Silueta original

El callejón de Hamel

Fernán Labajo

Dejarse llevar suena demasiado bien

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Dentro de la filosofía ‘hipster’ está el deseo (casi obsesión) de ser diferente del resto de seres humanos. La llegada de nuevos ‘fieles’ a este mundo ‘cool’ provoca, no sin cierta ironía, que los anteriores habitantes de festivales veraniegos renieguen de grupos y estilos que hasta hace dos días eran una inspiración para ellos.

Hace unas semanas, un amigo me dijo que tenía entradas para el Fesival BBK Live de Bilbao, que se celebra este fin de semana. “Consígueme una púa de Marcus Mumford (líder de los Mumford & Sons)” le pedí medio en broma medio en serio. Con una cara similar a la que pondría un americano de Wisconsin cuestionado por la crisis en la portería del Real Madrid, mi colega me espetó “¿Quién es ese?” Esa respuesta en forma de pregunta no fue nada más que el preludio de una conversación que mostró una realidad tan desconcertante como reveladora. No sólo no conocía a uno de los cabezas de cartel de la cita bilbaína, sino que no conocía ni a un tercio de los grupos.

 

Aunque es un caso extremo (mi amigo es tan despistado que una vez se pasó dos veces su parada en la línea circular del metro de Madrid), hay muchos jóvenes que asisten a los grandes festivales sin conocer ni un solo acorde de los grupos que allí se dan cita. Algunos lo verán como un acierto de los grupos ‘pop-indie-modernos’ del panorama musical internacional, que gracias a melodías pegadizas, letras ambiguas y atractivas, y una estética depurada, han conseguido atraer a un público masivo a estos eventos. Sin embargo, la conversación con mi amigo me hizo recordar las reflexiones que el periodista Víctor Lenore hace con bastante atino en su libro Indies, hipsters y gafapastas (Capitan Swing, 2014).

 

Lenore hace un repaso por la historia contemporánea del mundo de la música pop para llegar a una conclusión: el ‘indie’ es popular porque no molesta a nadie, ni a las empresas, ni a los gobiernos, ni a las altas esferas de la sociedad en general. Si hacemos un repaso de la evolución de los gustos musicales en España (alejándonos de la profundidad de las reflexiones del periodista soriano), vemos un crecimiento bastante masivo de la cultura ‘hipster’. Por ejemplo, cada vez más marcas de ropa escogen a grupos de esta corriente musical para sus campañas y se erigen como vestimenta oficial de este ‘colectivo’ social.

 

En la actualidad, las personas no conocen a las marcas por la música, sino a la música a través de las marcas comerciales. El simple hecho de asistir a un festival de música como el FIB, el BBK Live, el Arenal Sound o el Sonorama Ribera, que hasta hace unos años era concebido como algo ‘hippie’, se ha convertido en un plan bastante atractivo (y asequible) para la mayoría de los jóvenes españoles. Lo que antes era el disfrute de unos pocos, ahora se ha convertido en una moda ‘cool’.

 

Esta situación ha doblado el diámetro de un círculo vicioso. La 'ignorancia' musical de los recién llegados a este mundillo contrasta con la 'cultura de los modernos’ de toda la vida. Dentro de la filosofía ‘hipster’ está el deseo (casi obsesión) de ser diferente del resto de seres humanos. La llegada de nuevos ‘fieles’ a este mundo ‘cool’ provoca, no sin cierta ironía, que los anteriores habitantes de festivales veraniegos renieguen de grupos y estilos que hasta hace dos días eran una inspiración para ellos. Sin ir más lejos, las primeras ediciones del BBK Live contaron con grupos archiconocidos como Marilyn Manson, Red Hot Chili Pepers o Metallica. Poco a poco, los carteles han ido virando hacia una escena mucho más alternativa, aunque puede que la crisis y la subida del IVA hayan tenido culpa.

 

Dando por buena la hipótesis de que la música ‘indie’ atrae a las masas porque sus melodías son atractivas y sus letras no molestan a nadie, falta saber por qué a los festivales cada vez acude más gente con un desconocimiento total de los grupos participantes.  Es evidente que si el BBK Live fuera un evento de ‘punk’ radical vasco, la afluencia de público caería de manera estrepitosa, pero tengo la impresión de que más del 50% audiencia que este fin de semana se acercará a Bilbao conoce más canciones de grupos como Eskorbuto o La Polla Records, que a cabezas del cartel de 2015 como Future Islands, Disclosure o Azealia Banks.

 

Dice Nando Cruz en su libro Pequeño Circo (Contra Ediciones, 2015) que “los 90 fueron el caldo de cultivo de todo lo que tenemos hoy: un frágil tejido independiente, unos medios seguidistas, una estructura piramidal en cuya cúspide están los festivales y un circuito de conciertos en el que las marcas inyectan el capital como en los años 80 hicieron los ayuntamientos (…) Al final, nada cambió. Sólo el decorado”. La música en la escena ‘indie’ se ha quedado en un segundo plano para dejar paso a una moda en la que el ‘postureo’ y lo ‘cool’ se han convertido en protagonistas. Como dice Vetusta Morla en Copenaghe: “dejarse llevar suena demasiado bien”.

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