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EL JARDÍN DE HÉRCULES

Eduardo Blázquez

ESPEJO XXI. ARMIDA y RINALDO

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La armadura y el espejo componen, como objetos poetizados unidos, la Iconografía del Héroe iluminado por la sabiduría del jardín.

 

   


El espejo amplía su significado al unirse a la cadena, junto al imaginario de san Sebastián y de Andrómeda-Perseo.

 

 

 


El guerrero combatiente, ante el escudo-espejo, puede ver a Apolo y al Arcángel San Miguel, para convertir el espejo en arma de salvación.

 

   


La misión del espejo, como rito de purificación, se une al simbolismo del fuego para desdoblarse, sube y asciende.

 

 


Los Héroes solares entran en el jardín de la isla.

 

 


Las armas protectoras, mágicas gracias a la luz de los arcángeles azules, muestran la ambivalencia de la coraza, una dualidad interpretativa de las armas protectoras que, junto a las aguas del jardín, traducen la significación de la realidad de acontecimientos actuales para indicarnos la veneración a los héroes azulados.

 


El ballet de Armida parte de la obra de Torquato Tasso, la obra renacentista encumbra la historia de la enigmática maga, hechicera y heroína capaz de bailar y seducir a Rinaldo, el bello guerrero abandonado en una isla encantada con jardín.

 


La isla, una de las grandes escenografías del espejo y del espejismo, potencia el universo mágico de las humanistas, damas alquimistas como Circe y Alcina, ejes esenciales de las historia del ballet, portadoras de imaginación y de revelación, contrapunto de poemas épicos.
El espejo de Armida contrasta con el escudo de los dos soldados de Rinaldo. El espejo de la dama se une a las joyas y a las guirnaldas que, como cadenas, atrapan al héroe. El poema épico de Tasso, revitalizado por la ópera de Lully, forman parte de los bellos textos de la profesora Esther Merino (UCM), referente esencial para conocer la dimensión de los mitos en las Artes Escénicas.

 


El atractivo espejo explica el conflicto entre el sacrificio y la tentación. Ante el escudo de cristal, al mirarse Rinaldo, rechaza la voluptuosa esclavitud y las joyas, destierra el espejo de Venus y de Armida para convertir el espacio escénico en iconografía de Purificación:


“ESPEJO HECHICERO: ILUSIÓN DE CATARSIS QUE MÁS QUIERO.


Circe y Armide son las femme fatale de la mitología homérica.


Representaban a las magas y hechiceras. La personificación de la ilusión por excelencia.


Dotadas de condiciones divinas para encantar cual sirenas de Escila y Caribdis, para disfrazar los sentidos, para encandilar, para engañar los sentidos racionales y atacar por la emoción del amor. Y una vez sometidos, los incautos se veían inmersos en un delirio dionisíaco que incluía sortilegios y recreaciones oníricas con las que derrotaban al héroe, tanto en la antigüedad grecolatina como en los relatos del Renacimiento literario como el Barroco escenográfico y la pintura del Prerrafaelismo, desde Tasso a Quinault o Benserade y la colosal imagen del pintor Waterhouse.

 


Los salvajes de las fiestas caballerescas de Binche para construir la imagen del heredero victorioso, la Circe de las Fiestas de los Valois_Médici que requerían el concurso de los dioses olímpicos para poder librar a los mortales del hechizo. Los personajes coléricos bailados hasta la extenuación dramática por Lully en la corte de Luis XIV y por el propio monarca encarnando a Roger o al Rinaldo de Armida, rodeados de mutaciones vertiginosas en la decoración, recreados en escenografías del paroxismo catártico, todos ellos solían culminar con el instante en el que se producía, roto el embrujo, la destrucción del palacio de la intrigante fémina, y por eso la más sugerente y atractiva, rodeadas de majestuosas arquitecturas derruidas por el Furor de los fuegos pirotécnicos de etéreo virtuosismo creativo, en una suerte de maravillosa ilusión infernal y dantesca, de ostensible sentido catártico”.


ESTHER MERINO PERAL (UCM)

Comentarios

Fioren. 05/01/2014 11:27 #1
ME RECHIFLA EL TEMA. Incluso daba para mucho más este asunto de las brujas, de las malas, que arrastra la cultura occidental desde tiempo inmemorial, porque encarnaban la inteligencia aplicada a la perfidia, la creación absoluta del engaño contra el que los mortales eran incapaces, la representación del sueño y la fantasía que incluso sometía a los héroes. Era la misma personificación del "alter ego" de la humanidad y por eso un aspecto sugerente y sugestivo, que casi todos lo artistas han querido ilustrar por la profundidad encerrada en su simbolismo y así ha sido abordado especialmente en las decoraciones escenográficas más vanguardistas durante siglos. Lo dicho, Fantástico.

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