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Victorino García Calderón
Blog de Victorino García

A la caza del sol de maduramembrillos

En la mañana del día 1 del 11 de 2011, día de todos los santos que en el mundo han sido, y con mi cámara en ristre, me dispongo a salir de casa camino del cementerio de Morille a hacer unas fotos que resuman la luz y el ambiente del día.

La mañana es plácida, aunque ventosa, las nubes, un tanto amenazadoras, van deprisa de suroeste a nordeste, el sol pasa por entre los huecos, dejando a su paso un rastro de luz por los campos de esta tierra tan dura como maravillosa. El cementerio está a medio kilómetro por el antiguo camino que lleva a Salamanca. Me detengo a hacer unas fotos a los árboles que el ayuntamiento ha puesto en un alarde de intentar quitar esa sensación de estepa que tienen estas tierras, el viento mece las copas y las hojas las vuelve del revés mostrando el envés plateado, que brilla al sol como si fuera de nácar. Los coches van y vienen del cementerio, muchos de ellos no son los habituales en el pueblo.

Cuando llego al cementerio, me cruzo con varias personas a las que saludo, pero que no conozco. Vienen de lejos a poner flores a sus difuntos, vienen a encontrarse con su pasado, aunque el lazo que les une sea doloroso, son gentes que emigraron en décadas pasadas y que no han renunciado a mantener ese cordón umbilical, que un día, la falta de trabajo, estuvo a punto de lograr. Entro y veo que hay muchas tumbas arregladas en los últimos años, pero también las hay que ya nadie las mira y, por supuesto, ni las arregla. En las paredes del cementerio yacen cruces de hierro oxidadas y rotas que nadie mira, pero que tampoco nadie quita por respeto. El sol hace de las suyas y cuando me dispongo a hacer alguna foto se oculta tras un nubarrón. Espero a que salga, cuando lo hace, me fijo en una cruz situada en el centro del cementerio. Es una cruz de granito, de una sola pieza, está llena de líquenes y desgastada por el agua, el sol y el viento a lo largo de los muchos años que han pasado por ella, no tiene panteón, ni nombre, ni fecha. El botón de mi cámara se dispara una y otra vez, arriba y abajo, cerca y un poco más lejos, para hacer una tomas antes de que el sol se oculte de nuevo, pero siempre con la cruz como señal de lo que acontece ante mi. Mientras, la gente siguen entrando y saliendo, una familia me saluda, reconozco a la hija y a la madre, que me recuerdan mi vocación en esto del mirar por una cámara:

-Es lo tuyo, me dicen, luego nos gusta a todos verlas.

Antes de salir de allí, me fijo en otra tumba que no tiene nada más que un ángel de hierro viejo clavado en el suelo, unas baldosas alrededor delimitando el espacio ocupado y un pequeño ramo de crisantemos blancos al lado del ángel.

-€œTodavía hay alguien que se acuerda, con los años que debe tener€€Ś (pienso).

Salgo del recinto, desando el camino y, al llegar al pueblo, voy a saludar a unos amigos que me habían avisado que pasara por su casa a buscar unos membrillos. Entro en el jardín que antecede a la casa y observo que los frutos aún no han sido recolectados, el membrillo los luce como si fueran faroles, no puedo resistir la tentación de intentar captar los últimos rayos que le quedan al sol reflejados en ellos y le hago unas fotos rápidamente en un momento en que la luz del sol parce que vuelve. Inmediatamente después de realizar el intento de emular a Antonio López en la maravillosa película de mi admirado Víctor Erice €œEl sol del membrillo€, el astro rey desapareció tras las nubes definitivamente, y, al igual que Antonio López en la película, tuve que dejar el membrillo con sus frutos, no sin cierta frustración mezclada con la alegría y la certeza de que un rato más tarde estarían en la encimera de la cocina de mi casa esperando que Carmen, mi mujer, nos haga la carne de membrillo más exquisita que el mundo conoce, es una especialista en eso de las conservas y, a buen seguro, que algunos nos chuparemos los dedos antes de que lleguen las promesas electorales y, con ellas, se nos quiten las ganas de ver la luz del esquivo sol de maduramembrillos.

Victorino García Calderón

Profesor del mirar y fotógrafo

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