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En las nubes

Almudena M. Vega

Abajo la SGAE€Ś Arriba los AUTORES

Hace unos días, por primera vez en mucho tiempo, las noticias de las 3 me han dado una alegría. Y me juego lo que tengo a que no he sido la única que ha gritado !Bravo! Lo de la SGAE estaba cantado. Cuántos hemos dicho al oír la noticia €œsi ya lo decía yo...€.

Por si aún hay alguien que no sepa qué es la SGAE, les cito la definición que da nuestro Ministerio de Cultura, en el artículo 147 de la LPI (Ley de Propiedad Intelectual): €œEstas entidades no podrán tener ánimo de lucro y, en virtud de la autorización, podrán ejercer los derechos de propiedad intelectual confiados a su gestión y tendrán los derechos y obligaciones que en este Título se establecen€.

Pero Âża quién se le ocurre poner una empresa privada para manejar los derechos de autor? Señores, las empresas privadas, están para dar beneficios, para hacer negocio. ÂżCómo puede mezclarse eso con un canon obligatorio por ley que el propio Estado regula? Vamos, que deciden que todos tenemos que pagar un canon, y Âżtodo ese dinero se lo dan a una empresa privada? €ŚUhmmmm ÂżDónde hay que firmar? !Yo quiero montar una empresa así! Ah! No. Que hay que ser 'amigo de€Ś' !Vaya!

Y aunque la idea inicial hubiese sido buena (yo lo dudo), una empresa como la SGAE corre un gran peligro, pero grande grande de caer en las redes de la corrupción. Es curioso que los 'portavoces' que han hablado en defensa de la SGAE en la televisión sean Caco Senante, Víctor Manuel y Ramoncín. ÂżAlguien ha visto algún disco nuevo de estos señores en los últimos tiempos? (No valen recopilaciones). Sospechoso, Âżno?

Otra cosa, que también resulta chocante. ÂżCómo hemos llegado a ese sistema de financiación? Quiero decir, un concesionario no cobra por cada vez que alguien monta en mi coche, me lo cobró una vez y punto. Mi cartera no cobra por cada vez que yo leo a otros la carta que me trajo, un programador no cobra por cada vez que se usa un programa. Más aún: un pintor no cobra por cada persona que ve su cuadro, ni siquiera un actor cobra por cada vez que vemos una película (otra cosa son las productoras€Ś).

Es un sistema que ya sólo utilizan los cantantes y los escritores. Parece que no se han dado cuenta de que el mundo está cambiando, y hay que buscar otros sistemas. O quizás es que para los 'portavoces', este sistema es muy cómodo y mientras los gobiernos los respalden con políticas abusivas (así las llama la UE en una sentencia contra el canon digital español), pues así nos va a todos€Ś

Y por otro lado están los autores de verdad, los que valoran la suerte que tienen de trabajar en lo que les gusta, y quieren poder vivir de su trabajo. Estos se merecen todo nuestro respeto. Estos ya han levantado la voz diciendo que el canon digital no es la solución. Incluso algunos han intentado buscar alternativas,€Śpero tengo la impresión de que en España, ven cortadas sus alas antes de echar a volar. No así en otros países. Y aquí llegan nuestros nuevos héroes: Amanda Hocking y John Locke.

Estos señores se han cargado de un plumazo todos los abusos y presiones laborales a los que se veían sometidos y que no les dejaban ganarse el pan con lo que mejor saben hacer: escribir. Les pongo en antecedentes: un escritor no gana tanto como se piensa. Solo unos pocos, generalmente los ya galardonados, pueden acceder a contratos que les permiten mantenerse con lo que escriben, guste o no. El resto, la gran mayoría, solo cobran un porcentaje de cada libro que se vende.

Tras hablar con varios, puedo contarles que, de los 23 euros que vale un libro, el autor se llevará unos 2 euros. El editor (que tiene los gastos de impresión y demás€Ś), unos 3 o 4 euros. El resto, la distribuidora y los impuestos. Eso en los de tapa dura, si pensamos en los de bolsillo, con una media de precio es de 10 euros, los porcentajes bajan, y todos ganan menos.

