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El callejón de Hamel

Fernán Labajo

Bendito Culebrón

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La quinta temporada de Juego de tronos ha conseguido frenar la trama y no se ha dejado llevar por esas ansias de querer sorprender en cada capítulo. Pero corre el riesgo de tener un final poco creíble

Al igual que la gran mayoría de la población mundial, tengo una terrible adicción a las series norteamericanas. Cuando termino una, y pienso que he conseguido desengancharme, aparece otra que me llama la atención y vuelvo a caer en la tentación. He llegado a encadenar 12 series diferentes en una misma semana. Todo ello me llevó a tomar la decisión de, cuando encuentro una serie que me gusta, esperar a que termine y verla del tirón para no tener que cubrir el ‘mono’ con otra y que todo se convierta en un círculo vicioso. Sólo una ha conseguido mantenerme cada semana pendiente de la pantalla: Juego de tronos. Aunque, siendo sincero, no ha sido porque no pueda estar quince días sin saber qué demonios ocurre, sino porque en este mundo globalizado de redes sociales, mensajería instantánea y, lo más importante, bocazas incurables, es imposible no comerte uno de esos llamados ‘spoilers’.

 

Como suele ocurrir, fui de los tardíos. De los que la empezó a ver una vez que la segunda temporada había concluido. Por supuesto, supe antes de tiempo como terminaban ambas, por lo que la capacidad de sorpresa de esta serie nunca tuvo efecto en mí. Aunque el vestuario, la puesta en escena, las interpretaciones y ciertos pasajes del guión, consiguieron engancharme desde el principio, siempre la he visto muy lejos de otras grandes producciones como Los Soprano, Breaking Bad o The Wire. La mejor definición que he escuchado de esta historia, me la dijo un amigo: “Es un culebrón”. Es cierto, lo es. Bendito culebrón.

 

Esta temporada, la quinta, me ha parecido la más interesante de todas, a pesar de las críticas. Ha conseguido frenar la trama y no se ha dejado llevar por esas ansias de querer sorprender en cada capítulo. Cierto es que ha seguido la sangre y el sexo pero, salvo en el último episodio, se ha mantenido en un segundo plano en favor de un crecimiento necesario en algunos personajes. Eso sí, si los guionistas siguen cargándose personajes, muy pronto sólo van a quedar extras, por lo que tendrán que recurrir a resurrecciones tan milagrosas como difícilmente justificables. Si ha habido una sombra que ha acompañado siempre a esta historia, ha sido la de tener un final tan desastroso como el de otras series que consiguieron la atención mundial, como Perdidos o Prision Break.

 

Nada más cerrar la quinta temporada, los fans ya están deseosos de que empiece una sexta. Algunos esperan un giro de la trama en favor del bien. Yo sólo pido que no den bandazos sin saber qué rumbo debe tomar la serie. Porque, ya que hablamos de culebrones, no me gustaría tener que decir un día que Amar en tiempos revueltos tuvo un final más acertado. 

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