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EL JARDÍN DE HÉRCULES

Eduardo Blázquez

Luz dionisíaca

Glennn detail

El ciclo de la luz y la oscuridad, con el eco de lo apolíneo y lo dionisíaco, muestra las atmósferas blancas alimentadas por la perspectiva algodonosa de Leonardo da Vinci, por los espacios de Gordon Craig.

 

Iluminar de modo elíptico.

 

La luz, entre la ausencia y lo velado, muestra sobre el rostro de Glenn Close la iluminación del epílogo revelado en el paisaje de su rostro. Glenn traduce el luminoso paseo de amor y de cambio. Un resplandor del velo, mímesis de un sentimiento sublime; sin embargo, no terminamos de definir y ver el secreto último.

 

 

 

¿Los nuevos sentimientos ocultos se forman con la luz dionisíaca?

 

Los secretos de las sombras se unen al lenguaje sutil, gestos y movimientos transformados, miradas rotundas perpetuadas eternamente. Aprehensión de algo grandioso, ilimitado y sublime. Cada mirada la retengo, la guardo para ascender.

 

¿El deseo escondido y prohibido se estimula y verifica con la fantasía?

 

 

 

Miguel Ángel Mañas domina la construcción de personajes y de ambientes, sagaz y brillante, dramaturgo e investigador, con pocos trazos articula y monta personajes y atmósferas repletas de verosimilitud.


Miguel Ángel Mañas: CUANDO LA LUZ SE HACE

Cuando la luz se hace, el espacio vacío invita a mirar, a esperar. Un hombre ocupa el espacio y el que mira comprueba que es él mismo. Azorado, ejecuta gestos y su otro yo imita a la perfección lo ejecutado. Se acerca hasta ese espacio liminar tantas veces cuestionado: la cuarta pared se ha derrumbado permitiendo que el espacio vacío invada con sus posibilidades el espacio real. El hombre entiende que aquel que mira no es otro que su reflejo: una de las propiedades más importantes del espacio es su capacidad especular. No existen palabras, no hacen falta, porque de existir habría que saber cómo utilizarlas.

 

Palabras engarzadas a otras que no se dicen, que se insinúan, que asoman su contenido entre frase y frase, en silencios. Palabras que son lanzadas a modo de piedras y que golpean a los que miran. Palabras que buscan la desconexión y que son posibles en el mundo de los sueños. Palabras que se gritan, que viven en la fuerza de un alarido proferido en los rituales. Palabras que aborrecen la ilusión prefiriendo el pensamiento, o por el contrario, ausencia de lenguaje que invitan al ojo a traducir lo no expresado.Del mismo modo y según son las palabras, así se gesta el fenómeno especular.

 

 

 

Las palabras se reflejan en el pensamiento del hombre y consiguen transformar la forma de entender el reflejo. Libertad para seguir mirando o para negar lo que ante los ojos se expresa. Un leve movimiento puede cambiar la percepción del mundo imitado y cuestionado, y que será por extensión comprendido, visto desde otro ángulo ajeno a la horizontalidad y la verticalidad.

 

El hombre se atreve a ocupar el espacio y dejar de ser él en beneficio del reflejo, esperando tener la oportunidad de que a su vez, sea el reflejo de otro. El espacio vacío ha conseguido su propósito: poblar de reflejos imitados e imitantes todos sus lugares. Por cada hombre un lugar, una costumbre, una forma de expresión, una parte de la historia.

 

El hombre decide ahora cómo ver el mundo. Tiene dos posibilidades. A un lado espera Apolo, al otro, Dioniso. Apolo le ofrece el ensueño y Dioniso el entusiasmo. Dos espejos esperan el reflejo del hombre. De nuevo, como en una constante cósmica, los reflejos necesitan ser espejos de otros reflejos. Apolo tiene la destrucción del mundo en su poder, pero también posee la capacidad de inspirar, de armonizar, de equilibrar las pasiones dando razones.

 

 

 

Dioniso, por el contrario, ya descosido del muslo de Zeus, el dos veces nacido, desliza las manos por la superficie reflejante, enseñando un mundo en donde el hombre tiene la posibilidad de alejarse de la razón, para apretar jugosos pámpanos, para conocer de cerca a ménades y bacantes. El hombre debe decidir entre uno u otro, o buscar el equilibrio. Apolo quiere imponer los límites del mantenimiento de la personalidad; hacer que el hombre se conozca así mismo. Pero el hombre no busca la sabiduría en exceso; no quiere acabar siendo otro Prometeo u otro Edipo y ser pasto de los buitres por haber adivinado el enigma de la esfinge o bien envenenar la sangre de sus futuros hijos.

 

El entusiasmo, la orgía, el macho cabrio… El hombre puede verse a sí mismo rodeado de fuegos, de personas que danzan alrededor del animal. La música eleva el alma hasta la colisión. El animal se refleja en los ojos para alcanzar otro estadio de éxtasis. El esparagmos comienza y el entusiasmo les obliga a correr por campos y calles.

 

 


No, se dice el hombre, debo buscar el equilibrio, pero no hay espejo que muestre cómo alcanzarlo. Deberá esperar a poder dominar el lenguaje. El lenguaje proporciona equilibrio y desequilibrio. Convenceré y seré convencido.

 

¿El lenguaje es la clave?

 

MIGUEL ÁNGEL MAÑAS

Comentarios

Sixto Díaz 03/02/2014 18:26 #1
La estructura del lenguaje, es como bien dices Eduardo, donde está la esencia que todos buscamos, lo que ansiamos. En la conformación de las palabras, que dejan de ser nuestras una vez que las expulsamos para ser de quien las lee. Es a Dioniso y a su séquito al que todos petenecemos por naturaleza , no obstante nos afanamos en buscar el cosmo por ética. La misma ética que nos hizo entrar en la cultura del malestar y por lo que dejamos de asesinar.

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