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El base atómico

Saúl Asensio

La taberna de Mos Eisley

Después de algunos meses sin escribir retomo el blog que me brinda Tribuna de Valladolid, medio al que agradezco su espera. Confío en despertar el interés del lector a lo largo de esta segunda etapa de El base atómico, en la que he decidido ampliar la temática aunque seguiré escribiendo mucho del baloncesto de ayer y de hoy y rememorando alguna que otra batallita.

Quiero empezar dando un repaso a la coyuntura que vivimos, son tiempos convulsos e inciertos. Los terribles recientes atentados como el de Estambul o Bagdad, unidos a otros anteriores, y también los disturbios entre hooligans en la primera fase de la Eurocopa, han agitado por enésima vez el debate sobre la disyuntiva entre seguridad y privacidad. Una primera pregunta me viene a la cabeza, ¿a estos motivos se podrían agarrar los gobiernos para ejercer un mayor control sobre las personas e incluso manipularlas?  

 

Sin entrar en teorías de la conspiración, creo que estamos lejos, o eso espero, de ser vigilados por el Gran Hermano de Orwell o el modus operandi de la Stasi de la RDA. Si no, se habría podido predecir que de la taberna de Mos Eisley -ya sabéis, la de Star Wars IV- que tiene el ojo clavado en nosotros, saldría a la Eurocopa lo peor del hampa radical, algo que hay que controlar con mano dura y que no puede volver a suceder. Paramilitares rusos amparados por el ministerio de exteriores del país del Este, han puesto en jaque a autoridades francesas y enviado al hospital a los temidos hooligans ingleses. Y además la violencia absurda contagiándose a otras aficiones como turcos, croatas, húngaros… Cuando la mayor amenaza es el terrorismo yihadista con su matriz perdiendo terreno en Siria, Irak y Libia, pero muy activo sembrando el terror a lo largo del planeta, se reproduce esta rivalidad sin sentido. Incomprensible ya que el enemigo parecía estar definido.

 

Qué se debatió para erradicar la lacra; expulsar a las selecciones cuyos aficionados se comportaran de manera violenta. Esta medida ha resultado eficaz en alguna situación pasada pero… ¿es justa? Ninguna culpa tiene la mayoría de seguidores que conviven adecuadamente y sólo piensan en divertirse con su pasatiempo preferido. Se merecen ir al estadio sin miedo y utilizar el deporte como válvula de escape a las dificultades cotidianas. Y tampoco pueden perder todos aquellos que se benefician de estos eventos lícitamente. Al menos la amenaza de UEFA a varias federaciones y la pronta eliminación de los rusos evitó males mayores.

 

La ecléctica taberna de Mos Eisley ha generado más sorpresas. El Brexit y la repetición de las elecciones generales en España han tenido puntos comunes, con las encuestas jugando un papel decisivo porque en ambos casos han fallado estrepitosamente. La cruda realidad ha dado un vuelco a las expectativas para bien o para mal.

 

Tan desencaminadas han ido que han confundido al ciudadano. Supuestamente en Reino Unido el Brexit estaba por detrás del Remain en las preferencias. Al día siguiente triunfó la ruptura con Europa y pilló tan desprevenidos a los británicos que muchos no sabían tras hacerse públicos los resultados si seguían perteneciendo a la Unión Europea. Tal era su despiste que según ha informado google, el número de preguntas relacionadas con el Brexit en los días siguientes al referéndum superaba la búsqueda de pornografía, algo inédito hasta el momento.

