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Desde los medios

José Ángel Gallego

Lluvia y Semana Santa: De previsiones, improvisaciones, procesiones e imprecisiones

Lluvia semana santa detail

Las previsiones metereológicas, una vez más, son desfavorables en Semana Santa. Cofradías y 'autoridades' semanasanteras buscan soluciones y alternativas. Aunque todo parece indicar que no se llegará a un acuerdo. Y solo quedará la suspensión en caso de que la lluvia amenece los desfiles.

Esta es la historia de siempre. La de la lluvia que ahoga los deseos de cientos de cofrades que se quedan sin procesionar sus pasos; la de miles de visitantes que ven aguadas sus expectativas de asistir en vivo y directo a una de las manifestaciones más sobrecogedoras de todas cuantas se celebran en España y, por supuesto, la del agua que empapa las previsiones de turismo y hace que las cajas hosteleras sean algo menos suculentas.

 

Las predicciones ya se asoman negruzcas en este inicio de Cuaresma y anuncian la misma cantinela. Cristos y dolorosas a la calle: ¡agua!. Hace años que no se vive una Semana Santa tranquila, al menos meteorológicamente hablando, y esta parece que no será una excepción. Por eso, cofradías y ‘autoridades’ semanasanteras ya se han reunido en un par de ocasiones para analizar qué hacer en caso de lluvia.

 

La respuesta parece ser clara: nada. La suspensión va a ser la palabra más utilizada entre capirotes y cofrades esta Semana Santa, si los cielos deciden abrirse y descargar su mojada furia. Y es que los proyectos de carpas, artilugios móviles y paraguas gigantes para cubrir vírgenes y nazarenos han sido descartados por la Junta de Cofradías. Todos los proptotipos han quedado en agua de borrajas.

 

Tampoco ha fraguado la idea de acortar la procesión general del Viernes Santo en caso de que las condiciones climatológicas sean adversas. No hay suficiente espacio para que 31 pasos se pongan en la calle. Cabeza y cola de la serpiente procesional se solaparían. Por lo que la única solución es que no llueva. Y si cae, ya saben: los pasos a cubierto y hasta otro año.

 

Un algoritmo sencillo –en la mayoría de los casos lógico- que no acaba de convencer a todos. El alcalde de Valladolid, Javier León de la Riva, ya alazo el pasado año la voz y no compartió la decisión de suspender la procesión general del Viernes Santo cuando el cielo estaba “estrellado” y aunque los partes anunciaban lluvia, las apariencias decían otra cosa.

 

La Semana Santa es un hecho fundamentalmente religioso, aunque su relevancia ya trasciende e historia, cultura, arte, turismo, gastronomía y antropología no pueden desligarse de esta manifestación. Por eso, el que los pasos no salgan a la calle es importante para mucha gente: cofrades, visitantes, hosteleros, Ayuntamiento y los custodios de muchos de los conjuntos procesionales: el Museo Nacional de Escultura.

 

Imagínense las presiones de cada uno de ellos: los visitantes, los hosteleros y el Ayuntamiento, para fuera; los cofrades con el corazón dividido y, por supuesto, desde la dirección del Museo, ni hablar del tema. Las joyas esculturales por encima de la devoción, la procesión y el turismo. Y en parte no les falta razón, aunque con matices. El capricho de unos cuantos, o de unos miles, no pueden poner en peligro obras de arte únicas e irrepetible.

 

Hasta ahí de acuerdo; pero tampoco el capricho conservador, el excesivo celo o el protagonismo exacerbado de algunos tiene que primar en la decisión. Se debe imponer la lógica, el diálogo y sobre todo las previsiones, y no me refiero solo a las climatológicas.

 

Desde la Junta de Cofradías es importante no dejar a la improvisación ni el más mínimo detalle, para que aquello se convierta en desbandadas y espectáculos grotescos. Cuidemos el decoro, y sobre todo hagamos un poco más de caso al sentido común, olvidemos intereses y dejemos de jugar a ser hombres del tiempo por una semana. Aunque ya se sabe que nunca llueve a gusto de todos. 

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