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Luis Alberto Merchán
Blog de Luis Alberto Merchán

ÂżQué ocurre con los jueces?

Uno de los pilares básicos de cualquier Estado de Derecho es, sin duda alguna, el que todo esté sometido al imperio de la Ley, el Principio de Legalidad. Dicha Ley, ha de ser escrita, es decir, no valen las meras costumbres, estricta, lo que quiere decir que ha de estar redactada en los términos más claros posibles, para que no de pie a interpretaciones peregrinas, y ha de ser previa, vamos, que si no está en vigor en el momento en que uno realiza un acto o se encuentra en una situación, aquella no desplegará sus efectos jurídicos sobre ellos.

Todo ello está contado a grandes, qué digo grandes, enormes, qué digo enormes, ciclópeos rasgos, por lo que desde aquí pido la absolución en caso de que algún jurista tenga a bien leer mis escritos. A pesar de todo, yo creo que se entiende Âżno?, pues eso.

El cumplimiento de la Ley, que debe presidirlo todo en un país serio, se conjuga con la separación de los tres poderes del Estado: el Legislativo, que crea esas leyes, el Ejecutivo, que lleva a cabo los actos de gobierno y el Judicial, que pretende que se cumpla lo que es legal y se corrija lo que es ilegal. Pido al hipotético politólogo que sufra mi pluma idéntica clemencia a la demandada anteriormente por los mismos hechos.

La cuestión es que la constante interferencia del segundo de los poderes en los otros dos, convierte a esta nuestra España, en una país difícil de vivir.

Ahora bien, Âż y qué dicen los jueces? Âżlos que tienen la función de juzgar y de hacer ejecutar lo juzgado? Pues sinceramente, poca cosa. El poder más importante, desde mi punto de vista al menos, está mal dotado humana y materialmente, es poco respetado, sus resoluciones, por el hecho de ser normalmente exageradamente tardías muchas veces hacen más daño a las víctimas que justicia con los condenados.

No quiero decir que los jueces sean buenos o malos en general, líbreme Dios. Generalizar es siempre una cosa absurda y, por definición, equivocada. De los miles de jueces y magistrados que habitan en nuestro país, los habrá buenos y malos, profesionales e incompetentes, diligentes y perezosos. Lo mismo se podría predicar de cualquier grupo humano homogéneo.

La pena es que, cuando tanta gente deposita en ellos su fe, cuando tantos que han perdido tanto esperan que ellos sean justos, en muchas ocasiones nos salen con remilgos falsamente garantistas cuando no se la cogen con papel de fumar.

El último ejemplo de esto lo tenemos en la ciudad amiga de Murcia. Allí la Audiencia Provincial, a cuyo servicio se halla un juez (en su momento instructor de la Audiencia Nacional) de infausto recuerdo para las víctimas del 11-M, nos viene a decir que llamar zorra (ustedes perdonen) a una mujer a la que , además, estás amenazando, no es insultarla, sino halagar su inteligencia.

Átenme esa mosca por el rabo, si pueden claro.

ÂżNo estás de acuerdo conmigo? Me parece estupendo, si quieres debatir sobre este u otros asuntos podremos hacerlo en la línea de comentarios de ahí abajo.

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