Teniendo en cuenta estas cifras, sería lógico pensar que un libro electrónico, que no tiene gastos de impresión, ni necesitaría distribución (se puede enviar por correo electrónico), debería ser muchísimo más barato. Pues no. Los precios rondan los 13 euros, 19 euros€Ś (a veces alguno más barato, pero porque tiene oferta aplicada). Sí, sí. Es casi una estafa. Yo me quedé pasmada cuando busqué los datos. Una estafa a los lectores y a los escritores, que en el caso de los libros electrónicos hacen casi todo el trabajo y cobran lo mismo, unos míseros 2 euros, y con suerte.

Pues esto es de lo que se hartaron estos señores. Cansados de que las editoriales les cerraran sus puertas por no ser conocidos y viendo que tenían otra gran puerta abierta de par en par, la del mundo digital, decidieron lanzarse y editar su propio libro. Y, lo que para mí es la base suéxito: ponerle un precio justo a su trabajo. Era algo así como: formato electrónico: 1 $ (0,71 euros), si lo querías impreso, le sumaban los gastos de impresión: 9$ (6,39 euros). Como esta forma de venta está en pañales, ellos se han apoyado en Amazon (cadena americana de venta de todo, entre otras cosas, libros electrónicos). Amazon brinda un lugar y publicidad en su web y a cambio se queda con un 30% de las ventas (lo dijo Amanda en una entrevista).

ÂżResultado? John Locke ya ha vendido 1 millón de copias de 1 sólo libro (calculo que le habrá dejado unos 500.000 euros), Amanda Hocking lleva ya 19 libros y 900.000 copias vendidas, y eso que sólo tiene 26 añitos. No sé qué tal escriben, ni de qué van sus libros, pero eso es lo de menos. ÂżQuién no compraría un libro que le interesa por 70 céntimos? Olé! Olé! y Olé!

Ole de los autores, que han visto cómo estos señores ha conseguido sacar un dineral con su primera novela, currando, ellos solitos, y sin estafar a nadie, poniendo un precio adecuado. Y les abierto así un camino a todos los que no son conocidos o encuentran las puertas de las editoriales cerradas.

Olé! de los lectores, que sabíamos que tenía que haber una forma más justa de manejar eso de los derechos de autor, que tenía que haber algo intermedio entre el abuso que sufrimos y la libre distribución (es decir, sin derechos), pero no dábamos con la solución. Y nos la han presentado en bandeja.

Olé! por ellos y por los gobiernos de sus países (que no sé cuáles son, ni me importa), que no han creado leyes 'amiguistas' e injustas. Porque sepan ustedes, que si esto mismo lo hubiesen hecho en España (como lo han intentado algunos grupos musicales de nuestro país), de nada habría servido, porque esos libros llevarían canon (que cobraría la SGAE), y aunque no he encontrado en toda la LPI ningún punto que les de ese permiso, todos sabemos que lo hacen (Caso del concierto benéfico de Bisbal a favor de un niño enfermo, caso del pueblo de Fuenteovejuna,€Ś). Existe una forma mejor de hacer las cosas, y Amanda y John lo han demostrado.

Y ahora me dirá alguien: €œPero entonces, Âżqué van a hacer los editores y las distribuidoras y las productoras?€ Pues no lo sé, pero algo tendrán que hacer, como han hecho otros muchos toda la vida. Los pequeños comerciantes han tenido que reinventarse para hace frente a las grandes superficies, y nadie les ha ayudado. Ya no hay aguadores ni limpiabotas por las calles, ya no hay tejeros, ni hay vendedores de velas desde que apareció la electricidad, y no he visto que el gobierno se rasgara la camisa por esas pérdidas. La vida es así, tampoco he visto que crearan leyes para mantener esos trabajos, cada uno ha tenido que amoldarse a los cambios que sufre el mercado.

Espero que la noticia que tanto me endulzó la comida sirva para algo, espero que se den cuenta de que las cosas cambian, que el mundo sigue girando,€Ś y no podemos seguir en las nubes.

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