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EL JARDÍN DE HÉRCULES

Eduardo Blázquez

PARAÍSOS SUSPENDIDOS, EL SEÑOR DE LOS ANILLOS

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Por Eduardo Blázquez

Los paisajes de El Señor de los Anillos expresan en la pantalla una visión/noción sublime, repletos de fantasía se diversifican en unos territorios ricos en escenarios giratorios y contrastados, dependientes de la literatura tradicional y de la historia de la pintura. Resulta vital saber que Tolkien creció con Morris y que se educó en el marco de una estética basada en la exaltación de lo artesanal y de la Edad Media, definida como un Edén para Ruskin y Morris. La Inglaterra del Neogótico, el Simbolismo y el Modernismo, irán imponiendo los escenarios del libro a la pantalla.

 


Este retorno a la Edad Media, a la tradición inglesa de los siglos IX-X y al Edén, se reflejó en la decoración de paredes y de los libros, en las Letras y los dibujos de Wiliam Morris y de Burne Jones. Los Bosques y las Raíces, tan amados por Tolkien, se imponen en la pantalla y revelan el valor simbólico. Los árboles caminan o definen una morada.


El Bosque animado de Fangorn y la concepción de los Ents, evocan la tradición literaria inglesa. Tolkin quedó fascinado con el bosque de Birla que, convertido en Dunsinane, rememora el Macbeth de Shakespeare.

 


La saga de los Nibelungos y la tradición germana se comunican con la trilogía. La recreación cinematográfica de Fritz Lang evoca árboles y almendros cargados de Romanticismo. El paisaje épico y el paraje contemplativo se proyectan entre panoramas altamente pictóricos.

 


Frente a las torres alegóricas, húmedas y pétreas, emerge el paraíso suspendido de los Elfos, exaltación de la Floresta, tan presente en el Ballet clásico. Rivendell es un escenario suspendido, como las cúpulas de Xanadú; se presenta como un lugar luminoso, símbolo de conquista de la iniciación espiritual. Se trata de un lugar sagrado, repleto de templetes, miradores y sempiternos puentes invadidos por la flora y la fauna del locus amoenus, una arcadia insondable. Es el santuario de un pueblo sensible, sacudido por los frutos de la inmortalidad; sus árboles representan el ascenso y los paisajes se alimentan de Morris, del Art Nouveau, del pintoresquismo del jardín, de las vistas de Thomas Cole…de Babilonia, de Pugin, Ruskin…

 


¿La conjunción entre el mundo subterráneo (las raíces), el terrenal (el tronco) y la dimensión celeste (la copa) nos convierte en árboles cósmicos?

 

Comentarios

FIOREN 28/06/2015 12:15 #1
Esa visión del cosmos es la misma que aparece plasmada incluso en el Arte Precolombino, con esa misma verticalidad medieval que impregna esta trilogía cinematográfica, a través del maravilloso revisionismo neo de Morris o de Owen Jones. Que delicia. Si Morris hubiera visto materializado ese paraíso utópico que ideó en medio del caos de la industrialización anglosajona, le habría fascinado, seguro.

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