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EL JARDÍN DE HÉRCULES

Eduardo Blázquez

EL ÁRBOL MÍSTICO y LA DANZA

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El jeroglífico del árbol místico, superior, con sentido místico-abstracto, se une a la Montaña cósmica y a los caminos, una interrelación existente en las coreografías.


La Montaña sagrada se convierte en un escenario emblemático, las montañas de la mitología griega serán protagonistas de las escenografías del ballet. El Parnaso será utilizado desde distintas variantes, su representación figurativa tiene una clave abstracta, la imagen de una escalera servirá para evocar el mítico monte, desterrando rocas y frutos en la obra de Balanchine. En la transición del mito a la poesía, la alegoría será determinante para elevar los míticos recodos/regiones. Ovidio describe el palacio del Sol y la Casa de la Fama en las Metamorfosis desde la dimensión/clave alegórica. El mundo apolíneo y el subterráneo conviven en las invenciones de Ovidio y formarán parte de la historia del Ballet desde el siglo XV en Italia. Desde Ovidio, se retoman los contenidos y la vivencia ultramundana del Acto Blanco, elaborados por los humanistas del Renacimiento.

 

 


La montaña armoniza tierra y cielo, une mundos, puede convertirse en una llanura definida desde la luz del camino simbólico protagonizado por árboles mágicos. Al quemar el árbol sagrado, el fuego, como elemento sacrificial por excelencia, como en un altar, se establece el itinerario filosófico y se pasa al camino místico, se elogia la sabiduría en el Altar, como un culto al sol que determina las etapas del camino inscrito por las Bacantes que, como portadoras del tirso, crean una dialéctica con el Agua poetizada, con el jardín. Las aguas vivas, como triunfo de la luz, definen la iluminación interior del Acto Blanco.


En paralelo, las Rosas místicas que adornan la cima de la fuente y del sepulcro, como la floración del rosal, llega desde el Romanticismo al Expresionismo alemán para definirse en Bruno Taut. La flor mística, la rosa unida a la cruz, como en las chimeneas, lleva a la gran flor, a la flor madre génesis-principio de generación, como la flor de Dante, flores místicas unidas. La flor como estrella protectora/fortaleza define el reino del silencio y de la luz, creando la casa del cielo rememorada en la planta de estrella que irradia destellos en el mundo de los místicos.
El Aire y el árbol se unen para mostrar que el árbol representa el eje del Viaje ultramundano en los Actos Blancos. Se trata del centro místico del cosmos, es el elemento de conjunción entre zonas subterráneas, une y separa el mundo terrenal y el cielo.

 


Los árboles en el Ballet, unen las raíces-el tronco y la copa para construir los Bosques Blancos del Acto Blanco. Los árboles representan el Árbol sagrado del Otro Mundo. Se trata de árboles notables, abundantes, que conforman una barrera e incorporan recodos para las almas blancas; los ríos y los valles, profundos y tenebrosos, se construyen desde las coreografías que representan las trayectorias y composiciones militares, reveladoras de la literatura de visiones. El ascenso-viaje de las almas, no impide la representación de los distintos vientos por parte de las bailarinas.

 


Los árboles de los lienzos Las Tres Gracias / Las edades y la Muerte de Han Baldung Grien, de 1544, muestran parcialmente el mensaje de la luz y de la oscuridad, el conflicto de la fugacidad de la vida, explicado en los paisajes con abundante vegetación en el nocturno de las Gracias, frente al paraje incendiado y en ruinas de las tres Edades. Los árboles enfatizan las verticales, la madera seca de cada árbol, como en el Ballet, construye la semántica de la madera, símbolo de fecundidad, material místico en su complejidad.


La regeneración de la vegetación, el culto al árbol y a los bosques se vivifica en el Acto Blanco del Ballet. El Verticalismo y ascender une el paisaje con las bailarinas, ellas se convierten en árboles de luz.

 


La Dramatización de los cultos agrícolas, el ciclo y el arquetipo del árbol/bosque, permite a las bailarinas, como árboles en eterna transformación, unirse al culto lunar y al corolario vegetal y marcan la síntesis del Acto Blanco.

 


Vincular el árbol con la columna, desde la metamorfosis de lo vegetal, permiten prolongar la vida humana a un circuito entre el nivel vegetal y humano que se exalta en la Fantasía, eje del Romanticismo. La imaginación es un árbol, los tres árboles y las tres edades, el árbol ramoso del Ciclo que se inscribe en la iconografía imaginaria del árbol, traducen el espejo del simbolismo cíclico que, matizado en el árbol invertido, explica el sentido laberíntico y funerario del ciclo temporal representado en la dialéctica de luz-oscuridad en el Acto Blanco.

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