Silueta original

El callejón de Hamel

Fernán Labajo

Principio y final

Spotlight detail

Hubo algo de Spotlight en la gala de los Oscar. De alguna manera se homenajeó a aquellas víctimas de la pederastia de la Iglesia, se les dijo que ellos no son los malos y, sobre todo, se les animó a tener esperanza.

Puede que por una cuestión de atención, el ser humano tiende siempre a quedarse con dos momentos de una historia: el principio y el final. Es evidente que el camino recorrido siempre es clave, pero si esos dos puntos son buenos, será difícil que el espectador olvide esa obra, y ese es el fin último de la misma. La gala de los Oscar simbolizó a la perfección lo que es Spotlight, la película que obtuvo el galardón más importante, para sorpresa de todos aquellos que habían perdido la fe en estos premios.

 

En este filme, el planteamiento y el desenlace cumplen con esa máxima de conseguir que todo lo que has visto durante dos horas ha conseguido marcarte, emocionarte o llevarte a una reflexión que nunca olvidarás. Puede que por eso, los académicos americanos decidieron otorgarle el primer Oscar de la noche, el de Mejor Guión Original, y el último y más importante, el de Mejor Película. Ese paralelismo entre película y gala llena de una especie de romanticismo a todo el proceso creativo fílmico.

 

Spotlight comienza mostrando la crudeza del tema que propone: la imposición de una manta que cubre el horror que sentían miles de niños después de ser engañados por sacerdotes que aprovechaban la debilidad del ser humano para dar rienda suelta a placeres asquerosos. Aún con el olor de la putrefacción que desprende un acto tan desagradable, te sumerge en los entresijos de la iglesia americana que tapó una y otra vez la pederastia. Y lo hace a través del periodismo más puro: el que se aleja de leyes, de formalismos y de permisos, y se mete en la piel de las víctimas.

 

Tras un intenso recorrido por esos mundos tan turbios, la historia deja una reflexión final con un regusto amargo. Aunque deja abierta esa puerta a la esperanza de que tarde o temprano ganan los buenos, no te esconde que muchas personas sufrieron en silencio porque nunca hubo alguien que les ayudó a alzar la voz contra las injusticias.

 

Hubo algo de Spotlight en la gala de los Oscar. De alguna manera se homenajeó a aquellas víctimas de la pederastia de la Iglesia, se les dijo que ellos no son los malos y, sobre todo, se les animó a tener esperanza. Esa misma esperanza que vieron recompensada los amantes del cine al ver cómo una película tan sumamente valiente recogía el mayor galardón que le pueden otorgar.

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