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Entre barrios y exclusión

Emiliano Tapia
Del barrio, de narcotráfico, de instituciones y mucho más...

Bancos de Alimentos: ¡No! Derecho a la alimentación de todas las personas, ¡sí! (I)

La defensa y cuidado, el derecho a la dignidad de la vida de todo ser humano, estoy seguro que está en el horizonte de toda acción humana y se hace realidad diaria en el caminar de toda persona que actúe como tal. No puede ser esto una seguridad ficticia. No quisiera creerlo.

Pero. ¡cuidado!; creo que no todos los caminos que estamos recorriendo y otros recorren, son los adecuados para lograr acercarse al cumplimiento y realización de esta utopía, plenamente convencidos de lograrla y que deje de serla, por lo tanto.

 

Cuando hablamos de alimentos estamos hablando de los medios necesarios e imprescindibles, hoy y siempre, para que toda la humanidad, con más de siete mil millones de personas, pueda vivir. Y, ¡vaya que podemos sabiendo que hay para todos y todas!

 

Cuando estamos hablando de alimentación estamos hablando de un derecho fundamental, que al estar negándolo una sociedad como la nuestra, se convierte este hecho en una situación que nos  llena de vergüenza, queramos o no queramos, hasta que pongamos los medios para hacer realidad un reparto y participación efectiva en los bienes que la humanidad necesita, para hacer llegar a todos los pueblos y personas, este derecho que nadie tiene permitido recortar o negar.

 

Cuando estamos hablando de alimentación y de alimentos estamos considerando y contemplando que con  este derecho, como con algunos más, no se puede jugar. Y con esta regla suprema por encima de todo, debemos ponernos a desmantelar estrategias con las que en este campo y en tantos nos envuelve el sistema capitalista y deshumanizador que nos domina. Una de estas estrategias a desentrañar es la que están haciendo que jueguen en la sociedad de este momento los Bancos de Alimentos.

 

Lamentablemente, los alimentos y la alimentación se han convertido en un instrumento de negocio para los de siempre y vergüenza, en muchos casos, de todos y de todas. Negocio, para los grandes grupos económicos y financieros; para Monsanto, Nestlé o Carrefour, por poner algunos ejemplos. Ellos son corresponsables de que el hambre sea triste realidad para millones  de personas como una plaga evitable.

 

Como son igualmente corresponsables los Gobiernos y los Estados que utilizan instrumentos políticos, como Europa hace con las Políticas Agrícolas Europeas, para apoyar y avalar las decisiones del FMI, del BM o de la OMC; y, por lo tanto, decisiones que causan empobrecimiento en pueblos muy lejanos a nosotros o en pueblos cercanos donde vemos y compartimos la vida cada día con más familias hundidas en la precariedad de no poder acceder a este derecho. Y, mientras, lamentamos paisajes más desérticos y abandonados; sin producción y con el dolor de estar contemplando algo que no puede durar así por mucho tiempo.

 

No es esto una casualidad; no es una mala suerte; no es una maldición el hecho de que los alimentos no lleguen a todas las personas. Cuando se crean organismos locales, nacionales e internacionales  para hacer prósperos negocios, aún a costa de negar necesidades fundamentales; esto nos avisa de oscuras intencionalidades. Cuando estos negocios y controles alimentarios se realizan de manera estratégica y planificada; es, sin duda, por que se busca dirigir el mundo y dominar a los pueblos. Ponen en práctica esa vieja estrategia de que quien controla la alimentación, está controlando la población; y, nunca debimos permanecer silenciosos ante este insulto comunitario.

 

Duele y asusta decir todo esto, pero no podemos ocultarlo y silenciarlo cuando se nos dice por parte de ellos mismos, de quienes controlan todo el tinglado, que desde hace diez o quince años, a pesar del crecimiento de la población mundial, existen alimentos para todos los pueblos y personas.

 

No es necesario sobreexplotar la tierra para tener la alimentación más sana y apropiada. No es necesario, antes al contrario, manipular semillas para producir más. No necesitamos de agroindustrias que, con la mentira de la mejora alimentaria, están escondiendo sus verdaderas intenciones de experimentación y negocio.

 

No necesitamos de grandes grupos de la alimentación que, como en el momento actual, a través de cuatro grandes cadenas  controlen más del 80% de la producción alimentaria mundial.

 

Y, en medio de este escándalo consentido y apoyado por la gran mayoría de los Estados y Gobiernos mundiales; EE.UU. en 1967 y a partir de 1984 en el Estado Español; se “inventa” una red organizada y nada ingenua, seguro que con la intención de acallar sus “intranquilas” conciencias, que son los Bancos de Alimentos.

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