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Desde los medios

José Ángel Gallego

Periodismo 'plasma'

Cada vez es más frecuente relegar a los periodistas a una sala contigua para seguir las comparecencias a través de una pantalla... ¿Cuál será lo próximo? ¿Las ruedas de prensa sin prensa?

Contaba Concha Chamorro en la sección de Las Voces de Valladolid de este diario cómo las ruedas de prensa a las que acudía en Moncloa con el presidente González se celebraban en una mesa ovalada, de tú a tú. Eran otros tiempos, otro periodismo (suspiro).

 

En plena época de revolución tecnológica, del periodismo 3.0, de eclosión de los medios digitales… sería impensable sentar a Rajoy o cualquier otro político o personaje en una mesa camilla para conversar, para practicar esta profesión, sin tapujos y cortapisas, sin límites en la ‘calidad’ y en la cantidad de las preguntas… Imposible.

 

Ahora lo que se lleva es el periodismo ‘plasma’. Esa pu…ñetera manía, que por cierto tan de moda han puesto los populares, de humillar (sí han leído bien HUMILLAR) a la prensa y especialmente a sus profesionales que se ven obligados a seguir comparecencias y ruedas de prensa en una sala aislada a través de una pantalla de televisión.

 

Ocurrió sin ir más lejos este martes; con la visita regia de los nuevos monarcas a Valladolid a la entrega de los Premios Nacionales de Innovación y Diseño. Se lo cuento. Te acreditas, como es lógico; llegas al Museo de la Ciencia, seguridad te aparta del resto de invitados en un corro de ‘apestados’ periodistas, un perro te olisquea todas tus pertenencias. Llega el momento rebaño, con todos los redactores siguiendo a un gorila que te acomoda en… una sala de prensa.

 

Un habitáculo con dos pantallas y un sonido horrible, desde donde tienes que seguir el acto. Sin posibilidad de palpar el ambiente, de divisar a los invitados, sin interactuar con nadie, sin coscarte de nada de lo que ocurre. Solo una pantalla, la imagen fría que te ofrece un realizador. Te tragas los discursos y hasta luego, buenas tarde, muchas gracias por su presencia. De vergüenza.

 

Y ahora me dirán que el auditorio era pequeño, que se habían acreditado muchos medios, que no cabíamos todos… (bla, bla, bla). Les desmonto yo su teoría: quizá ¿se podría haber organizado en un lugar más grande? O mejor ¿por qué no meter a toda la cohorte de politicuchos de medio pelo en una sala contigua con dos pantallas de plasma y que la prensa ocupe sus butacas? Herejía, a la hoguera de los periodistas malos...

 

Estamos trabajando señores, TRA-BA-JAN-DO. Contando lo que allí ocurre para transmitírselo al resto de la sociedad que, por supuesto, no pueden tener el privilegio (¿?) de asistir a un real acto de estas características; eso sí pagado con el dinero de todos. Para otra vez, muy señores míos, nos mandan los discursos por correo electrónico o retransmitan el acto por internet, nos hubiéramos ahorrado el viaje…

 

Por cierto, los nuevos Reyes, muy guapos. Él muy alto, y ella muy delgada. Y eso que la tele (en este caso la pantalla de plasma) engorda.

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