 

¿Miedo, relajación, ignorancia? Lo cierto es que da la sensación de que en muchos casos los británicos no sabían lo que votaban y eso quedó reflejado en la sorprendente entrega de más de un millón de firmas para que se repitiera el referéndum una vez conocido su resultado. Algunos siguen insistiendo en ello. Muchos tampoco tenían claro si esta votación sólo era consultiva o vinculante, si se iban ya de la UE o se quedaban, si era una decisión por algún tiempo o para siempre…

 

Por ello y al margen de la irresponsabilidad manifiesta del premier británico David Cameron por convocarlo, por cierto como aviso a navegantes Cameron ha presentado su dimisión, y de que la decisión final de refrendar el Brexit le corresponda al Parlamento, es conveniente que alguien se informe bien antes de tomar partido en un sufragio así. Fijaos que el Brexit ha triunfado en la Inglaterra profunda por un sentimiento patriótico, xenófobo con la inmigración de la Europa del Este -alucinante en un país colonial y multicultural- y entre otras cosas, contra la inflación que representa comprar productos en la UE y menos a la Commonwealth. Y ese voto decisivo ha dejado sin el futuro que querían al 75% de jóvenes británicos menores de 25 años que se inclinaron por seguir estando en Europa así como a gibraltareños, escoceses, norirlandeses y londinenses que los secundaron. Curioso ¿no?

 

En lo que nos toca más de cerca, este Brexit quizás suponga en dos años la ruina para algunas empresas de Castilla y León que dependen comercialmente de las exportaciones a Reino Unido. Y la afectación al turismo está por ver, ya que la devaluación de la libra podría a medio plazo cortar el flujo de 3.500 visitantes británicos año a nuestra región. 

 

Sobre las obligadas segundas elecciones generales patrias otra sorpresa. La pifia de las encuestas que antes señalé trajo consecuencias. En mi humilde opinión condicionaron el voto por la relajación de unos y la activación por el miedo al “coco” de otros. Interesante calibrar la responsabilidad de las empresas que encuestan, al margen del pastón que cobran, aún reconociendo que es imposible ser riguroso si a pie de urna no se dice la verdad. Pero es que la alerta sobre el supuesto sorpasso venía de atrás.

 

El debate final intentó polarizar la decisión entre el incontrolable auge del denominado populismo y la derecha de rancio abolengo. Un error. Pero aunque lo primero hubiera triunfado, había aspectos que a mí me hacían estar tranquilo. España no es Venezuela, que ciertas competencias estén transferidas a las Comunidades Autónomas no hacen posible los cambios a corto plazo y encima todo está muy regulado por el paraguas de UE. Si no que se lo digan a los griegos, donde la formación Syriza no ha podido aplicar su programa electoral ya que se ha encontrado con la férrea legislación de Bruselas. Acordarse de lo sucedido en la Alemania de Entreguerras ha sido la cuadratura del círculo para atemorizar a las masas. Otra visión es que a las izquierdas les ha podido más en estos meses su programa e ideología que el pragmatismo. De lo contrario, hace meses que estarían gobernando.

 

Como en Gran Bretaña, el voto de la España rural inclinó la balanza del lado conservador, pero los resultados son diferentes en ambos casos, aquí indica continuidad confirmando en el gobierno a los que estaban, salvo sorpresa y a pesar de la corrupción, y en tierras anglosajonas una ruptura de consecuencias imprevisibles con el sistema comercial, social, político y financiero europeo.

 

Por la citada polarización e independientemente de lo que ha sucedido, creo que los lobbies salidos de la taberna de Mos Eisley en las últimas votaciones han sido la paranoia y el escepticismo, que han crecido como una Quinta Columna generando el pensamiento de que pasara lo que pasara nos aguardaba el abismo. En estos planteamientos hay mucho de frustración o fracaso personal y la intención de poner a las minorías denigradas de siempre y supuestamente desestabilizadoras, en el punto de mira.

 

Pero yo quiero ser positivo de cara al futuro, subrayar que hemos podido volver a votar y recordar a muchos de nuestros viejos. Ellos se dejaron la vida para que nuestra generación tenga una urna donde poder elegir. Les debemos mucho, como poco respetar su memoria y honrar aquello por lo que lucharon, esta imperfecta democracia.

 

 

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