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Enrique Cabero
Blog de Enrique Cabero. Portavoz de PSOE Salamanca

Chuches y plastilina

Los recortes aprobados por los decretos-leyes de hace una semana, conocidos ya como el €œrajoyazo€, han ido, como es habitual, más allá de lo indicado en las ruedas de prensa previas y posterior al Consejo de Ministros, hasta han superado también lo anunciado por el presidente del Gobierno en el Congreso de los Diputados. Resulta muy recomendable leer detenidamente el contenido publicado en el Boletín Oficial del Estado de cada decreto-ley y de sus correcciones de errores. Puede descubrirse así la llamada €œletra pequeña€ de estas normas y los efectos cruzados de las disposiciones de unos y otros y, por ello, el alcance efectivo de las medidas.

Con esta lectura se comprueba, como venimos comentando desde hace tiempo, que se está abusando gravemente de la utilización del decreto-ley en el largo medio año de gobierno sustentado en la mayoría absoluta parlamentaria del Partido Popular. Con una técnica legislativa lamentable, se mezcla la desordenada modificación de leyes aprobadas por las Cortes Generales con medidas coyunturales basadas frecuentemente en criterios arbitrarios o desproporcionados social y económicamente.

La iniciativa legislativa del Gobierno ha de articularse, como prevé la Constitución Española, a través de la aprobación de proyectos de ley, que se tramitan ante las Cortes Generales para su debate y enmienda. Existen incluso procedimientos de urgencia, si es que se considera conveniente la pronta entrada en vigor de la ley correspondiente. No se puede seguir hurtando al parlamento el conocimiento y la discusión real de las reformas.

Se comprueba asimismo que los contenidos de los malhadados decretos-leyes resultan en su inmensa mayoría erróneos e inconvenientes desde la perspectiva de la política económica y, por supuesto, desde su análisis conforme a los valores y principios que fundamentan el Estado Social y Democrático. Los recortes lejos de contribuir a la reducción del déficit y la deuda públicos están incrementándolos por obra de la fuerte bajada de los ingresos que generan en las Administraciones Públicas. Los errores en la elección de los impuestos que se suben y las exageraciones en los cambios en la regulación de los mismos producen paradójicamente un aumento insostenible de la presión fiscal sobre la mayor parte de la ciudadanía (precisamente la que menos tiene que ver con las causas de la crisis y la que de menos nivel de renta dispone) y, sin embargo, una recaudación insuficiente, en bastantes ocasiones notablemente menor. En fin, se suceden recortes en los servicios públicos, subidas de impuestos, mayor déficit e incremento del desempleo y de la recesión económica.

Finalizo con un ejemplo, uno de esos muchos a los que antes me refería que se encuentran en la €œletra pequeña€. El IVA del material escolar que conforma el veinte por ciento del que compra una familia sube en septiembre del cuatro al veintiuno por ciento. Todo por suprimir, como quien no quiere la cosa, una frase en el extensísimo artículo 91.dos de la Ley reguladora del IVA. Recordé inmediatamente aquello de los €œchuches€, los niños y la subida del IVA que decía Mariano Rajoy hace unos meses. ÂżPensará ahora lo mismo de la plastilina?

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