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Enrique Cabero
Blog de Enrique Cabero. Portavoz de PSOE Salamanca

Escuelas de democracia y paz

El pasado miércoles se celebró el Día escolar de la paz y la no violencia. Los centros de Salamanca se sumaron a esta iniciativa propuesta por la ONU en 1964 (http://www.tribunasalamanca.com/noticias/salamanca-canta-por-la-paz). Se eligió esta fecha como homenaje a Mohandas Karamchand Gandhi, a quien sus seguidores llamaron Mahatma (el del alma grande), uno de los más reconocidos símbolos del pacifismo, asesinado el 30 de enero de 1948. Gandhi, en evidente alusión al nefasto efecto multiplicador de la violencia por la violencia, clamó irónicamente contra la ley del talión con la máxima “ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego”, sabiamente acompañada por otros pensamientos: “la humanidad no puede liberarse de la violencia más que por medio de la no violencia” y “la violencia es el miedo a los ideales de los demás”.

Sigo con interés el trabajo encomiable que realizan tantos y tantas docentes para la educación en valores democráticos de niñas y niños. Sé que la profusión de días institucionales genera en ocasiones hartazgo, acompañado habitualmente de dosis elevadas de escepticismo. Considero, no obstante, que estas iniciativas superan el ámbito publicitario, útil normalmente por cierto, y promueven o facilitan la consecución de resultados, que habrán de cultivarse sin descanso para alcanzar objetivos relevantes. La suscitación del debate conducente a la adopción de acuerdos transformadores, que contribuyan a la satisfacción de los fines del Estado social y democrático de Derecho, suele requerir la motivación producida por hechos epatantes o dolientes y por ideas sugestivas. Puesto que la construcción de la cultura de paz no es ajena a estos planteamientos, su introducción transversal en el sistema educativo y las actividades pensadas para el Día escolar de la paz y la no violencia se manifiestan seguramente como instrumentos eficaces.

 

No se trata de negar u ocultar la existencia del conflicto, presente necesariamente en la esencia humana y en las más variadas relaciones individuales y colectivas, de naturaleza interpersonal, social o internacional. Tampoco debe admitirse la confusión entre paz, orden y represión buscada por las dictaduras y los totalitarismos, como bien sabemos en España. En fin, ahí están los padecimientos causados por siglos de elogio de la violencia y la bravuconería, de menosprecio a las personas y sus derechos.

 

La paz, así escrita, sin adjetivos, es mucho más que la ausencia de guerra. La consideración de la paz como un valor en sí mismo, vinculado necesariamente al respeto a los derechos humanos e independiente de su cruel y principal antagonista, ha permitido el desarrollo de espacios propicios para la democracia, la igualdad, la libertad y la solidaridad, que han conducido al progreso y al bienestar.

 

Debe propiciarse la paz cotidianamente en todas las facetas de la actividad humana. Sobresale en su cuidado la extraordinaria relevancia de la educación en valores. No ha de trabajarse por ella solo cuando la guerra o el terrorismo la agreden o cercenan. En estos casos resulta obvio que la consecución del despliegue de la paz en plenitud deviene esencial. La construcción de la paz, de la cultura de la paz, requiere el esfuerzo individual, colectivo e institucional para la erradicación de los comportamientos violentos en el ámbito familiar, político, interpersonal, internacional. La definición del contexto preciso para la tutela de la dignidad y de los derechos inherentes a la personalidad contribuye decisivamente en este sentido. Demos una oportunidad a la democracia y la paz.

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