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Enrique Cabero
Blog de Enrique Cabero. Portavoz de PSOE Salamanca

Contra la violencia de género, tolerancia cero

“La violencia de género no es un problema que afecte al ámbito privado. Al contrario, se manifiesta como el símbolo más brutal de la desigualdad existente en nuestra sociedad. Se trata de una violencia que se dirige sobre las mujeres por el hecho mismo de serlo, por ser consideradas, por sus agresores, carentes de los derechos mínimos de libertad, respeto y capacidad de decisión”.

Así comienza, con estas afirmaciones rotundas, la Exposición de Motivos de la importante Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, promulgada en 2004.

 

Esta ley orgánica, por ello, proclama que “tiene por objeto actuar contra la violencia que, como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia” (artículo 1.1); y añade en coherencia que “Por esta Ley se establecen medidas de protección integral cuya finalidad es prevenir, sancionar y erradicar esta violencia y prestar asistencia a sus víctimas” (artículo 1.2); y que “La violencia de género a que se refiere la presente Ley comprende todo acto de violencia física y psicológica, incluidas las agresiones a la libertad sexual, las amenazas, las coacciones o la privación arbitraria de libertad” (artículo 1.3).

 

También el Tribunal Constitucional viene señalando con claridad en su jurisprudencia, incluso en la complicada materia de la tipificación de los delitos sobre la violencia de género, que la ley orgánica dispone como “finalidad principal prevenir las agresiones que en el ámbito de la pareja se producen como manifestación del dominio del hombre sobre la mujer en tal contexto; su pretensión así es la de proteger a la mujer en un ámbito en el que el legislador aprecia que sus bienes básicos (vida, integridad física y salud) y su libertad y dignidad mismas están insuficientemente protegidos. Su objetivo es también combatir el origen de un abominable tipo de violencia que se genera en un contexto de desigualdad y de hacerlo con distintas clases de medidas, entre ellas las penales”. Así las cosas, “tanto en lo que se refiere a la protección de la vida, la integridad física, la salud, la libertad y la seguridad de las mujeres, que el legislador entiende como insuficientemente protegidos en el ámbito de las relaciones de pareja, como en lo relativo a la lucha contra la desigualdad de la mujer en dicho ámbito, que es una lacra que se imbrica con dicha lesividad, es palmaria la legitimidad constitucional de la finalidad de la ley”.

 

La lucha contra la violencia de género, no obstante, exige un mayor esfuerzo institucional y social, tanto en lo referente a la financiación necesaria para la plena aplicación de los planes y programas al respecto, como desde el punto de vista de la educación y la concienciación individual y colectiva de la extraordinaria gravedad de la situación. Los datos que aportan los informes que se han presentado estos últimos días sobre la asunción por las personas más jóvenes de los principios y valores que han de garantizar la igualdad real y, por consiguiente, la erradicación de la violencia de género, resultan especialmente preocupantes. Da la sensación de que la sociedad puede encontrarse, también aquí, ante una coyuntura de vacilación o, posiblemente, de retroceso. No pueden consentirse, por ejemplo, los comportamientos de ciberacoso en la relación de pareja o la vuelta a la idea del dominio del hombre sobre la mujer en dicha relación, de la que se llega a desprender con una naturalidad ominosa la creencia del poder de control sobre el pensamiento y las preferencias de ella. A ver si se va a volver a aquellos tiempos en los que se consideraba imposible que existiera el delito de violación o agresión sexual del marido sobre su esposa porque él siempre tenía derecho a hacer lo que le diera la gana con el cuerpo de ella.

 

Contra la violencia de género solamente cabe la tolerancia cero.

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