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EL JARDÍN DE HÉRCULES

Eduardo Blázquez

ORLANDO

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Orlando, compleja creación de la escritora Virginia Woolf, es un Himno a la Metamorfosis, a la Libertad. 

 

 

La juventud de Orlando se compara con la dinámica de las flores en cada estación, flores mutantes, floresta favorecida por los cambios y por la Metamorfosis. Las adolescentes son identificadas con las rosas vírgenes, se define un mapa presidido por Cloris o Diana. Orlando ama las flores del jardín, al tiempo, siente fascinación por lo silvestre y por las hierbas; su afición por la jardinería, sitúa a Orlando dentro de la Naturaleza. Orlando se metamorfosea en Jacinto y Narciso para trazar el himno a la madre Naturaleza.

 

Virginia Woolf (1882-1941) redacta un libro mágico, Orlando (1929), un viaje en el tiempo protagonizado por la comunión entre Orlando y la Naturaleza, universos femeninos convertidos en un solo paisaje, desdoblado en visiones de una Naturaleza cruel y bella, pero todo conducía al Amor, la Amistad y la Poesía (Woolf, 1999).

 

 

Orlando descubría Bondad en el Jacinto rojo, celebraba la exaltación de la Naturaleza, valoraba las avenidas cartesianas de cipreses, se arrodillaba en las cumbres de los montes, abrazaba los árboles, comulgaba con las cuevas naturales y artificiales. La humedad y la hiedra (de Dafne) alimentaban sus vivencias, sentía la necesidad de volar por los senderos y los laberintos, se identificaba con los árboles, con la gran encina encumbrada, abracaba todas las manifestaciones de la Naturaleza.

 

 

La vida de Orlando es un sueño eterno, evoca las grutas de los jardines del pavo real y del cisne, rememora el artificio de las flores de cera y la hiedra natural de un laberinto; en el texto, se ensalza el papel del Laberinto, siempre presente en el jardín, metáfora del alma, espacio protector, abrigo de sentimientos, se trata de un espacio húmedo, de una enigmática fecundidad, la profusión y la abundante vegetación, potencian las manchas y las sombras. Orlando adoraba las plumas y el musgo abundante, las raíces, que se unían, le permitían comulgar con el paisaje circundante. Orlando es la novia de la naturaleza y se nutre de las azaleas y del amor a los pájaros, el jardín de aves y declaración a la naturaleza definen la floresta positiva.

 

La floresta es un lecho de Verdad, las aves del paraíso enriquecen el espacio que, de lo mano de lo alegórico, exalta la abundancia floral. Orlando, convertida Dafne, en mito y en mapa, cruza el eje de la Androginia y evoca a las rosas al mirar el jardín identificado que, como el sueño de los azafranes y de las dalias dormidas, lleva a Orlando ante el blanco resplandor de las livianas ninfas en la nieve, un bálsamo para su alma, para su Edén, se trata de espejos, como aguas verdes, que definen una gruta para una sirena. Orlando es una sirena recamada de perlas.

 

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