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Luis Alberto Merchán
Blog de Luis Alberto Merchán

Siento vergüenza

La verdadera lealtad no es aquella sumisión dócil, ciega y arrastrada por la que el lacayo alaba a su señor en todo lo que hace o deshace, sino que se basa en el respeto y en la colaboración. La verdadera lealtad no se basa en callarse cuando sabes que las personas en las que has depositado tu confianza la traicionan, sino en tomar la palabra y decir lo que uno siente, con respeto, pero con la dureza que exigen las circunstancias en las que se está. La verdadera lealtad no es servil, sino libre, pues no se basa en el interés sino en la convicción íntima de que lo que se sigue, es lo correcto.

La verdadera lealtad se debe cuidar como oro en paño, pues es aquella que no te falla nunca cuando la que sí que falla es la basada en las bicocas o las dádivas. La verdadera lealtad se riega con otra lealtad correspondiente y no se compra. La verdadera lealtad es un bien cada vez más escaso en una Sociedad en la que lo que impera es lo cómodo, el hedonismo y la falta de compromiso. La verdadera lealtad es la del que aconseja con criterio, alejándose del papagallismo de la consigna y el grito. La verdadera lealtad hay que apreciarla, porque cuando vienen mal dadas, es lo que queda.

 

 

La verdadera lealtad es la de aquel que se sacrifica, que sufre en sus propias carnes las pullas que van dirigidas a otros y que, aún así, lo soporta de buen grado. La verdadera lealtad, en resumen, es un tesoro. La lástima es que quien tiene la enorme fortuna de tenerla no la sepa valorar, la desprecie y la humille. Y no se desprecia y se humilla sólo de manera directa, sino también por omisión de lo que se debe hacer.

 

No vivimos tiempos en los que sobren los amigos, no. Al contrario, vivimos momentos cruciales en los que todo hombro que sostenga tu armazón es imprescindible. La Patria, sí, sí ese concepto que a algunos repugna y que a otros nos llama al más profundo respeto y sacrificio si lo exige, está seriamente amenazada, se desmorona sin remisión. Y la amenaza no es militar ni violenta, sino profundamente cancerígena, porque está dentro de los tuétanos sociales. Mal momento este para que se demuestre que quienes nos representan no son dignos de nuestro apoyo.

 

No hay que dar un paso al frente, no. Hay que dar una marcha de muchos kilómetros. Si no se hace pronto, ya no quedará nada para lo que sacrificarse. Ni aquello a lo que ser leal, más allá de la Nación. Al tiempo.

 

PD: Bajando al suelo. Como Gallardón no promueva YA el indulto de Emilia Soria, la chica que gastó en pañales y comida para sus dos hijos pequeños, 200 euros de una tarjeta que se encontró en la calle, y por lo que ya ha pagado en multas bastante más que esa cifra, además de haber prestado servicios a la comunidad, demostrará algo que espero, no sea cierto: que para algunos, la justicia, no es justicia, sino venganza y que para otros es algo de lo que REIRSE IMPUNEMENTE.

 

¿No estás de acuerdo conmigo? Me parece estupendo, si quieres debatir sobre este u otros asuntos podremos hacerlo en la línea de comentarios de ahí abajo.

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