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Victorino García Calderón
Blog de Victorino García

A Jesús Piñuel, médico-cirujano “sin fronteras”

“El cuerpo del zamorano Jesús Piñuel Raigada, el infortunado doctor que perdía la vida por causas naturales en la remota región de Camerún. El cirujano murió el pasado 11 de abril en Camerún mientras realizaba trabajos como médico voluntario con la Fundación Mayo Rey de Camerún, operando a distintos pacientes de la zona. Jesús Jacinto Piñuel Raigada, de 56 años de edad, era un conocido cirujano del Complejo Asistencial, ya que desarrolló prácticamente toda su vida laboral en los quirófanos sobre todo del Hospital Provincial de Zamora. Piñuel había superado un cáncer de estómago, tras un proceso quirúrgico y una recuperación sumamente costosa, que le convirtió en un firme partidario de humanizar todo lo posible la medicina”.
Así rezaban las crónicas zamoranas la pasada semana en las que se hacían eco del fallecimiento de un HOMBRE, con mayúsculas. Recibí la noticia el jueves 12, en un mensaje escueto poco antes del mediodía y lejos de España, en Turquía, adonde había ido acompañando a mis alumnos en un viaje de estudios.

Por la mañana habíamos estado contemplando uno de los paisajes más bellos que hay sobre la faz de la tierra: la Capadocia. Los colores increíbles de este pedazo de Turquía, se tornaron grises de repente y a duras penas pude transmitir la noticia a mi compañero y profesor que me acompañaba en el cuidado de los chicos, cuando vio que dejaba la cámara de fotos en el autobús y salía, en dirección contraria al museo que íbamos a visitar y sin rumbo fijo, a dedicarle un recuerdo emocionado a Jesús, un cirujano que sacrificaba sus vacaciones para ayudar a los más humildes, fueran de donde fueran.

Pensé en lo injusta que es, a veces, la vida con los que la miman, con los que nos cuidan, con los que dan todo lo que tienen por reducir las diferencias entre pobres y ricos sin salir en “los papeles”. Pensé en cómo perdemos el tiempo preocupándonos de cosas tan banales como la crisis económica, las rencillas políticas...

Allí, en medio de tanta belleza hecha paisaje, todo se volvió repentinamente anodino, sin sentido. Jesús Piñuel, al que conocí en casa de un amigo común haciendo turrón, actividad que hemos repetido varios años cada vez que se acercan la navidades, era un hombre inteligente, sano, jovial, siempre con proyectos para ayudar y amigo de sus amigos, a los que no dudaba en ayudar si le necesitaba. Gran amante de la buena cocina con la que tenía un diálogo quebrado desde que sufrió cáncer de estómago, pero que no le supuso seguir apreciando los manjares, cuando los había, pero con la pausa que da la necesidad atender la enfermedad, a la que conocía como si la hubiera parido y a la que siempre miró de frente, hasta que en tierra extraña, al menos para nosotros, se lo llevó.

Cuando los chicos salieron del museo, volvió la rutina del viaje, la Capadocia seguía allí, había que seguir entusiasmándose con su contemplación y la asunción de una belleza fuera de lo común, seguro que Jesús hubiera hecho lo mismo en mi lugar.

Descanse en paz, un hombre que siempre tuvo a gala poner por delante los intereses de los demás del suyo propio, tener la justicia social por compañera y algo que se antoja de un valor incalculable en los tiempos que corren: LA DEFENSA A ULTRANZA DE LA SANIDAD PÚBLICA Y GRATUÍTA PARA TODOS SIN DISTINCIÓN DE BLACOS O NEGROS, POBRES O RICOS, DEL NORTE O DEL SUR, MUSULMANES O CRISTIANOS.

Gracias Jesús, por defenderla hasta la extenuación con tu propio ejemplo, incluso en tu tiempo libre y sin “fronteras” por medio.

Victorino García Calderón
Maestro del mirar

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