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El base atómico

Saúl Asensio

12-S: La gran evasión

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Movido por las circunstancias, el CB Valladolid ha realizado el enésimo cambio en su plantilla de la presente temporada fichando una nueva pareja de extracomunitarios, Mack y Johnson. 

 

En la situación económica que atraviesa la entidad parecería un movimiento suicida y más teniendo en cuenta que para ocupar el puesto de base que deja Rowe hay en la casa dos jugadores que le iban a echar arrestos y compromiso, que junto a talento y energía positiva es lo que necesita este equipo. Hablo de los canteranos Antonio Izquierdo y Jonatan Arranz.

 

Pero analizándolo, la decisión de la directiva tiene su lógica en dos vertientes. Por un lado indica que el club morado ya ha decidido donde quiere jugar el año próximo, en la ACB. Para ello ha hecho un guiño a sus mandatarios, reforzándose con el objetivo de ser competitivo hasta el final y no desvirtuar la Liga, a pesar de que la suerte deportiva está más que echada. Por otro es una justa concesión a la afición, ante la que el club necesita ganar credibilidad y volver a ilusionar de cara al proyecto del próximo año, que si es en ACB tendrá que ganarse administrativamente.

 

Con Mack y Johnson el entrenador Casas palpó el pasado encuentro ante Valencia Basket como subió muchos enteros la intensidad y nivel de su equipo. Si la adaptación en un caso y los problemas físicos en otro no lo impiden, sus prestaciones irán a mejor, ya que se trata de dos jugadores por encima de la calidad media que atesoraba la plantilla.     

 

Hablando de parejas de extranjeros y tristemente en racha de incidentes aéreos, historia peculiar, quizá la mayor que viví en mi etapa en el club, la que relato a continuación. El 11 de septiembre de 2001, día del atentado contra las Torres Gemelas, el CB Valladolid tuvo también como no, su pequeña parcela de protagonismo.

 

El club que en aquel entonces gestionaba Oriol Humet desde la dirección general, había sido invitado a un prestigioso torneo internacional de pretemporada en Córdoba, Argentina, junto a dos históricos de ese baloncesto, el anfitrión Atenas y Estudiantes Olavarría, además de los brasileños del Vasco de Gama.

 

Pues bien, tuve la suerte de que me incluyeran entre los miembros de la expedición con el objetivo de promocionar a la entidad en tierras sudamericanas. El plan de viaje preparado por la organización tenía como objetivo que llegáramos con mas de 24 horas de antelación para que el equipo pudiera descansar y entrenar superando el jet lag. Pero una vez se conoció el alcance del atentado contra el World Trade Center la plantilla se reunió y decidió la misma tarde de su partida, prevista precisamente para el 11 de septiembre, no desplazarse hasta Argentina al no estar garantizada su seguridad. Los organizadores no se lo tomaron bien e insistieron en nuestra presencia. Para ello cambiaron los billetes, así que contra la opinión de muchos, se viajó al día siguiente. 

 

 

Durante el traslado al aeropuerto, uno de los extranjeros del equipo, el talentoso y orondo John Williams se venía quejando, “soy ciudadano americano y no es seguro para mi viajar, porque puedo ser un objetivo del terrorismo” me dijo en el autobús. Yo no le di mayor importancia ya que se trataba de una persona asustada por los acontecimientos en su país. A su lado siempre Rubén Garcés, un hercúleo panameño, muy solidarizado con su compañero. Entre los dos probablemente se acercaran a los 300 kilogramos de peso, dato relevante por lo que sucedería después.

 

Ya en el aeropuerto de Barajas y haciendo cola para embarcar en el vuelo nocturno destino Buenos Aires seguía el nerviosismo de Williams. En poco tiempo estábamos en el avión. Él entró detrás de mí junto a Garcés. La cosa continuó mal ya que tuvimos que ir buscando sitios adecuados al tamaño de los jugadores, hecho de especial dificultad para ubicar a los inmensos Williams y Garcés que se desesperaban, debido a que el cambio de billetes al parecer hizo imposible ir en clase business.

 

Cuando todo el mundo se iba acomodando y pasados unos pocos minutos oí un revuelo al fondo del pasillo. En ese momento fuimos testigos de como Williams apartaba fácilmente al sobrecargo de la puerta del avión, que estaba casi cerrada, y saltaba al finger que se estaba retirando con una agilidad tal que no aparentaba tratarse de un hombre de 150 kilos. Detrás de él y a la misma velocidad de vértigo brincó Garcés.         

 

Todos nos quedamos de piedra, pero en especial Sunil Bhardwaj, el jefe de expedición, al que nunca he visto pálido más que ese día. También recuerdo al coach Gustavo Aranzana alucinado y cagándose en todo. De verdad que la escena fue dantesca y pudo acabar en tragedia. El avión con los motores encendidos y a punto de iniciar maniobras para despegar y estos dos pesos pesados dando un peligroso salto casi en el vacío hacia una estructura inestable -os recuerdo además que era de noche-.

 

Horas después y todavía con el susto en el cuerpo llegamos a Argentina. Allí nos enteramos que ambos estaban en Madrid sanos y salvos por suerte.

 

Mientras se debatía en el seno del club si se cortaba o no a los jugadores, el equipo jugó tres choques seguidos solo con los nacionales; Marco, Uriz, Montañez, Yebra, Raúl Pérez, Montes, Martínez, Llorens y los entonces jóvenes Otegui y San Emeterio. Se dio la cara ante Atenas de Córdoba primero y sus compatriotas del Estudiantes Olavarría, donde militaba el cañonero Paolo Quinteros –nos metió 23-, el segundo día. En la tercera y última jornada llegó el premio y se venció al Vasco de Gama que contaba en sus filas con un futuro pívot NBA, Nené Hilario. Como aportación personal creo que con Williams y Garcés en pista se podría haber ganado el torneo, algo que habría aumentado el prestigio del CB Valladolid, ya que el evento fue emitido para Latinoamérica por la ESPN

 

A la vuelta se produjo el reencuentro con ambos jugadores. Gracias a la serenidad de Humet y la confianza del entrenador Aranzana se tomó la acertada decisión de mantenerlos en la plantilla, eso si, con el expediente y multa correspondientes. La pareja sería determinante esa campaña para que el equipo luchara por el play off al título hasta la última jornada.

 

A nadie de los que vivimos aquel momento se le ha olvidado todavía. Afortunadamente sólo ha quedado como una divertida anécdota en la historia del CB Valladolid.    

 

Comentarios

David Rodríguez 27/03/2014 23:33 #1
Q buenos recuerdos me trae esta plantilla, con gente joven salida de la Leb unida a veteranía . Q grande el gordo Williams en todos los aspectos.

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