Silueta joseangel original

Desde los medios

José Ángel Gallego

Ponga un Justino en su vida

El verdadero premio de la Lotería es compartirlo... poco importan los millones. 

La Navidad, ya se sabe, que ablanda los corazones, invita a las buenas obras y hace que compartir sea casi una obligación. Vale, sí, tienen razón, también te voltea en la vorágine consumista y la cornada en el bolsillo es de dos trayectorias… pero no estropeen este entrañable momento en el que mis dedos armónicamente aporrean el teclado, mientras –de fondo- suena el rimbombante Camino a Belén del no menos rimbombante Rapahael, que cuando nació el niño en el portal ya andaba por esas fechas promocionando su tercer disco.

 

A lo que vamos… todo ese cúmulo de bondades, buenos deseos, fraternidad, paz en el mundo, compartir con los que menos tienen… es lo que persiguen en los dos últimos años los lacrimógenos anuncios de la Lotería de Navidad. Vamos, eso, y que compres unos cuantos décimos, claro. El pasado año, con la emocionante historia de Antonio y Manolo; este 2015, con el tristón y bonachón Justino que se levanta cada noche a las diez para vigilar ¿? (y hacer el chorra) en una fábrica de maniquíes.

 

Y es que en España somos así. Nos toca la lotería y nos falta tiempo para compartir el décimo con el vecino, el amigo, el compañero de trabajo, el taxista, el panadero o el del bar de enfrente. Somos así de generosos, porque el verdadero premio es compartirlo… ja,ja,ja… me descojono. Es como aquello de lo importante es participar... mal de muchos, consuelo de tontos.

 

Todos los años la misma escena: el champán, el éxtasis colectivo, los cánticos, las declaraciones tontas de “para tapar agujeros”… a las puertas de la administración de lotería de turno donde ha caído el Gordo. Mientras, el resto de españolitos miran y miran y vuelven a mira… (póngale música de villancico) su boleto que, aunque poco se parece al premiado, se aferran al menos a la pedrea… y a la salud que es lo importante… Mientras la borrachera de los premiados y la de los chupatintas que se han colado en la fiesta… es de las de campeonato.

 

Por eso me quedo con el cortometraje, a modo de parodia, que Tuti Fernández ha rodado magistralmente de cómo es la vida, un año después, de Manu y Antonio, el dueño del bar y el cliente al que le guardaba un décimo. No les adelanto  nada. Búsquenlo en youtube porque merece la pena ponerle una sonrisa a tanta ñoñería navideña. Y es que Manú, me lías… Y venga jamelgas y venga perico… Ah, y si juegan a la Lotería… no desparramen, y suerte, claro

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