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El base atómico

Saúl Asensio

Blade Runner: Descubriendo replicantes

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Para mí una obra maestra de ciencia ficción que evolucionó de película de culto a clásico, a medio camino entre el cine de autor y el comercial, y que posee una de las partes finales más bellas y recordadas de la historia del séptimo arte.

Hoy estreno otro de los temas que me apasionan y os traigo una de cine, pero de cine del mejor y con mayúsculas. Para mí una obra maestra de ciencia ficción que evolucionó de película de culto a clásico, a medio camino entre el cine de autor y el comercial, y que posee una de las partes finales más bellas y recordadas de la historia del séptimo arte.

 

Estoy hablando de Blade Runner. La primera vez que la vi siendo un chaval no pude retirar los ojos de la pantalla, me generó tal cantidad de sensaciones y me maravilló y abdujo tanto su atmósfera que me pasé un tiempo de mi adolescencia haciendo test Voight-Kampff a mis amigos y amigas y diciendo que quería estudiar ingeniería genética cuando llegara a la universidad.

 

Pero Blade Runner no es una película de entretenimiento y aventuras al estilo ochentero, contiene una potente carga filosófica en su argumento y cuestiones por las que se ha preguntado o han interesado siempre al ser humano; la muerte, el creador, el alma, el amor, la ecología, la deshumanización, el control de la sociedad o la manipulación biogenética. Temas que hoy en día, más de 30 años después de su lanzamiento, siguen de plena actualidad.

 

Basada en la novela Sueñan los androides con ovejas eléctricas de Philip K. Dick, Blade Runner fue dirigida por Ridley Scott y estrenada en 1982. En su estética reúne influencias del comic (Moebius-The long tomorrow) y de clásicos anteriores (Metropolis-Fritz Lang), completando su tarjeta de presentación con una extraordinaria banda sonora original, a la altura de la cinta, obra del genio Vangelis.

 

Su trama nos sitúa en un futuro donde el hombre ha conseguido mediante la ingeniería genética crear humanos artificiales (también animales) que denomina replicantes. Estos trabajan en misiones peligrosas y se les emplea como esclavos.

 

Estamos en la ciudad de Los Ángeles en noviembre del año 2.019, Rick Deckard (Harrison Ford) se reincorpora al cuerpo de Blade Runners tras el asesinato de un compañero en un test rutinario llamado Voight-Kampff que se utiliza para detectar replicantes en base a la empatía con animales. El ejecutor es León, un Nexus-6. Estos modelos son biológicamente idénticos al ser humano aunque mucho más fuertes y resistentes y en algún caso con una inteligencia superior. El caballo de batalla de los replicantes son las respuestas emocionales -de ahí que la citada prueba fuera un método adecuado para descubrirles- y que están programados para una corta vida -sólo 4 años-. León y su grupo habían abandonado las tareas para las que fueron diseñados fugándose en busca de una existencia mejor.

 

Es entonces cuando a Deckard se le encarga la misión de retirar (ejecutar) al grupo de replicantes, que tratan de pasar desapercibidos mezclados entre el común de los mortales pero que suponen un peligro para la sociedad por ser totalmente incontrolables.

 

Blade Runner se desarrolla en medio de un hipnótico y a veces claustrofóbico entorno de urbanismo caótico, sucio y decadente que mezcla estilos, presidido por neones y edificios colosales y una atmósfera lluviosa que se embellece constantemente por la permanente penumbra y oscuridad de su fotografía.

 

Con estas connotaciones se puede decir que es claramente una película de cine negro futurista y que aunque algunos lo discutan, ejerció de catalizador del lenguaje visual de los años 80 y 90 del siglo pasado. Internacionalizó la estética Cyberpunk y disciplinas como la publicidad, el videoclip, la arquitectura o la moda recibieron influencias de ella.

 

Es cierto que el tiempo pasa por todo y por todos y que no ha refrendado algunas predicciones de su argumento. Por ejemplo, cerca de ese 2.019 como nos encontramos hoy día aún no hay coches que circulan por el aire, además en el filme se fuma con bastante naturalidad en todas partes como en la época en la que se realizó y los proyectos de colonización del espacio exterior están muy en pañales. Tampoco aparecen teléfonos móviles en la película, algo sin lo que la mayoría de la gente no puede pasar actualmente. Pero logra igualmente evadirte con éxito hacia la época que representa sin necesitar un ritmo endiablado ni los artificios desmesurados del momento actual.

