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El blog de Merchán

Luis Alberto Merchán
Blog de Luis Alberto Merchán

Una tarde de fiestas

Valladolid, una tarde cualquiera. Se celebran las Ferias y Fiestas de Nuestra Señora de San Lorenzo. Quien suscribe, aunque salmantino que ejerce como tal, vive en la ciudad del Pisuerga por motivos laborales.

No me considero extraño en Valladolid, pero tampoco me considero parte de Pucela, aunque son ya diez los años que llevo aquí. Al grano, que no me quiero ir por las ramas, o por una diatriba antipucelana que podría estar esperando el lector charro que haya visto el inicio del post. Bueno, permítanme que antes de ir al grano, siga con la pequeña digresión. A veces uno se pregunta a santo de qué vienen las rencillas, los problemas de la gente de Salamanca con la gente de Valladolid. Constato que no es recíproco. Al menos eso creo, de verdad. No lo sé, pero supongo que es fruto de trasnochados prejuicios localistas... Igual podría hablar de las rencillas de los burgaleses o los leoneses con los vallisoletanos. Y no sólo pasa aquí. Es muy español eso de pelearse con la comunidad vecina, la ciudad del al lado o el pueblo colindante. Lo más curioso de todo es que en 2011, cuando la soberanía de los países ya no reside en sus naciones, cuando desde fuera se decide qué hay que hacer o deshacer, perder el tiempo en pelearnos con los vecinos cercanos es un gasto inútil de energías dignas de mejor y más provechoso fin.

Acabó la digresión. En esta tarde de Ferias quien suscribe ha salido a comer unos pinchos a las casetas con unos amigos. Hay ambiente sí, no se va a negar, pero también hay suciedad por todos lados: en el suelo, en las aceras, en todas partes. Los precios son injustificadamente caros para lo que se ofrece a cambio de ellos.

Camino de casa, quien suscribe, acompañado de su pareja, va a hacer unas compras necesarias para el hogar. Pasan por una zona céntrica de la ciudad. Observan una pareja de chavales. No son quinceañeros, rondan la veintena, él es mayor que ella, que posiblemente es menor de edad. El chico está de espaldas a la acera, en la parte de fuera de la puerta de un local comercial en alquiler. No hace tanto, ahí había una tienda de muebles de cocina. No hace tanto. La chica habla con toda la normalidad con el chico y él le contesta con idéntica naturalidad... eso sí, está orinando en la cerradura de la puerta. ÂżPor qué? Pues porque sí, porque él lo vale, porque le da la gana, porque quiere Âżno?.

Unos pasos más allá, quién suscribe entra en un supermercado cercano, de una cadena cuyos dueños provienen del Levante (ya la han reconocido, Âżno?). Una riada multicolor los envuelve. Âżqué ocurre? Âżqué pasa? Âżuna manifestación para mejorar las condiciones de vida de todos? Âżquizás una para exigir el mantenimiento de nuestra soberanía política? No, qué va, algo mucho más prosaico. Una pléyade de chavales de todas las edades (pero más bien jovencitos) arrasa con las existencias de las bebidas alcohólicas de la tienda. Pero no sólo del vino cutre para hacer el calimocho. Caen las botellas de gĂźisqui, ginebra, vodka, ron€Ś correlativamente caerán las borracheras, vomitonas y, en última y más triste instancia los comas etílicos en el hospital.

Las fiestas hay que celebrarlas, sí. Hay que disfrutarlas, evidentemente, pero supongo que algo estamos haciendo mal todos para que las cosas sean de esta manera. Para que la sociedad viva de esta manera cuando ha de llegar el momento en el que todos nos esforcemos por regenerar nuestra Sociedad, nuestro país, nuestra manera de vivir, en definitiva. Lo malo es que eso será más pronto que tarde. Y si no, al tiempo. Lo veremos.

Alguno pensará, Âży qué tiene que ver esto con Salamanca? Y yo contesto: si cambiamos la primera palabra del post y ponemos nuestra ciudad Âżalguien cree que la cosa descrita sería muy distinta? Sinceramente, yo creo que no, Âży usted?.

ÂżNo estás de acuerdo conmigo? Me parece estupendo, si quieres debatir sobre este u otros asuntos podremos hacerlo en la línea de comentarios de ahí abajo.

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