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Enrique Cabero
Blog de Enrique Cabero. Portavoz de PSOE Salamanca

Más Europa

Ya se sabe que no existe mejor evaluación para una decisión que concluir sinceramente si se volvería o no a adoptar. Solamente aquéllas que resisten esta estricta pauta valorativa, principalmente si se aplica tras el inexorable juicio del tiempo, pueden estimarse acertadas.
La conversión en realidad del proyecto de Unión Europea, entusiásticamente formulado y promovido en el ecuador del siglo XX, próximos todavía los horrores de la Segunda Guerra Mundial, merece el mejor de los elogios y enorgullece a los europeos por razón, convicción y sentimiento. Hasta cabe decir con rotundidad que si aún no se hubiese llevado a cabo, debería hacerse inmediatamente.

La inspirada y sugestiva presentación por Robert Schuman, ministro francés de Asuntos Exteriores, un luminoso 9 de mayo de 1950 (desde entonces el 9 de mayo es el Día de Europa), de su plan para una mayor cooperación e integración europeas empezó a fructificar con la suscripción del Tratado constitutivo de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (18 de abril de 1951). Las aportaciones teóricas y la ingente actividad didáctica, política, diplomática y proselitista de los considerados padres fundadores (junto a Schuman, sin duda, Monnet, Spaak, Spinelli y, también, Adenauer, Churchill, de Gasperi y Hallstein) facilitaron el caldo de cultivo necesario para dar otro gran paso (quizá el gran paso): la firma de los Tratados de Roma el 25 de marzo de 1957.

La desazón (exteriorización tal vez de una cierta sensación de sana envidia) por la ausencia de España, situada por la dictadura al margen de la rica tradición democrática europea, en la histórica y entrañable cita romana se ve compensada con creces por el europeísmo y el indiscutido afán cohesionador propios de nuestro Estado y de la inmensa mayoría de la sociedad española, ejercidos con ilusión, pragmatismo y firmeza desde la anhelada adhesión, felizmente corporeizada en aquel solemne e inolvidable acto celebrado en el bello Salón de Columnas del Palacio Real el 12 de junio de 1985.

Hace casi cincuenta y cinco años vieron la luz el Tratado constitutivo de la Comunidad Económica Europea y el correspondiente a la Comunidad Europea de la Energía Atómica. Ahora se han podido comprobar aquellas tesis e intuiciones y se afirma que de más Unión Europea resulta más Europa y que más Europa supone más libertad, más democracia y más bienestar. Nunca antes se había disfrutado de un periodo tan largo de paz y progreso.

La actual crisis económico-financiera solo encontrará salida con una Unión Europea más fuerte y más unida, esto es, con más Europa. No nos equivoquemos, lo que decide la Unión Europea no viene del exterior porque España es Unión Europea. Resulta evidente que Europa necesita más parlamentarios y más gobiernos progresistas, capaces de articular nuevas políticas económicas y sociales alejadas de los dogmas neoconservadores. Se necesita un impulso europeísta en los líderes, similar al de los años ochenta, tanto en el Consejo como en la Comisión.

Como afirma Jacques Delors, gran presidente de la Comisión Europea (muy añorado por quienes creemos en una Europa realmente unida), en una entrevista publicada en 'El País' de hoy, “la UE y la moneda única están abocadas a arriesgar mucho más porque tenemos una unión que mantener. Por esta razón, es preciso relanzar el proyecto político de integración europea dotando a las instituciones comunitarias de más poder e iniciativa y volver al método comunitario como vía privilegiada de consolidación europea”. Y es que “con Francia y Alemania de bomberos no será suficiente para salvar el euro”.

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