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Enrique Cabero
Blog de Enrique Cabero. Portavoz de PSOE Salamanca

'Neomachismo' y crisis

Se repite desde hace unos años, seguramente para dar ánimos, y no sin cierta razón, que las crisis sirven para reforzarse, para enmendar métodos y líneas estratégicas o corregir comportamientos patógenos. Parece, así las cosas, que funcionan como vacunas económicas y sociales para prevenir enfermedades sistémicas.

No obstante, la reacción producida por esta vacuna no se combate con una sobredosis de paracetamol en recortes. Exige repensar un modelo tarado que se presentaba hasta hace poco como la panacea universal. Más que ante una vacuna se está ante una verdadera enfermedad. Han desangrado al paciente los excesos del neoliberalismo, las veleidades de los neoconservadores, la canonización de la política monetaria y el menosprecio de la economía productiva respecto de la meramente especulativa.

La llamada ingeniería financiera se ha visto frenada por derrumbes y agujeros. Ni la imaginación, ni la listeza de ciertos agentes económicos y financieros han podido sobrepasar los límites estructurales, conocidos en gran medida y expresados con criterios técnicos por los economistas. Los riesgos existen en todas las facetas de la vida, mas la sociedad se dota de reglas, entre ellas las normas jurídicas, para establecer el margen admisible de la exposición individual o colectiva a los mismos. No sé si el capitalismo ha de refundarse, como afirmaron hace unos años ciertos mandatarios con ampulosidad y escasa credibilidad. Ni siquiera estoy seguro de que se fundase alguna vez. Quizá baste con profundizar en el Estado Social y Democrático de Derecho y, de esta forma, con impedir que ámbitos de decisión esenciales para las personas y la sociedad queden extramuros de los poderes democráticos nacionales e internacionales.

No se crean las falsedades interesadas que oponen democracia y eficacia. Duden también de quienes se proclaman demócratas, incluso defensores de la democracia, y no están muy convencidos de que esta no existe sin igualdad real, porque no hay libertad sin igualdad. Nos lo recordaban hace unos días en rueda de prensa Elena Diego y Elvira Vicente, secretarias de Igualdad autonómica y provincial del Partido Socialista Obrero Español, a propósito de los efectos nocivos para la igualdad efectiva de mujeres y hombres generados por los recortes aprobados por el Gobierno en los decretos-leyes que se vienen sucediendo desde diciembre de 2011.

Me acordé entonces de cómo desde el inicio de la crisis, mediante reflexiones en las que insisto en estas líneas, algunos empezamos a hablar del peligro del neomachismo. En enero de 2010 Amparo Rubiales, en un artículo publicado en el diario El País, advertía acertadamente contra el neomachismo promovido nacional e internacionalmente desde ámbitos ultraconservadores, que habían encontrado la excusa de la crisis económica para reforzar sus posiciones. Se trata de €œnuevas tramas€ para defender la posición de poder de los hombres basadas €œen los supuestos problemas que la incorporación de la mujer a la vida activa ha tenido, sobre todo, en el ámbito de las relaciones familiares€. Menciona ella en su artículo las aportaciones para el análisis de este fenómeno del interesante libro de Miguel Lorente titulado €œLos nuevos hombres nuevos. Los miedos de siempre en tiempo de igualdad€.

En fin, son manifestaciones de ese miedo a la igualdad que los neomachistas tratan de extender, y cito a Amparo Rubiales, que estos €œsacralizan, por ejemplo, la lactancia materna, culpabilizando a las madres que no pueden practicarla; hacen responsables a las mujeres de los problemas de los menores, con la teoría del "nido vacío"; y del aborto ni hablemos, parece que es un capricho de algunas. Ninguno de ellos dice que está en contra de la igualdad sino que, por el contrario, afirman que somos las mujeres las que estamos haciendo una sociedad con graves problemas de convivencia como consecuencia directa de nuestra necesidad de ser libres e iguales€.

Los planteamientos del actual Gobierno de España contribuyen a incrementar la preocupación también en esta materia tan importante para la democracia, la dignidad y los derechos fundamentales. Reitero la necesidad de llamar la atención sobre los riesgos de esta nueva estrategia machista, que está más o menos oculta en discursos realmente conservadores con pretendida apariencia de modernidad. Los neomachistas €œconsideran la igualdad como una amenaza (€Ś), hablan de revancha de género, de feminismo resentido, dogmático o radical, sin más intención que la de volver a demonizarlo€.


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