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El base atómico

Saúl Asensio

Coach Comas, un tipo irrepetible

Hoy quiero dedicar este post a un entrenador al que siempre reservaré un lugar especial en mi corazón y del que ahora me atrevo a escribir al poco del primer aniversario de su fallecimiento. Desde estas líneas me gustaría ofrecerle mi modesto tributo.

 

Con 745 partidos dirigidos en la ACB Manel Comas era un referente del baloncesto allá donde iba. En medallas o títulos no pudo llegar al nivel de técnicos míticos como Diaz-Miguel, Lolo Sainz o Aíto García Reneses, pero en conocimiento por parte del aficionado, en mi opinión y experiencia, como poco les igualó a todos.

 

Su cara de pocos amigos, su media melena rojiza y su poblado bigote que se tornó blanquecino con el paso de los años, le hacían inconfundible. Para todos era El Sheriff desde que alguien le puso ese apelativo. Fumador empedernido hasta sus últimos años, ese peligroso vicio le pasó factura conduciéndole hacia la enfermedad que acabó con su vida.

 

Manel era temperamento y mala leche concentrada en un menudo cuerpo, donde se escondía oculta una personalidad humana y afable, cordial y cariñosa en la corta distancia. No eludía intercambiar impresiones ni recordar batallitas. Eso le encantaba. Ahí estaba en su salsa y se transformaba siendo muy accesible para cualquiera.

 

Así era Manel, al que siempre echaré de menos y al que el baloncesto español nunca se cansará de agradecer el haber sido uno de los causantes con nombre propio, al margen de los éxitos de la selección, del boom de nuestro querido deporte a principios de los años 80. Comas genio y figura. Un tipo único.

 

Llegó a Valladolid en el verano de 2003. Tras una difícil temporada, al club le falló la renovación de Luis Casimiro y entonces Sunil Bhardwaj, recién nombrado director deportivo, realizó en secreto un viaje urgente a Barcelona para reunirse con él y tratar de convencerle para aceptar la oferta morada. Se necesitaba un técnico prestigioso, respetado en la ACB y que supusiese un golpe de efecto entre la afición. Era el candidato ideal y la estrategia de Bhardwaj fue un acierto. Comas fue seducido y no precisamente en lo económico, para unir su destino por dos temporadas a un histórico, como también lo era él.

 

En lo personal estar cerca de Manel esos dos años fue una suerte y una especie de sueño hecho realidad. Nunca dejé de aprender cosas. Cuando apareció en las oficinas del club por primera vez sentí un cosquilleo especial en el estómago. Iba a trabajar con Manel Comas, alguien a quien admiraba y al que había seguido desde mi infancia como aficionado al baloncesto, tanto en su trayectoria en los banquillos como en los medios de comunicación en su faceta de comentarista. Rápidamente conectamos e interioricé mi entusiasmo para ponerme a su disposición de la manera más profesional posible.

 

Lo primero que nos recordó en su estreno en Pucela fue el triple de Samuel Puente desde pista propia al Licor 43 que él dirigía. Casi habían pasado 20 años de aquello y aún le escocía. Yo también me acordaba desde luego, ya que salté como un loco en la grada de Huerta de Rey celebrándolo y disfrutando con aquella victoria mágica.

 

Presentado oficialmente, por la noche salí con Comas a dar un paseo por el centro de Valladolid y tomar algo con Sunil y otra gente del club. Todo el mundo se giraba al verle pasar por la calle y le señalaba, esa intensa atención que generaba entre gente de todas las edades era algo que todavía yo no había experimentado con nadie

 

Aquella velada ya salió en la tertulia la “táctica del conejo” y escuchamos varias batallas. También otras anécdotas de su etapa como comentarista en Antena 3 radio con su amigo Siro López para los partidos del Barça de la Copa de Europa. Le saqué además quién fue su pareja de americanos preferida a los que entrenó. No me sorprendió que fueran Mike Phillips y Craig Dykema, a quienes exprimiera en el Licor 43 de Santa Coloma, club desde el que saltó a la fama.  

 

Deportivamente su primera temporada en el CB Valladolid fue mas exitosa y reconocida. La segunda yendo de más a menos generó muchas dudas hasta el fichaje salvador de Carlton Myers. Pero el peor momento sin duda fue la muerte de su hijo menor Marc en accidente de moto en septiembre de 2003. El mayor shock a lo largo de su vida. Manel quedó extremadamente tocado y después de unos pocos días de luto pronto buscó en su oficio de siempre el bálsamo de escape a la cruda realidad que estaba viviendo. Desde el club tratamos de ayudarle en todo lo que estuvo a nuestro alcance y hacerle su sufrimiento más llevadero.

 

Aquel triste hecho lo tomé como algo propio y dediqué buena parte de las horas de trabajo y también de mi tiempo libre a llamar a los medios de comunicación de toda España y trasladar mensajes de agradecimiento por parte de Manel por las innumerables muestras de condolencia recibidas. La verdad es que fue una avalancha de la que Comas quedó profundamente agradecido.

 

En otros ámbitos también descubrí a una interesante persona muy entendida en música, de hecho fue batería en un grupo, seducida por la naturaleza y la historia y gran amante de la buena cocina. Disfrutaba de las excelencias culinarias de todos los lugares donde había trabajado. En una entrevista le oí decir que le encantaban las mollejas. Ni corto ni perezoso le dije a mi suegro, un especialista en este tipo de cocina, que le preparara un kilo. A Manel le gustaron tanto que se quiso quedar hasta con el tupper.    

 

De las varias anécdotas en la cancha que dejó en su periplo pucelano me quedo con una en un entrenamiento durante su primera temporada en el club. Después de la sesión, Comas se dirigió al botiquín donde los jugadores ya hacía rato que degustaban unas pizzas. Cogió un gran pedazo y entonces Iván Humanes, un temporero destacado en ligas LEB que vino para echar un cable por las lesiones, le pegó por la espalda una fuerte palmada mientras le decía “joder, como nos gusta la pizza tronco”. Manel se giró despacio mientras le echaba una mirada asesina que dejó tieso a Humanes quien se dio la vuelta y salió del botiquín pensando en la cagada que se había montado. Entonces el coach nos soltó “en 25 años de carrera es la primera vez que alguien me llama… ¡¡tronco!!…”. Fantástico y genial Manel.

 

Su salida del club aún me causa tristeza ya que no fue la que se habría merecido. Hacia el final de la temporada 2004-05, al parecer el director deportivo había ofrecido a Comas la renovación por dos años pero al tiempo el presidente tenía otra idea. Javier Herrero había decidido no prolongar la vinculación y ofrecer el puesto en el banquillo morado a nuestro paisano Paco García, quien fue segundo del catalán en Vitoria. Este hecho dolió mucho a Comas y deterioró del todo la relación ya poco fluida con el máximo mandatario castellano. A ello se unió una rueda de prensa de despedida muy tensa en la que Manel cargó contra algún periodista diciendo “a mí no me vale lo de poli bueno poli malo” y reprochando el poco respeto recibido por un sector de la prensa en sus últimos meses en la entidad del Pisuerga.

 

Modestamente, hoy me apetecía compartir este pequeño reconocimiento hacia Comas con los que leéis mi blog. Recordar su figura con sus muchas luces y pocas sombras y la contribución al baloncesto de alguien irrepetible a quien guardo un profundo cariño y al que nunca olvidaré. Por eso me gustaría dedicarle mi última frase de este post.

 

Gracias por hacerme mejor Manel. Hasta siempre coach.

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