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ACADA ACADA

Crónica de un delirio

Esta semana le €œpasamos el micro€ al compañero José Manuel Abarquero que nos cuenta en un fascinante relato la €œCrónica de un delirio€: 

PRESENTACIÓN

El pasado martes, veintisiete de Marzo, festividad de San Ruperto, con motivo del 497 aniversario del nacimiento de Santa Teresa, se presentó en el auditorio de san Francisco, en primicia mundial (exceptuando Méjico), un prometedor documental sobre la figura de la carmelita abulense: €œSanta Teresa€. (Muy santo comienza este relato).

Acto incluido, este, dentro de los preparativos para la celebración del V centenario de tan extraordinario acontecimiento, en el que a buen seguro Ávila sabrá estar a la altura (Âżno?).

La misma mañana de mencionado día, las ondas radiofónicas locales, emisora ya en internet, por cierto, informaron sobre el evento. Contando, además, con la intervención del director de la obra, el mejicano Lorenzo León, que invitó a los escuchantes al visionado de su trabajo esa misma tarde. Se mostró muy agradecido por la acogida y sorprendido por la trascendencia que había adquirido el video, encargo televisivo de un canal local mejicano- dijo, que había elaborado una serie sobre poetas hispanos emitida en 2006.

La idea me atrajo. He de confesar también cierta pasión desde antiguo, ya muy apaciguada,  por La Santa, que va más allá o más acá, según se quiera, de consideraciones religiosas. Pero esto no viene al caso. Decidí acudir.

NUDO

Llegué al templo con tiempo suficiente para observar la paulatina ocupación de la sala.

El panorama no era muy gratificante, yo esperaba algo más. La figura dela Santa, aniversario, su cuidad natal, Iglesia, primicia y gratuito, me sugerían mayor cantidad de interesados o por lo menos de asistentes. Salvo las primeras localidades, las más próximas al escenario, presbiterio en tiempos, el resto de la gradería presentaba mayor número de ausencias que de presencias. La media de edad bastante alta, hecho previsible, y la sensación térmica bastante baja. Se respiraba un leve aroma a celebración eucarística para familiares y amigos. Malos tiempos para la mística, pensé, o tal vez, todo lo contrario.

Una presentación puntual y muy correcta, a mi poco entender, abrió  paso a la proyección del documental.

Si añadimos a los defectos de imagen, por motivos técnicos insalvables, parece ser; la deficiente sonoridad del documento y de la sala, que hacía inteligible muchas veces la obra (supongo que bajo las mismas restricciones técnicas); el frío, que a veces resulta un elemento determinante; al escaso valor de la obra, perdón por la sinceridad; se pueden imaginar.

Instantes después del apagado de luces, el susurro y el comentario a media voz se habían generalizado. Algún estornudo avisador de desajustes térmicos, aplacadas toses y el consiguiente abandono lento, aunque ruidoso, a pesar del cuidado, de algunos de los que, generosamente, no ocupamos la mitad del aforo.

Entre asombrado e incrédulo, aguanté hasta concluido el documento. Y sin muchas ganas de participar en el debate previsto tras la proyección, abandoné la sala con más pena que gloria. Una sensación de pérdida de tiempo me distrajo un momento, pero en la vida, a pesar de la canción, casi siempre el tiempo es perdido (pregúntenle a la muerte). Uno acaba asumiendo estas cosas. A casita.

Pero cuál grande fue mi sorpresa cuando descubro, por algún medio de comunicación local (o lo que sea), que el día de autos, en el mismo sitio, a la misma hora, la misma gente había presentado el mismo documental y nada de lo relatado coincidía con lo que yo había vivido horas antes. Algo nervioso ya por el impacto de la noticia, releo el artículo cuidadosamente. No lo podía creer.

!Ostras!, Âżse colmó el aforo?, Âżmagnífica sala?, Âżcomposición inédita de gran éxito?

Una especie de fogonazo mental me sacudió profundamente. De repente mi recién debilitada consciencia se sintió acosada por interrogantes sin sentido e inconexas ideas empezaron a torturarme. De un zumbido envolvente emergían imágenes a modo de portada periodística que visualizaba extremadamente luminosas durante un momento para dejar paso a una nueva ilusión. Una, otra, otra más. El ritmo cardiaco se me aceleró alarmantemente, la respiración se volvió agitada e insuficiente. Preguntas, dudas, voces€Śen constante rebote dentro de mi cabeza en un juego violento e incomprensible.

Quizá algún brote enfermizo, - pensé con lo poco que quedaba en mi para pensar serenamente. La visión iba empañándose lentamente por una espesa niebla, abandonándome el equilibrio al instante. Pero Âżqué me ocurre? - me preguntaba mientras dejaba reposar mi cuerpo agotado sobre el sofá de casa.Âż500 000 personas y 32.000 vehículos anuales en la estación de autobuses?, Âżmagnífica sala?, Âżpernoctaciones turísticas que suben y bajan?, Âżéxito?, Âżgrandes, pequeñas y medianas empresas que se instalan en la cuidad?, Âżaforo completo?, Âżcuidad de 100.000 habitantes?, Âżred de juderías?...

Locuras así me castigaron sin cesar hasta dejarme totalmente abatido y derrotado. Una sacudida jamás sentida por mis carnes que me había hecho perder cualquier noción espacio temporal por la que guiarme. Bañado en sudor y tembloroso, rendido a la demencia que se apoderaba de mí.

Minutos, horas o días después, que sé yo, recuperados los sentidos y las constantes vitales, tras pasar revista a mi cuerpo en busca de daños importantes y sin haberlos encontrado, aparentemente, todo volvía a su orden.

Probé fuerzas, los miembros respondían. Logré incorporarme. De nuevo a este lado de la vida aunque asustado todavía por la experiencia. Respiré profundamente. Aleluya.

DESENLACE

€œUn pequeño delirio€, diagnosticaron los servicios médicos a los que acudí por vía de urgencia. €œNo se asuste, es algo cada vez mas normal. Una saturación de los sistemas psíquicos que, a modo de defensa, responden con este tipo de sucesos. Se liberan demasiadas emociones, presiones, en fin, los tiempos que nos tocan vivir, nada preocupante. Si se volviera a repetir, no obstante, no dude en consultarnos, estos episodios pueden agravarse. Pero, en principio, con evitar situaciones emocionalmente extremas y eliminando la ingesta de elementos depresores o muy excitantes bastará. Su cuerpo y su mente se lo agradecerán. Y tómese la vida con calma, hombre. 

También le puede ayudar o por lo menos reconfortar escribir todas estas cosas que le ocurren. Ayuda mucho al análisis de la realidad, al recuerdo y esas cosas y son una terapia estupenda. Así que anímese que esto no es nada€. 

€œEso haré doctora€. Por cierto, Âżel rey se ha fracturado la cadera en un safari, cazando elefantes en Bostwana?

Abarquero

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