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En las nubes

Almudena M. Vega

El morbo nos puede

Hace un par de años escuché cómo un periodista le gritaba al fotógrafo que le acompañaba: “¡La sangre! ¡Saca la sangre!”. En aquel leve choque que cubrían, la sangre eran apenas unas gotitas en el asfalto, pero tras unos retoques, unos aumentos y un buen titular, la noticia resultaba escalofriante.
Los medios de comunicación habían cambiado, y no nos habíamos dado cuenta: ahora mandaba el morbo. Había que sacar noticias de cualquier cosa, y si el morbo podía incrementar el interés, pues se aplicaba morbo a todo.

No habría sido más que un juego periodístico si no se hubiese extendido tanto. Poco a poco el morbo entraba en las noticias “serias” y en horarios “para todos los públicos”. ¿Alguien recuerda cuando los presentadores de noticias avisaban de imágenes que podían herir la sensibilidad del público? ¿Cuánto tiempo hace que no se dan esos avisos? Demasiado.

Ahora estamos insensibilizados ante la violencia y el horror. Y, además, estamos insensibilizados “todos los públicos”, incluso los más pequeños.

Y claro, como están insensibilizados, necesitan imágenes cada vez más violentas en sus videojuegos para descargar adrenalina. Y como en su rango de edad no las encuentran, suelen jugar con juegos “aptos para mayores de 18 años” cuando apenas cuentan con 10 (casi la mitad). Y además somos tan ingenuos como para pensar que “es un juego, no pasa nada”. Planteándolo así, podríamos equipararlo a verter residuos tóxicos en el mar: es algo que está mal, todos los sabemos. Pero si es un videojuego… ¿alguien conoce un videojuego que trate de tirar residuos tóxicos al mar? ¿Cuánto tardarían en retirarlo si alguien lo comercializara? Entonces, ¿Por qué hay tantos juegos basados en matar y aniquilar a otros de mil y una formas?

No es de extrañar que alguno, con el tiempo, se vuelva majareta del todo y dispare sin control en un estreno de cine emulando al malo de la película.

Porque emular al bueno ya no se lleva, eso no tiene morbo.

Y, por supuesto, al emitir la noticia de la masacre, volvemos a centrarnos en las imágenes crudas, en la sangre.

A ver si alguien se atreve y rompe el círculo “morboso”.

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