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Elojoketemira

Victorino García Calderón
Blog de Victorino García

ARCO

Feria, consumo, inversión, asesores, diseño, marchantes, “mercachifles”, representantes, 40€ por la entrada, + comer y beber, + catálogo, + viaje de ida y vuelta, + aparcamiento… ¡Ufff… me canso. No iré a Arco este año, prefiero ir con mis alumnos a Cataluña a ver a Gaudí, a Dalí, pasear por las Ramblas y el barrio gótico de Barcelona o por uno de los muchos y bellos pueblos de Gerona.
Este año, al igual que el pasado, creo que no nos lo ponen fácil. ARCO es cada vez menos accesible a las economías familiares. Hace años era casi un paseo, es verdad que éramos muchos los curiosos de sus “andares”, era casi un rito anual ir a ver las últimas tendencias. Había que entresacar, separar la paja del grano, pasar de tanto “mercachifle” y de “ocurrencias provocadoras” que vistas ahora y con la perspectiva que da el tiempo transcurrido, resultan, como mínimo inservibles, cuando no insultantes en algunos casos, y quedarse con lo auténtico, con lo sosegado. Paseando por las calles de esta gran “feria de vanidades” siempre había en algún rincón un cuadro, un dibujo, una fotografía, una mirada que rentabilizaba el viaje realizado.

Pero aquella manera de mostrar una feria de arte en la que el número de visitas era infinitamente superior a la rentabilidad crematística de las galerías no tenía cuenta, había que cambiar los parámetros: menos visitantes pero más escogidos, con más dinero para comprar, subir el precio de las entradas al recinto ferial contendría a los curiosos y así ha sido. Pero se han pasado, y ahora, con la puñetera crisis, las familias ya no van ARCO a pasar el día entre arte, ya no hay tanto niño entre cuadro y cuadro, entre instalación y escultura, ahora los coleccionistas pueden ver las obras sin agobios, da igual que no entiendan de arte, entienden de negocios, de inversión, de especulación, y los “artistas” entran el juego porque hay que aprovechar para no quedarse atrás, sin importar si las obras son realmente del gusto del propio “artista”, el mercado y los mercaderes lo requieren así. No hay más que ver qué marcas y qué instituciones patrocinan esta edición, da vergüenza ver cómo están metidas hasta en la sopa las multinacionales, bancos, bebidas, automóviles… hasta Franco se muestra metido en una máquina congeladora de una de las más famosas multinacionales de refrescos. Una pena que esos fondos estén algunos en Salamanca con más pena que gloria, que no les hagamos ni caso, pero eso sí, los costeamos entre todos y, sinceramente, son un fiasco que no pasará a la historia del arte, con minúsculas.

Ahí tienen Vds. champagne francés, para brindar por lo bien que nos gestionan los pocos dineros que nos quedan, perfumes y ropa carísima, cerveza y café exquisito, y gente, española y extranjera, finamente trajeada intentando invertir y rentabilizar las ganancias que han conseguido este último año, aunque algunas hayan sido conseguidas con el sudor y las penurias económicas de otros.

No señor, en la feria de ARCO no se venden recortes, ni ERE’s, ni contratos basura, ni reformas laborales, ni memoria histórica, ni juicios a jueces… Se imaginan que alguien preguntara en una galería o puesto de venta de este mercado: “¿a cuánto está el kilo de despido casi libre? o esta otra: ¡Oiga, deme cuarto y mitad de subida de IRPF!
No daré ideas, que no cobro nada por ello, ni por hacer este artículo. Si esto es una feria de ARTE, con mayúsculas, que venga Rita y lo vea.

Victorino García Calderón
Maestro del mirar.

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