Lambas silueta original

Enganchados al running

Eduardo Lambás
¿Corro un maratón?

El siguiente reto

Después de la experiencia tan gratificante de habernos demostrado que podíamos terminar una media y además con mejor tiempo de lo esperado, había que seguir.

 

Corrimos varias carreras populares pero nuestro objetivo claro era superar nuestro tiempo en el mismo escenario de la media de Valladolid. Todas nuestras salidas, porque no se podían llamar entrenamientos, y todas nuestras conversaciones en las salidas versaban sobre este punto.

 

Ya solo quedábamos dos, mi amigo Carlos y yo; sabia y generosamente aconsejados por un gran profesional como Juan (omito sus apellidos porque todavía no les he contado que escribo este blog) pero nuestras ilusiones eran crecientes según se acercaba la fecha.

 

Para los neófitos como nosotros la media de Valladolid tiene el hándicap de que es en septiembre. Eso significa que es después de vacaciones, con posibles estancias fuera de la ciudad y siempre el verano tiende a ser generoso en barbacoas, salidas nocturnas etc.

 

Aún así conseguimos mantener cierto nivel físico cada uno por su cuenta para intensificar salidas cuando ya coincidimos en casa después de vacaciones. Llegaba la fecha y nos apremiaba nuestro coach, a la vez que nos animaba.

 

Llegado el día, mi compañero de fatigas incluso se aventuró en el mundo de los geles energéticos, aventura que le costó un ardor de estómago, quiero pensar que por falta de costumbre y no por causa del producto en sí.

 

Salimos el día de la carrera muy serios y concentrados en nuestro objetivo, que era batir nuestra marca. Yo he practicado deporte de equipo toda mi vida, pero Carlos se dio cuenta ese día de lo importante del equipo.

 

Carlos no rodaba bien de principio y yo intentaba que mantuviera el ritmo animándole con palabras incluso con algún insulto. Pero la media es larga cuando vas con las tuercas apretadas y la situación cambió. Carlos se puso a ritmo y a mí me empezaron a molestar los tendones, con lo que fue el quien empezó a distraerme para no pensar en el dolor.

 

Ya en el km 15 sabíamos que llevábamos un buen ritmo por el despliegue técnico que prepara mi socio y por la cantidad de corredores que vas pasando. Olía a meta y a objetivo, y ese olor a meta y objetivo es el que te hace superar dolores, bajones y lo que sea.

 

Empiezas a apretar dientes y a escuchar ánimos de gente que posiblemente no se dirigen a ti, o sí, pero que los haces tuyos porque necesitas que así sea.

 

Estábamos en la plaza de la Universidad. Eso significaba dos kilómetros a meta y yo estaba justito de fuerzas y dolores. Carlos podía haber apretado pero me llevó en volandas a meta sin parar de hablar.

 

Entrabamos en meta abrazados en 1 h 37m, cinco minutos menos que la marca anterior y con lágrimas en los ojos. Nos esperaban nuestras familias, que nos miraban con mezcla de orgullo y curiosidad "¿que les pasa a estos?".

 

En meta ya estirando nos encontramos con un buen amigo de Madrid, corredor de maratones que venía a Valladolid a correr como reparación para la maratón de Berlín. Al enterarse de nuestro tiempo, nos dijo, “vosotros ya estáis para maratones”.

 

Yo me quede con la copla…

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