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EL JARDÍN DE HÉRCULES

Eduardo Blázquez

LOS LABIOS EN FLOR

Los Labios representan el Deseo, Eros se viste de rojo.

 

Los labios, en el recorrido de la obra de Man Ray, marcan una estética repleta de sugerencias, estamos ante un relato sobre labios que simulan sofás o cuerpos femeninos, sensuales formas que flotan como nubes en los cielos de un paisaje surrealista, de sugerentes formas que velan los ojos en el cine Dadaista. Labios convertidos en objeto de deseo, en anhelo, en viaje al inconsciente femenino.

Labios activos, efímeros besos. Labios borrosos entre veladas formas que duplican el deseo, contactos que se distancian para inventar poesía desde la posición de un amante-inventor-creador-procreador.

 

El labio es un objeto poetizado que, fuera de su contexto, invita al sueño.

 

El invento del beso se une al seguimiento del agua espesa, sensual, húmedo retorno imaginario inmortalizado por Dalí y por Almodóvar, por el Arte Pop, por la historia del arte y de la publicidad, por la Nueva Ola francesa y por el anuncio de Martini.

 

 

Labio rastreado por el dedo, atributo alado, refugio, gruta-cueva, femineidad, tierra-cielo, destajo.

 

Los labios en la obra de Man Ray son luz, los besos abstractos en sus Rayografías son formas que incrustan las savia de Eros; la lengua juega en el interior de la cueva, la inversión en el juego de atributos se potencia desde el azar del blanco y del negro, del positivo y del negativo, choque entre lo de dentro y lo de fuera, división de ámbitos oblicuos, libertad y olvido.

 

Labio-flor, como en Lana de Rey y en Archimboldo, labios de inversión, tumba y deglución, mar y tierra, los labios se separan para unirse llegando a la transformación, a la conciliación de lo edénico.

 

 

El beso es la vía de liberación para la fábula, la rana se torna en sueño de caballero; el beso de las bellas durmientes y cenicientas, de Alicia y de BlancaNieves, representan la redención del sufrimiento desde el beso casto al intenso, uno ascensional, el otro desciende al averno.

 

El beso-pop frente al beso surrealista, el labio sempiterno de Almodóvar, unidad entre el zapato-pistola y el reino del carmín, todo rojo, rojo de Eros.

 

 

Labio zig-zag, labio de trazo y vuelo cambiante, dúctil y carnal, de tacto incesante, con cascada inevitable, como el montaje performativo derivado de Dalí, con proyección amorosa determinada por la Luna de Lorca.

 

 

Labios fragmentados de Man Ray, mutilados para exaltar el deseo por la amada, por su amor eterno e inalcanzable, que brota del dolor y se dispersa; como jardín colgante, los labios retornan al reino animal desde la máscara, el enigma se revela esencial en los misteriosos rostros de las Damas de Leonardo, la clave está los labios.

 

 

Labios de espuma, puros, como joyas, como nubes en la imagen de Man Ray a la hora del observatorio, los amantes,(1934). Junto a la espalada de Kiki, los labios de gelatina se suspenden para crear a Lee Miller, su Galatea; los labios de Lee tienen la sangre del poeta Cocteau, una mistificación del tenebroso mundo de Eros.

 

 

Los labios como argumento son poemas de soledad, surco para la vulva velada por los amantes surrealistas belgas. Noche y luz interior, dialéctica entre dos planos que se cierran: el tesoro está dentro, el encuentro llegará.

 

Labio y máscara, labios espiritualizados, labios como erizos y como Calas, dos planos misteriosos, huellas y hallazgos.

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