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En las nubes

Almudena M. Vega

ÂżConoces la biblioteca de tu barrio?

Será el verano o será el calor, pero hoy he vuelto a rememorar mi infancia. Han venido a mi mente recuerdos de aquellas tardes de calor de junio, porque en julio nos íbamos al pueblo de mi abuela y allí ya no hacía calor. Pero en junio€Ś, en junio mi madre buscaba las mil y una formas de hacernos los días soportables: jugábamos en la bañera, hacíamos expediciones por los parques, buscábamos curiosidades en las paredes de las iglesias (siempre fresquitas), improvisábamos teatro cuando mi padre volvía a casa, €œacampábamos€ en la terraza€Ś

BibliotecaPero lo que ha asaltado hoy mi mente, y mi corazón, ha sido el recuerdo de la biblioteca del barrio. La biblioteca de Pizarrales. Fue toda una novedad en el barrio. Apenas era una habitación con estanterías semivacías, una mesa que hacía las veces de mostrador y unos archivadores verdes con fichas como las que rellenábamos en el cole. Pero para mí era maravillosa. Al principio, yo acudía de la mano de mi madre, era ella quien tenía carnet. Y una chica muy simpática traía hasta la mesa varios libros, yo escogía uno y la chica se llevaba el resto. Qué simple, qué fácil, qué barato hacer feliz a un niño.

Hoy las bibliotecas de barrio (supongo que la de Pizarrales también, hace demasiados años que me mudé) ofrecen mucho más. Hay cuentacuentos, cine al aire libre, concursos de dibujos, talleres de papel, club de lectura,€Ś hoy los niños buscan solos sus libros, hoy los libros se transforman al abrirlos, suenan, huelen, y si me apuran, seguro que alguno tiene sabor. Hoy incluso tenemos bebetecas, lugares especiales donde los padres pueden ir con los más pequeños y acostumbrarles desde los primeros años al maravilloso mundo de las historias.

Porque, en el fondo, todos, incluso los adultos queremos historias. Historias reales como las de los periódicos, o irreales como las del cine. Historias cortas como los anuncios, o largas como los libros de Ken Follet. Y muchos de nosotros hemos aprendido a valorarlas gracias a las bibliotecas de barrio. Y gracias a aquellos bibliotecarios, como la chica simpática de la biblioteca de Pizarrales, que hicieron nuestros veranos más agradables, que lucharon contra la falta de presupuesto, de espacio, de medios y de promoción. Gracias a ellos hoy tenemos mucho más. Hoy las bibliotecas son auténticos centros de ocio.

 

 

!Si mi madre hubiera tenido todo esto en aquellos años€Ś! Porque si bien algunas de las distracciones infantiles actuales como el ordenador o las consolas tienen toda una legión de detractores (y en algunos casos con razón), las opciones que ofrecen las bibliotecas siguen contando con todo lo bueno de los juegos de antaño: fomentan la imaginación, la habilidad manual, el desarrollo mental, la relación con los demás, la cooperación,€Śy de paso, la cultura. ÂżQué más se le puede pedir?

Pues además de todo lo demás, la mayoría de los servicios son gratuitos.


ÂżConoces la biblioteca de tu barrio?

Os proponemos algunos enlaces donde buscar más información:

http://web.aytosalamanca.es/biblioteca/

http://www.jcyl.es/scsiau/Satellite/pr/es/Bibliotecas/Page/BibliotecasPlantillaHomePortal/1189173126394/_/_/_?asm=jcyl

http://www.jcyl.es/web/jcyl/pr/es/Bibliotecas/Page/BibliotecasPlantillaHomeBPPColumnaDcha/1190354141715/_/_/_?asm=jcyl

http://www.fundaciongsr.es/

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