 

Su protagonista principal, Harrison Ford, encarna al ambiguo antihéroe Rick Deckard, una especie de Bogart en el Halcón Maltés pero sin gabardina ni sombrero, que se impuso en el casting a pesos pesados de la escena cinematográfica como Dustin Hoffman, Robert Mitchum, Jack Nicholson, Sean Connery o Arnold Schwarzenegger, entre otros. Otros actores que tienen peso en la película son el holandés Rutger Hauer, jefe del comando de Nexus-6, Roy Batty, un secundario que acaba siendo tan principal como Ford y que está sublime en la película, Daryl Hannah como la replicante Pris, Sean Young como la también replicante de vida ilimitada Rachael o Edward James Olmos (Corrupción en Miami) en el papel del policía Gaff que fiscaliza el trabajo de Deckard, además del ya citado León Kowalski al que interpreta Brion James.

 

De esta película podemos encontrar varias versiones, pero yo me quedo con dos, y además recomiendo ambas encarecidamente ya que la segunda cambia el sentido de la historia en relación a la primera. La original que contiene la voz en off que narra en primera persona a través de Rick Deckard y ayuda a asimilar el hilo argumental de la obra al tiempo que humaniza su figura, y por otro lado el montaje del director (1992), que elimina esa voz en off y además incluye la escena del sueño con el unicornio, que abre un interrogante muy interesante, el de si el propio Rick Deckard no será a su vez un replicante, al margen de contener otros retoques interesantes y eliminar la conclusión idílica de la huida de Deckard y Rachael.

 

Además del grandioso y hermoso monólogo final del personaje Roy Batty, del argumento se podría escribir una tesis. Un ejemplo, se atreve a señalar al ser humano como el auténtico Dios y sumo hacedor de corte tecnológico. Por ello destaco una de las secuencias cumbre de la película; Batty logra encontrar a su creador Eldon Tyrrell y le pide más tiempo de vida, pero él le explica que no están preparados para hacerlo y trata de justificarse diciendo: “la luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad de tiempo”.

 

La ira contra el Hacedor que desata Batty después, contrasta con su inmenso deseo de vivir, que escenifica en el último momento salvando la vida del que iba a ser su verdugo Deckard, a punto de caer desde la azotea del Edificio Bradbury. Ese ser sin emociones y recuerdos implantados es capaz de sentir y resistir el dolor pero también demuestra empatizar en ese desenlace apoteósico, justo antes de que el reloj de su efímera existencia se ponga a cero. Sabia lección para el arrogante y vengativo ser humano.

 

Y cómo no podía ser de otra manera la música de Blade Runner fue precursora en el devenir de las bandas sonoras y se convirtió en una referencia dentro del cine de ciencia ficción. Frente al sinfonismo recuperado anteriormente por el gran John Williams, su autor Vangelis apostó por el sintetizador y por unas melodías elegantes sin partitura que mezclaban partes claras y oscuras reflejando el futuro tal como lo concebía el director Ridley Scott. Un año antes el griego había ganado el Óscar por Carros de Fuego y mantuvo ese estilo y calidad con unas cadencias refinadas, cautivadoras y oníricas. Una obra maestra ideada y encajada al dedillo para dar soporte a otra obra maestra.

 

En mi opinión nadie al que le guste el cine debería pasar sin ver Blade Runner, aunque tampoco aspiro a que todo el mundo le guste, no sería positivo. En 2.017, cada vez más cerca de ese 2.019 en que se sitúa la peli original, se estrenará la segunda parte que espero con escepticismo pues dicen que nunca segundas partes fueron buenas, a pesar de que hay algunas honrosas excepciones y en esta volverá a estar Harrison Ford. Pienso que algunas cosas hay que dejarlas como están pero aún así tratare de ir a verla sin prejuicios asimilando ya de antemano que será casi imposible acercarse al nivel de su predecesora. 

Comentarios

Autor 06/10/2016 16:40 #2
Coincido en la primera parte de su comentario plenamente Sr. Coto, esta película es un icono generacional de gran valor que ha ejercido una influencia enorme en algunos de nosotros. Sobre lo segundo me está haciendo usted un test Voight-Kampff. Mi respuesta es que nunca pondría patas arriba al galápago, le ayudaría llevándole hacia tierra húmeda y buscaría una sombra para que se cobijase. Si fuera un replicante no empático lo primero que le habría preguntado... ¿Qué es un galápago? Es lo que esperaba ¿verdad? No, no soy ese tipo de Nexus-6. Un placer Sr. Coto
Sr. Coto 06/10/2016 11:01 #1
Interesante artículo. Desde luego esta película contiene un potente trasfondo y ha sido de gran influencia, no sólo en el cine y otras artes, también el el código cultural de mi generación. Sin embargo, me gustaría que su autor contestara al siguiente supuesto: Esta usted en un desierto, caminando por la arena, cuando, de repente, mira hacia abajo y ve a un galápago que se arrastra hacia usted. Se agacha usted y pone el galápago patas arriba. El galápago yace sobre su espalda con el estómago cociéndose al sol y moviendo las patas para darse la vuelta, pero sin su ayuda no puede. Y usted no le ayuda. ¿Por qué es así usted?

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