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El base atómico

Saúl Asensio

En busca de la tierra prometida

Pisuerga detail

El play off que vive ahora mismo el Club Baloncesto Valladolid es una oportunidad para que el equipo se reconcilie con la afición, momento de vivir emociones en el Pabellón Pisuerga.

El pasado viernes en Pisuerga recuperé emociones. Sentí estar inmerso en otro momento único. Quizás sea exagerado, el tiempo lo dirá, pero creo que vivir nuevamente un play off en estas circunstancias es una oportunidad para un club que a duras penas puede ofrecer un futuro, ya que todo es ahora una incógnita.

 

Debo reconocer que esta temporada tan sólo había acudido a dos partidos. Mi intención ha sido estar alejado del día a día para completar mi reciclaje tras marcharme hace año y medio. Tomar distancia me ha permitido ver lo que ha rodeado al club sin detalle pero con una perspectiva diferente que me ha ayudado a asimilar muchas cosas. Sin embargo, no relativizo la gravedad de la situación por la que ya desde unos años pasa la entidad y que no ha hecho más que agravarse con el paso del tiempo.

 

Pero es verdad que lo que viví el viernes me hizo abstraerme durante dos horas del presente y, como digo, acabar de reconciliarme en parte con mi pasado. Vinieron a mí recuerdos mágicos de otras épocas. Así envuelto en esa atmósfera pude sólo centrarme en sentir aquel momento.

 

Aprecié la competición en su momento cumbre, reviví la emoción que ofrece el baloncesto y vi la que podría ser la última oportunidad de un histórico jugando por ascender. Me sentí en familia y en el cómodo anonimato local, disfrutando de algo que no es llamativo ni importa fuera de Valladolid, pero que es muy profundo para los que sentimos al club y amamos nuestro deporte.   

 

Me encontré a un equipo que mantiene sus señas de identidad y en el que todos nos reflejamos. Que contra la lógica se abstrae de su padecimiento cuando se apagan los focos de la pista y nos regala lecciones de entrega y profesionalidad. No importa que no sobre el talento, es secundario que las lesiones hagan que falten jugadores importantes o que los impagos dificulten lo cotidiano. Los componentes del equipo se enfundan su armadura de gladiadores, lo dan todo, y por un rato nos parece, como diría nuestro añorado Andrés Montes, que la vida puede ser maravillosa.

 

El aderezo a la intachable actuación del conjunto morado es el sabor Adecco Oro. Un baloncesto menos vistoso que el de ACB que tanto hemos tenido por Pisuerga. Que sacrifica el talento individual en beneficio del grupo, un juego de rachas, intenso, valiente, arriesgado, a veces impreciso y a ratos de ida y vuelta. Pero en definitiva una puesta en escena honesta y espectacular por lo emocionante y un estilo menos encorsetado y más polivalente que el que se practica en la máxima categoría. Un juego de hombres currantes con ambición sana que buscan hacer realidad el sueño de la tierra prometida que es la Liga Endesa.

 

El partido contra Navarra se sacó adelante con una rotación estudiada aunque mermada por las lesiones de Iván Martínez y Javi Lucas y con el jugador más decisivo de la plantilla, Román Montañez, lesionado por su luxación en un dedo. Lo mismo ha ocurrido en el segundo choque disputado antes de ayer en el Anaitasuna, pero el sacrificio del equipo ha hecho que también se sacara adelante. 2-0 y a semis. Román fue determinante en Pisuerga con dos triples en el momento justo. Pino en Pamplona por lo mismo. Uriz y De la Fuente remataron a Planasa. Ahora a seguir soñando, esta vez en 5 episodios, ante el ganador de Palencia o Breogán.

 

El reflejo del espíritu de la plantilla se traslada a la grada. Comunión perfecta entre público y jugadores que ha ido consolidándose jornada a jornada. La afición de Valladolid no regala nada pero el equipo se la ha ganado y ésta, agradecida, sabe premiar el esfuerzo creando un gran ambiente. La asistencia es escasa para lo que merece el cuadro de Fisac pero los que están se hacen sentir.

 

Comprobé cómo la presión de Pisuerga hace mella en el rival, que no juega cómodo, y también cuando es necesario en el arbitraje. Reminiscencias de tiempos mejores. Como prefiero ver la botella medio llena, sobre todo me alegro por los que van y los abonados que no han fallado y que desde octubre están participando de las muchas victorias. Esta plantilla les engancha porque tiene alma y siempre compite. Se merece un monumento por dar un curso magistral de como sobreponerse jornada a jornada a las adversidades. En eso, esta campaña está siendo para poner en los manuales.

 

Quiero seguir disfrutando de este CB Valladolid y que el play off no se acabe. Lo quiero hacer sin pensar que pasará dentro de unas semanas. Por eso animo a ir a Pisuerga y saborear cada minuto. Pase lo que pase la temporada es ya de sobresaliente y sin presión, la única necesidad es la reivindicación propia y personal para unos jugadores que se han ganado un mejor porvenir a base de sacrificio. En eso también sale ganando el club, que maquilla su imagen en un delicado momento.

 

Insisto en aprovechar la oportunidad ya que es entendible que el final de campaña apunte a una desbandada de unos jugadores y un técnico que se han revalorizado. Y es que el desgaste de este año ha pasado factura sin duda y lo hará también a la hora de tomar decisiones de continuidad, aunque se esté trabajando para que Pucela sea una opción saludable.

 

De cara a la atractiva eliminatoria de semifinales ante Palencia o Breogán sigamos haciendo un ejercicio de abstracción y dediquemos nuestros sentidos al presente. Todo lo que rodea a este club y sobre todo en relación al advenimiento de buenas noticias va tan lento que exaspera. Así, mejor no darle vueltas. Queda poco para que acabe el show y yo no querría perderme ni un detalle en la cancha de este equipo. Todo lo que se pueda alcanzar es un premio para ellos y un regalo para nosotros.

 

Seguiremos pues pendientes de esta buenísima película de ficción que son las eliminatorias por el ascenso a la Liga Endesa aunque una vez que se acabe la proyección, llegue donde llegue el equipo, tras la blanca pantalla nuestros ojos no alcancen a ver la tierra prometida. Tratemos de mantener la fe en que no nos espere sólo oscuridad y abismo.

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