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EL JARDÍN DE HÉRCULES

Eduardo Blázquez

Espejos VI. El hielo como espejismo

Espejos scott detail

Los espejos se adentran en las islas solares de Ana Kuntzelman, el viaje escenificado plasma el paisaje del Capitán Scott que, unido al universo de su amada, ensamblan dos dimensiones espaciales diferentes; el abismo interior se une al espejo de las grandes cavernas de hielo, como Colosos reflejados en las aguas que albergan la cabaña-morada de Ana.

 

El espejo de Ana, empañado por la neblina y por los pensamientos remotos, desdibuja la imagen para velar al Monstruo, se esfuma en la bruma.

 


Al ver las creaciones de Ana, los espejos revelan los signos de los planetas, las manchas oscuras construyen el túnel ultramundano.


¿ Los espejos están constelados? ¿El efecto de los espejismos nutre las falacias de nuestros vuelos y de nuestros íntimos viajes?

 

 

Negar el reflejo

"El fracaso magnífico de la expedición polar del capitán Scott tuvo su único reflejo en la imagen distorsionada que devolvían los grandes bloques de hielo del paisaje helado. Para el explorador británico la realidad era un proyecto en construcción, un entorno al que dar forma y sentido. El hielo de la Antártida no le permitió llevar a cabo esta tarea, venció el caos.

 

 

Quizá por eso en la foto en la que aparece sentado en su cabaña polar, y rodeado de objetos, lo que no hay es un espejo. Las fotos de la expedición quedan como memoria, pero el presente de los exploradores, el lugar en el que buscaban su reflejo, eran las fotos de familia.

 

En un territorio de monstruos, el Polo, el espejo era un objeto enemigo. Robert F. Scott se miraba, para poder continuar, en la foto del orden que quedó en casa: su mujer y su hijo recién nacido en un barrio residencial de Londres con los rostros relajados, sonrientes. Pensando en la vuelta, pensando que todo seguía teniendo sentido. 

 

 

Él escribía el diario de su rutina de exploración, para dejar constancia. En Londres Kathleen, su mujer, hacía lo mismo. Cada uno anotaba los detalles del día a día. Ella con la esperanza de poder contárselo a su marido cuando volviera. Con la idea de poder llenar un hueco de dos años de ausencia. Él, para narrar su hazaña en primera persona. Con la idea de escribir la historia.

 

 

Ambos fotografiaron su vida cotidiana y esa documentación está en los museos. También los diarios. La vida de él, el sueño imperial, se terminó en 1912. Igual que el Titanic ese mismo año, los exploradores británicos encontraron el límite de la civilización en los Polos. Kathleen siguió adelante. Fue escultura, discípula de Rodin, fue madre, ayudó a Isadora Duncan a serlo, y utilizó al hermano de Lawrence de Arabia como modelo para esculpir la estatua de su difunto marido que aún puede verse en Londres.

 

 

Todo eso no es importante. Sólo un detalle: en la última foto de ella, aparece en su salón londinense, serena, preparada, y a su lado, un espejo. En él se reflejan unas flores frescas.

 

Los espejos mienten. Cada vez que miramos nuestro reflejo nos ofrecen una versión distinta. Una versión de la verdad, o una mentira más, da lo mismo. En un reflejo somos príncipes, en el siguiente monstruos. Nos dicen una cosa y la contraria. Nos recuerdan que todo es caduco. Cuando no podemos soportar los mostruos, tapamos los espejos.

 


 

Entonces estos se quedan fuera, esto es, dentro, atrapados, esto es, sueltos, golpeando por salir, desbocados, devorándote por dentro. Lo supo Dorian Gray, y nada ha cambiado desde entonces. Negar el reflejo, no querer mirar que el mundo no se conmueve con nuestras aspiraciones de sentido, termina en la muerte. Mientras tanto, la vida continúa, en otro lugar, riéndose desde un espejo"
(Ana KUNTZELMAN)

Comentarios

Liubov Andrėievna 05/10/2013 23:06 #1
Magnífico artículo de Blázquez. Fascinante y erudito. Invita a despejar los prejuicios y ahondar en las oscuridad del alma. Discurso metafísico sobre la existencia dispuesto a hacernos entrar en contradicción. Arte en estado puro.

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