y de empobrecimiento para otros. Los alimentos llegan, probablemente, a personas necesitadas; pero este hecho nos habla de una forma de proceder radicalmente injusta, pues nadie debiera acceder a la alimentación porque pasa necesidad, sino porque tiene el derecho a alimentarse.

 

Junto a los excedentes, en los Bancos de Alimentos, se reparten productos alimenticios procedentes de grandes cadenas y supermercados. Continúan siendo productos que llegan con la misma perversa intencionalidad desde organizaciones que sostienen el mismo sistema tan injusto e insolidario.

 

Lástima que fruto de otras operaciones ciudadanas y campañas organizadas de recogida de alimentos, estas acciones ocasionales y coyunturales, y muchas veces llenas de buena voluntad, se confundan con las anteriormente denunciadas. Hay que aplaudir la solidaridad ciudadana; pero no se puede jugar con el derecho a poder satisfacer la necesidad básica de la alimentación.

 

Ojalá el fruto de esta solidaridad pudiera ser autogestionada en Espacios Comunitarios Solidarios, sin juegos y sin trampas ocultas e intencionadas desde los puestos que unos y otros tenemos en la sociedad, pero que deseamos cambiar generando unas nuevas relaciones de igualdad y horizontalidad entre las personas.

 

Cuando apostemos por utilizar otros instrumentos, mecanismos y herramientas radicalmente distintas a las que nos están proporcionando gobiernos y estados; cuando pensemos en las personas y en cada persona, y nos empeñemos en acabar con falsos voluntariados o falsos espíritus solidarios; cuando tengamos sensibilidad humana verdadera para crear y apostar por medios como la Renta Básica de las Iguales (Rbis), frente a organizaciones como los BAs; cuando nos lo creamos de verdad, entonces, estaremos orientando nuestro bagaje solidario en la dirección correcta que posibilite una sociedad no mercantilizada, no engañada, nada dirigida con perversidad y solamente aprendiendo a vivir en comunitariedad.

 

Con los alimentos y el derecho a la alimentación, esta sociedad lleva muchos años jugando y no parece que podamos continuar mucho tiempo así; es más, no podemos permitirnos continuar de esta manera. Quizá el tiempo nos haga más conscientes.

 

 

 

                                                                                          

Comentarios

Luis Alberto Merchán 23/01/2013 13:04 #3
Eso me recuerda a una pintada que vi en cierta ocasión en Salamanca: "Contra caridad cristiana, solidaridad anarquista" Y digo yo ¿no puede haber la una y la otra si ambas pretenden hacer la vida más fácil a los demás? Siempre que uno no sea dogmático y excluyente, claro está. Y ahí no miro a nadie en concreto, sino sólo a quien lo sea. De todas formas, a este respecto, a lo mejor Emiliano nos puede dar alguna luz. saludos
Isabela 22/01/2013 19:21 #2
DONDE HAY EQUIDAD , NO HACE FALTA CARIDAD
Luis Alberto Merchán 22/01/2013 12:49 #1
Entiendo la crítica al sistema porque, tal y como está montado, es intrínsecamente injusto para la humanidad. Es lamentable el control de la producción y la destrucción de excedentes por causas del mercado, pero hasta que las cosas cambien, no por sí mismas, sino porque seamos capaces de conseguirlo entre todos, ¿cómo sería el mundo si no existieran los bancos de alimentos, mejor o peor?. Esa es mi reflexión. Un saludo

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