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EL JARDÍN DE HÉRCULES

Eduardo Blázquez

ALMODÓVAR entra en el Reino de VENUS, ELENA ANAYA se viste de Diosa veneciana

 

La piel de la diosa del Amor, de Venus, comunica una cálida mirada del cuerpo contemplado desde lo sensorial; Vera (Elena Anaya) está tumbada y dormida dentro del sueño eterno, el sueño de Almodóvar, la piel y la tela alegórica defiende a su heroína de las agresiones, de otras miradas. El cuerpo de Vera tiene un valor simbólico, desafía al espectador para desnudarle. Almodóvar limita el escenario para entrar en el terreno de la alegoría, construye un juego, el cuadro dentro del cuadro, los lienzos de Venus de Tiziano revelan el experimento científico y sensitivo de la historia, Leonardo y Tiziano se unen para desmembrar el cuerpo esculpido de Elena Anaya, petrificada dama de placenteras emociones.

Elena y AlmodovarElena AnayaElena Anaya

El cuerpo y el tiempo se relacionan desde la metamorfosis; desde Ovidio a Almodóvar, el contexto mítico tiene en la piel un canal para mezclar la fábula con la Belleza elevada. Crear una nueva piel, renovarla, construir una coraza-caparazón, lleva a la enigmática película La piel que habito, creación de Pedro Almodóvar que traduce con intensidad una visión de la piel como frontera; crear una nueva piel, como barrera protectora, puede llevar a la autodestrucción del creador y de su obra. Se trata de representar para transformar, se celebra el cuerpo como ideal de Belleza.

Elena Anaya elena y Antonio

La tortura de la belleza, la reconstrucción del ser amado, la ruina fétida, la cárcel del cuerpo, se explora en las esculturas de Hermafroditas durmientes, como las imágenes de Elena Anaya (Vera). Se revela en la actriz un sensualismo pétreo y un dual universo de complejo recorrido. Pedro Almodóvar ubica en la película dos lienzos sobre la escalera del Cigarral, la mansión-cárcel-mausoleo, dos piezas determinantes para el discurso estético de la obra cinematográfica. Se trata de las pinturas La Venus de Urbino y La Venus y el Organista, ambas del pintor veneciano Tiziano, las dos obras amplían la vivencia de la diosa de las flores e identifican a Vera (Elena Anaya) con la diosa del Amor.

Venus de Urbino Venus y el Organista

La mirada sobre el cuerpo femenino se proyecta entre la fugacidad y la metamorfosis; como en el relato Orlando, ante el cuerpo de Elena Anaya se explora la belleza del cuerpo como morada. Ese acto de mirar, con Ventana irreal y metafórica, se representó en la película Vértigo (1958) de Alfred Hitchcock, Kim Novak (Madeleine/Judy) remite a mitos femeninos, a Galatea y a Isolda, a Ofelia y a Eurídice.

Vertigo Kim Novak Kim Novak Vertigo

ÂżPodemos huir de lo que no se puede escapar?

La fuerza de crear, partiendo de Ovidio y de las transformaciones de los cuerpos en otras formas, se revela en el pensamiento mítico de Almodóvar. Pigmalión y Galatea se renuevan. El descenso al reino de los muertos, de los secuestros míticos, los viajes con marcados ascensos y descensos, como en Orfeo y Eurídice, se adentran en la doble naturaleza, se registran la inversión y la prisión, la ventana dentro de la ventana alimenta al mirón. La metamorfosis de Vera (Elena) afecta a la visión, al cuerpo sin cuerpo en la tumba-museo.

Galatea Dafne

Los motivos andróginos, expresiones del director-mago y del médico-demiurgo, imponen los engaños de la belleza corporal; la mirada y los deseos llevan a  Eros y a la soledad contemplativa, desde un proceso de transformación, canalizado en la piel como morada-tumba, se adentra en la trascendental historia, en la cámara secreta de las bellas durmientes, en los nuevos sepulcros.

Hermafrodita 1 Hermafrodita 2

El himno al cuerpo, el itinerario como camino de disolución, se diviniza en Elena Anaya; en sus ojos se refleja su dimensión floral, como sus amados jardines del Museo Sorolla y del Botánico, la revelación de las flores maternales se transforman en la ofrenda de Venus, una diosa con nuevas dimensiones. Como la ninfa Eco, Vera es una escultura, el cuerpo como piedra se contrapone entre las expresiones puras de ojos húmedos. El itinerario ritual, desde la analogía entre Elena y Venus, se representa desde el prisma del jardín de las pinturas de Tiziano que, como poesie, amplían las visiones y significaciones del personaje.

VenusVelazquezEsfinge

El deseo es el motor, la contemplación es infinita e ilimitada.

El enigma de la mirada apolínea, entre la mirada dionisíaca, permite encontrarse con la ambivalencia del himno a Venus (Elena Anaya) que, entre el deseo de ensalzar la Belleza, nos lleva al balsámico ultramundo de Almodóvar.

El Beso

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