Victorino original

Elojoketemira

Victorino García Calderón
Blog de Victorino García

Vuelta ciclista, la recibimos con alegría...  

Olé mi madre, olé mi suegra y olé mi tía, parabán-pan-pamba, parabán-pan-chunda, prabán-pam-pam, chim-pun.

- ÂżLo recuerdan?

- Sí, es la banda sonora de una de las mejores películas de la historia del cine mundial: €œBienvenido Mr. Marshall€ de uno de los genios del cine: Luis García Berlanga, que retrató como nadie la esencia de la vida española de la post-guerra, buscando en la trastienda de cada uno de nosotros y sazonándolo todo con el mejor sentido del humor de la historia del cine español.


Cuando mi madre me estaba pariendo (julio de 1953) Guadalix, un pueblo de la provincia de Madrid se prestaba para el rodaje de esta maravillosa película en la que Lolita Sevilla cantaba aquello de:

Los yanquis han venido,
olé salero, con mil regalos,
y a las niñas bonitas
van a obsequiarlas con aeroplanos,
con aeroplanos de chorro libre
que corta el aire,
y también rascacielos, bien conservaos
en frigidaire.

Americanos,
os recibimos con alegría,
olé mi madre,
olé mi suegra y
olé mi tía.


Al acabar la etapa, y ver los rostros de los vecinos de Morille, me di cuenta que el tiempo había pasado por España muy lento, casi ni se había movido. No hay más que sustituir algunas palabras y lo demás es casi lo mismo: Ilusión y decepción.

Ilusión por salir en la €œtele€ en directo tal, que hasta Manolo, el alcalde de Morille, trabajó como el que más, poniendo pancartas alusivas a las bondades de este pequeño pueblo que, como Villar del Río en el memorable film, esperaba que algo pasara.

Decepción, porque no pasó casi nada a pesar de que los morillejos se disfrazaron, con trajes y sombreros coloristas, agitaron banderas españolas (aunque alguna fue republicana), bebieron, comieron, cantaron y gritaron cuando pasaron los ciclistas, las casas comerciales regalaron gorras, bolígrafos y globos y la carretera se engalanó como las calles del pueblo de la peli. Niños, jóvenes y mayores, se apostaron en la carretera que circunda el pueblo para recibir a La Vuelta llenos de ilusión. Todos pensaban que iba a ser como en la televisión francesa, que se fija en los pequeños pueblos por donde pasa el Tour y saca planos de los agricultores y ganaderos de la campiña gabacha a la par que pasan los ciclistas. Se creía que el helicóptero daría varias vueltas, al fin y al cabo era una contra-reloj, en la que van pasando de uno en uno y en teoría habría más tiempo que en una etapa en línea en la que sólo se pasa una vez, para poder filmar detalles de la vida e inquietudes de un pequeño pueblo salmantino.

Para sorpresa de propios y extraños no hubo ni un solo plano del pueblo, ni siquiera la escultura-parada de autobús de mi amigo Florencio Maíllo que mide casi 13 metros de altura, ni la iglesia, como lo hace la televisión francesa en el Tour, château no hay, solo en la cuesta de La Farinata, en la salida del pueblo unos jóvenes disfrazados de mejicanos, moros y toreros pusieron algo de color en la transmisión. El realizador pinchó las cámaras de tal modo que las pintadas que el ayuntamiento y vecinos de Morille habían realizado la noche anterior y que los coches no pudieron borrar, desaparecieron de la vista de los teleespectadores como si de una censura se tratara.

Como en la película, los coches pasaron a la velocidad de los ciclistas, el helicóptero vio el pueblo en oblicuo y no dejó caer, ni en sueños siquiera, ningún tractor para Juan Âżse acuerdan de la escena en la que un avión suelta en paracaídas un tractor?. Tampoco llovió y, por lo tanto, las banderas no fueron acompañando al agua a ningún aljibe, con lo cual no hay ningún patriota que se haya ofendido por ello y como ya no hay hidalgos que defiendan la madre patria, los españoles vieron como un extranjero se llevaba la etapa y €œpurito€ Rodríguez quedó relegado a no sé qué puesto de la general perdiendo más de tres minutos y la general en manos de un inglés.

Al final todo quedó en unas cervecitas para mitigar la sed y el calor que la tarde había propiciado y sonreír comentando en el bar con los amigos lo bien que lo pasamos a pesar de que son tiempos de crisis y al igual que en 1953 los españoles estamos faltos de unos €œreyes magos€ cualesquiera para salir de ella, pero ya no nos engañan, sabemos que no existen, que son los padres, los padres mercados que han ido antes que nosotros a los zapatos y se lo han llevado todo. Bueno, todo no, en la ciudad, a decir de la prensa hablada, escrita y televisada, están muy contentos con la repercusión mundial de las piedras doradas salmantinas que se han visto , dicen, en más de cien países: una alegría, que para tristezas ya están los pactos PSOE-PP sometidos a los mercados para intentar calmarlos, como quien intenta calmar el hambre de un león dándole un muslo de pollo.

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Victorino García Calderón
Profesor del mirar y fotógrafo.

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