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El callejón de Hamel

Fernán Labajo

El verdadero hijo de Fleming

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La primera película, Casino Royale, no fue nada más que el preludio de una serie que con Skyfall Spectre han tocado techo. La maestría de Sam Mendes, director de estos dos últimos filmes, le han dado a la saga un salto de calidad a nivel cinematográfico.

En Reino Unido hay muchos personajes de ficción a los que rendir pleitesía. Su extensa literatura y cinematografía les hace poseedores de una colección interminable y variada de obras maestras. Son tantos y tan buenos que es inevitable que los destinos de creadores y creados se unan de vez en cuando. Hace poco leí que Ian Fleming, padre de James Bond, ofreció a Alfred Hitchcock la posibilidad de adaptar la saga al cine. Al parecer, el escritor se enamoró tanto de Con la muerte en los talones que llegó a cambiar la concepción que tenía de su propio 007 en detrimento de un espía más refinado como, por ejemplo, Cary Grant. Las ofertas millonarias a director y actor no cambió el curso de la historia y, como muchos sabrán, ninguno de los dos participó en ninguna película.

 

El primer filme de esta saga, James Bond contra Dr No, protagonizada por Sean Conery y dirigida por Terence Young, fue todo un éxito, lo que dio pie a realizar otras 26 películas más. Durante esta extensa serie, han sido seis los actores que han dado vida a este espía inglés del MI6 y, salvo el bueno de Conery, todos han sido recibidos por la crítica de forma desigual. La idea de Fleming es que en el cine el agente 007 fuera un galán, un hombre que luchara contra el mal pero sin perder su clase. Como Cary Grant. En eso, el escocés bordó su papel.

 

Sin embargo, no es el Bond de los libros. El verdadero hijo de Fleming es despiadado, sucio, mujeriego, borracho… un asesino. Tras Sean Conery llegaron George Lazenby y Roger Moore, que siguieron la estela de su antecesor aunque cada uno con su particular estilo. Fue a finales de los 80 cuando se intentó devolver a 007 su verdadera identidad con la interpretación de Timohty Dalton. Su discreta taquilla y los problemas con las productoras llevaron al actor a rechazar el papel en GoldenEye.

 

Esta circunstancia nos trajo de vuelta a un Bond más clásico y refinado como Pierce Brosnan. El intérprete irlandés protagonizó cuatro películas y muchos lo han calificado como el mejor 007 de la historia. Los más románticos, los que no conciben otro espía que no sea Sean Conery, ven en Brosnan el sucesor más natural.

 

Por supuesto, estos mismos nostálgicos uq idealizan el mundo del espionaje inglés, odian a Daniel Craig, último James Bond de la saga. Con Craig, se ha vuelto a los orígenes del personaje literario. Incluso se ha querido empezar desde el principio, aunque adaptada a los tiempos que corren, la historia del personaje. Casino Royale, Quantum of Solace, Skyfall y la recién estrenada Spectre, nos muestran al auténtico 007. Una réplica calcada a la de las novelas de Fleming. El único capaz de reconocer que es un asesino.

 

La primera película, Casino Royale, no fue nada más que el preludio de una serie que con Skyfall y Spectre han tocado techo. La maestría de Sam Mendes, director de estos dos últimos filmes, le ha dado a la saga un salto de calidad a nivel cinematográfico. La trepidante escena del tren en Skyfall y el larguísimo plano secuencia lleno de suspense del último largometraje, han colocado a James Bond en el lugar que merece.

 

Hay quien dice que 007 no puede ser rubio, que sólo debe matar con clase, que no puede mancharse y, por supuesto, que no debería sangrar. Así lo hubiera querido Fleming en el cine, pero no en los libros. Gloria a los románticos del siglo XX que ven a Sean Conery como el auténtico. Ahora dejen paso a la nueva era, donde Craig es el verdadero hijo de Fleming. 

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