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Enrique Cabero
Blog de Enrique Cabero. Portavoz de PSOE Salamanca

Educación, trabajo e igualdad real

La incorporación de las mujeres en igualdad real al sistema educativo constituye una conquista histórica que ha de reflejarse adecuadamente en la sociedad en su conjunto y en las distintas facetas y estructuras de la misma.

Destaca como consecuencia esencial la facilitación del acceso de las mujeres en mejores condiciones y con niveles más altos a la prestación de trabajo por cuenta ajena, también al trabajo autónomo, a la función pública o al empresariado. Como se sabe, esta combinación de educación, formación adecuada y mejora del acceso a actividades productivas o de prestación de servicios retribuidos dispone de singu­lar relevancia en materia de igualdad y no discriminación desde varias perspectivas:

 

-La dignidad y el desarrollo de la personalidad, así como, por consiguiente, de la base imprescindible para el ejercicio de los derechos que nacen de la misma.

 

-La consecución de autonomía económica gracias a la percepción de retribuciones (salarios, sueldos, beneficios) y, con ello, de libertad e independencia, adquiriendo una posición firme para la satisfacción de sus necesidades y la tutela de sus derechos e intereses económicos, sociales, culturales, etc.

 

-La ocupación de posiciones óptimas para empoderarse, es decir, para penetrar en los núcleos o centros en los que se adoptan las principales decisiones en las empresas y las Administraciones. La realidad demuestra que sin actividad laboral, empresarial o profesional deviene prácticamente imposible el acceso a estos órganos o espacios de gobierno.

 

Precisamente por esta relevancia, o tal vez como consecuencia de la misma, las relaciones laborales, entendidas en sentido amplio, se caracterizan históricamente y en el presente por propiciar u ocultar algunos de los más graves comportamientos discriminatorios para con las mujeres. Desde el acceso al mercado de trabajo, al empleo, hasta la adopción de las decisiones relativas a la extinción del contrato de trabajo, se suceden las situaciones de desventaja y exclusión. Se detectan así con facilidad conductas y restricciones que pasan por el encasillamiento profesional, la ignorancia dolosa de las aptitudes y la formación, el menoscabo de las condiciones de trabajo y los recortes salariales, la obstaculización de la promoción, la vinculación en exclusiva de la mujer a las tareas familiares (quedando desvirtuadas y debilitadas las medidas de conciliación de la vida familiar y laboral), la ridiculización de la maternidad y su protección (y, más recientemente, de la paternidad y la suya), el desprecio por la seguridad y la salud laboral de las mujeres (hasta con exclusión de la evaluación de los riesgos laborales o profesionales específicos) o el acoso laboral, el acoso sexual y el acoso por razón de sexo.

 

Esta aparente paradoja que describe la relación entre igualdad, educación y trabajo retribuido o, en fin, la conclusión indiscutida de que sin este último se convierte en imposible la igualdad real y efectiva de las mujeres y de que en pocas facetas de la vida se dan con tanta frecuencia decisiones y actos discriminatorios, justifica, entre otras muchas razones, la insistencia en la reivindicación que simboliza y relanza cada año el 8 de marzo.

 

Las repercusiones positivas de las citadas consecución e irradiación de la igualdad efectiva de mujeres y hombres en y desde el sistema educativo aconsejan una especial dedicación a esta materia, tan amenazada ahora con la contrarreforma educativa de la llamada ley Wert, pensando especialmente en los contenidos y las metodologías de los currículos educativos no universitarios y de los nuevos títulos universitarios y, por supuesto, definiendo la noción de calidad sobre la satisfacción real de los derechos fundamentales, los principios y valores democráticos y, consecuentemente, sobre la igualdad efectiva de mujeres y hombres.

 

En definitiva, la actual crisis sistémica exige, en contra de lo que esgrimen algunos, un mayor esfuerzo y todo nuestro compromiso con la promoción, la tutela y la garantía de la igualdad real y efectiva.

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