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Desde los medios

José Ángel Gallego

'Robafone' y el (des)asegurado

Iphone 3gs roto detail

Seguro que conoce esa desazonada absurda sensación. La de sentir que su compañía de móvil le está tomando el pelo. Aunque ya sé que no servirá de nada, al menos desahogo mi monumental cabreo.

Cuando uno se siente estafado se queda con cara tonto. Impotente al saber que te están tomando el pelo y no puedes hacer más que descargar toda tu ira contra la señorita que te atiende al otro lado del teléfono. Seguro que conoce esa desazonada y absurda sensación. La diferencia es que al menos yo puedo gritarlo a los cuatro vientos y desahogarme en estas líneas digitales

 

La historia se remonta tres años atrás. Un golpe y la pantalla del iphone hecha añicos. El juguetito ha durado menos de lo esperado y hay que rascarse el bolsillo para seguir luciendo tecnología punta. Una amable señorita de Vodafone (mi compañía) me endiña un seguro a seis pavos mensuales que cubre los accidentes en el delicado terminal.

 

Total, que el menda ha pagado religiosamente sus seis euros de póliza cada mes hasta que otro accidente ha hecho que mi móvil haya acabado con sus huesos de cristal en el suelo y con un resultado similar al de hace tres años. “Menos mal que tengo seguro”, dijo iluso quien les habla. Nada más lejos de la realidad; ahí empezó mi pequeño calvario con estos jetas de Robafone o Vodafone, o cómo quieran llamarse.

 

Varios días intentando dar parte del siniestro (parece que me he pegado un leñazo con el coche) con el mismo resultado: nulo. Que si una amable voz enlatada te dice que tiene problemas técnicos, que si una voz de carne y hueso te explica que se les ha caído el sistema, que lo intentes más tarde, que no desespere, que una operadora mañana te atenderá, que el cliente es lo primero, que… os vayáis a paseo, majos.

 

Pasa algo más de un mes. Y vuelvo a intentarlo. La suerte me sonríe. O eso creía yo… iluso. El culebrón abre un nuevo capítulo cuando me confirman que la póliza no está asociada a mi teléfono, sino a otro que me tuvieron que reponer por un problema con la cobertura. Flipando. Más papeleos. Hay que solicitar un comprobante de ese cambio de terminal para dar con el número IMEI. Joder, hay que estudiar una ingeniería superior para que te cambien un puñetero móvil.

 

En la recta final de esta carrera del despropósito, obtengo los papeles, el puto número IMEI y la madre que lo fundó. Por fin doy parte, me dicen que me graban por motivos de calidad (me descojono), cuento una y otra vez lo sucedido hasta que me preguntan la fecha del suceso: “un mes o mes y medio”, digo. “¿Un mes? o ¿mes y medio?, especifique”, me dicen. “Pues creo que un mes y medio”, no miento.

 

Me leen la declaración, parezco un delincuente. “Ya no podrá modificar ningún dato, una vez que acepte”, suena a amenaza. Cierra el parte. Y victoriosa, casi como el depredador que devora su pieza, degustando sus palabras, me comunica que el parte no es positivo, porque el seguro solo cubre los daños avisados en el plazo de 30 días. Increíble, pero cierto. Explico la situación… que me han tenido dando vueltas, que no me han cogido el teléfono… es igual. De nada sirve mi impotencia y mi rabia. Tampoco una reclamación por escrito. Nada.

 

Ya me da igual el teléfono, el seguro, los seis euros mensuales y la cara de idiota que se me ha quedado. Más se perdió en Cuba y vinieron cantando. Pero, joder, que nos traten como si fuéramos mercancía, que se rían así de sus clientes y que encima se vayan de rositas enerva hasta el más pachorro de los mortales. Y yo soy uno de ellos, se lo aseguro. Pero estos de Robafone me han tocado los… EMEI. Ya saben.

Comentarios

Peleandosinparar 02/04/2014 10:03 #1
Pues pon una denuncia en la Oficina de Atención al Consumidor de tu municipio. Te aseguro que funciona si puedes probar lo que te ha pasado. Un saludo

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